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Reseña de BOX destacada - El Palomitrón
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BOX: HAY ALGO DENTRO DE LA CAJA

La exploración del terror y sus múltiples formas en ficción siempre ha sido objeto de gran interés creativo a la hora de abordar una amplia variedad de temáticas. Las lindes de la oscuridad están completamente desdibujadas, es en el infinito de ese abismo colmado de miedos donde el ser humano naufraga sin rumbo, con auténtico pavor de ser devorado por dios sabe qué. Por perderse a uno mismo. El terror es somático, explícito, explosivo; busca el estímulo visual a través del morbo y un sentimiento de retorcimiento que incita a seguir mirando, a no osar perder detalle alguno. Pero también es silencioso, prudente, inteligente y de suma virulencia. El terror es lo que quiere y sabe ser; camaleónico y polifacético. Simple como un disfraz, complejo como una ideología. Es responsabilidad de quien lleva sus riendas hacer que sea una mina de vacuidad o de reflexión. En este caso, BOX es un corcel a los mandos de un Daijirô Morohoshi que, sin abandonar el terror más físico y tenebroso, dirige a su montura por derroteros más propios de la reflexión humana.  

Daijirô Morohoshi debuta en nuestro mercado con BOX, una obra de tres volúmenes que recoge el estilo iconoclasta del autor y cuya propuesta de terror es reminiscente a grandes referentes del género como Kazuo Umezz, Shigeru Mizuki o Yôsuke Takahashi. Con tendencias hacia lo onírico, su obcecación por lo extraño y lo sobrenatural se manifiesta a través de un inconfundible estilo de dibujo peculiar que no deja indiferente. Como si la propia sangre de Morohoshi circulara por los laberínticos pasillos y estancias de su maquiavélica construcción, insuflando de vida los múltiples rostros del terror, canaliza en ella algo más que horror y angustia. Lleva a cabo todo un estudio de la psicología de sus personajes, les invita a estremecerse, a dudar y madurar.

Reseña de BOX Rubik - El Palomitrón

¿Qué es la Caja? ¿Qué quiere la Caja? ¿Qué ocurre si las normas del juego que plantea se desobedecen? Un día, siete desconocidos se reúnen ante un enigmático edificio cúbico sin puertas ni ventanas. Convocados por unos extraños rompecabezas sin remitente y seducidos por una inexplicable atracción, el variopinto grupo de personalidades logrará acceder al recinto con la ayuda de una joven curiosa que también pasará a formar parte del «juego». En el interior les espera una inquietante niña que ejerce de anfitriona, una especie de guía de una casa de muñecas donde multitud de horrores se esconden en la laberíntica e imposible arquitectura de «la Caja», un ente de origen desconocido que les obligará a resolver una serie de rompecabezas con el fin de avanzar hacia el corazón de la misma, hacia la única salida posible. La Caja es caprichosa y sabia, conoce todos los secretos de los huéspedes. Es su juego, son sus reglas, y castigará a todo aquel que ose salirse del guion.

Fiel a sus inquietudes y a una clara influencia del trabajo de Lovecraft, Morohoshi construye la Caja, en primer lugar, como un elemento narrativo de omnipotencia total y, en segundo, como un escenario de inestabilidad controlada, de aspecto cambiante y capas y capas de profundidad que trascienden el plano físico. Bajo una premisa que no difiere en demasía de largometrajes como Cube (Vincenzo Natali), quizá excesivamente manida y manoseada a día de hoy, el autor japonés agrega a ese fondo de puro survival horror trazas y elementos propios de la narrativa de las casas encantadas. El gran protagonista de BOX es un ente vivo en continuo cambio, maleable en función de sus propios intereses y de los avances de sus inquilinos; es una fuerza todopoderosa que moldea y retuerce no solo la arquitectura de la construcción, sino la propia psique de los individuos que transitan sus estancias. Todas las características intrínsecas a la Caja se manifiestan explícitamente a través de un estilo artístico que, pese a su apariencia clásica, es tan actual como deudor en ciertos recursos de algunos referentes de los que es posible atisbar cierta absorción o tributo, como es el caso de Shintaro Kago y su efectista y experimental grafismo.    

 

La sencillez argumental con la que Daijirô Morohoshi cimienta BOX poco a poco va sumando interesantes matices conforme más avanza el grupo protagonista. La elección y perfil de cada uno de ellos tampoco es baladí; son, en conjunto, una heterogénea representación de distintas temáticas sociales con las que Morohoshi pretende abordar dicha dimensión potenciando, como consecuencia, el componente psicológico y existencialista de la obra. Porque mientras resuelven los pertinentes y obligatorios rompecabezas y sortean toda clase de trampas y horrores, también deben hacer frente a los diversos dilemas y secretos con los que conviven. Como si la propia Caja se postulara como un complejo ejercicio de introspección, demandante de cierta madurez derivada del proceso, este ente plantea un escenario donde aspectos como la fatiga vital, la pérdida, la homosexualidad, la identidad de género o la corrupción moral enriquecen un guion que gana con creces en su vertiente más social. Del mismo modo, y siguiendo en esta línea, Morohoshi también plantea cierta disconformidad a la hora de acatar órdenes o normas impuestas, faceta que explora narrativamente con eficacia en la rivalidad entre uno de los personajes y la niña que manifiesta la voluntad de la Caja. Como si se tratase de una representación de la eterna contienda entre el caos y el orden.

BOX se alza por derecho propio como un relato de terror afianzado en el subgénero del survival horror que funciona con solvencia gracias a las ideas y malabares narrativos de Daijirô Morohoshi. Como la Caja, invita al lector a zambullirse en un titánico rompecabezas abierto a lecturas sociales que enriquecen y agregan más capas de profundidad. Y como en los ejercicios visuales que propone en la obra, también demanda un enfoque de la lectura desde distintos ángulos. El primer volumen de BOX se puso a la venta el pasado 26 de octubre a un precio de 17,00 €, siguiendo un formato idéntico al de títulos recientes como Tatsumi o La casa de los insectos. El ritmo de publicación es quincenal, por lo que a finales de noviembre el críptico trabajo de Morohoshi podrá degustarse al completo como una experiencia a la que es poco probable decir que no. 

Reseña de BOX edición - El Palomitrón

Edu Allepuz

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.