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MOSTRA INTERNACIONAL DE CINE DE MUJERES DE BARCELONA: LOS MUNDOS DE URSULA K. LE GUIN

Iniciamos el primer artículo de la 28º Mostra Internacional del Cine de Mujeres de Barcelona con un artículo relacionado no sólo con una de sus obras más importantes que estarán disponibles en Filmin los siguientes días, sino también con uno de los bloques en los que vamos a trabajar, como es el de Cine, literatura y mujeres. A través del siguiente artículo veremos una sección del festival relativa a la vida de una mujer, Ursula K. Le Guin, y su relación con la literatura escenificada en un documental filmado por Arwen Curry.

El documental homónimo que lleva por título el propio nombre de la escritora que lo protagoniza es una de las piezas maestras de la 28ª Mostra Internacional del Cine de Mujeres de Barcelona. Siempre es reconfortante acercarse al mundo personal de una artista, pero esta pieza lo hace algo todavía más atractivo, puesto que pocas veces solemos encontrarnos ante una mujer que empuñe la pluma para escribir literatura de ciencia ficción y que nos lo cuenten con tanta ternura y cercanía como nos ocurre con este documental.

Firmado por la directora Arwen Curry, la pieza devuelve a la vida a la escritora Ursula K. Le Guin de una forma totalmente valiente en la pantalla al incorporar el lenguaje audiovisual a su obra mientras deshilvana una inmensa obra literaria que se acaba convirtiendo, en realidad, en una parte más de su propia vida y de una forma de vivir. La literatura de Ursula K. Le Guin es el pasado representado en su padre y su madre, su propia vida universitaria, su familia y, al final también, los propios tiempos que a ella misma le tocó vivir viendo crecer a sus hijos y viviendo, a su vez, una segunda ola feminista que barrió como un ciclón toda su vida anterior para refundarse a sí misma.

Uno de los aciertos de Curry al llevar a cabo este documental fue el retratar a una mujer incansable que luchó por abrirse paso en un mundo dominado por hombres. Su primera novela fue publicada a finales de los cincuenta, en una época donde todavía dormitaba la resaca de la Generación Beat, pero el aplomo que demostró desde bien joven fue determinante para continuar escribiendo a pesar de la presencia casi idolátrica de los referentes nacionales masculinos que la obligó a empezar su tarea desde la periferia. De hecho, la marca femenina de Le Guin se puede rastrear en cualquier aspecto que el documental nos expone. En sus obras hay conflictos, sí, pero no son narrados a través de la guerra. Escribe sobre ciencia ficción, sí, pero, a diferencia de la ciencia ficción masculina dominada por la técnica, la suya es una ciencia ficción antropológica y humanista que propone nuevos mundos para vivir apelando al sentido crítico del lugar en que queremos vivir.

“El futuro no existe; es sólo una metáfora”, son sus palabras, que nos recuerdan la escritora Eulàlia Lledó, la socióloga Helen Torres y la traductora Blanca Busquets en una charla programada a media tarde del primer martes del festival, todas confinadas a causa de esta distopía que, curiosamente, vivimos mientras hablamos de ciencia ficción y utopías. Sus palabras son capaces de sumergirnos más todavía en la figura de Le Guin y nos recuerdan que la imaginación es consustancial al desarrollo humano. La escritora, dicen, y esa es una gran lección, creía en el poder de la imaginación para construir alternativas y ofrecer a sus lectores espacios diferentes para vivir. Sus libros son sus armas para imaginar otras realidades.

Diez años tomó a la directora rodar este documental y el resultado, desde luego, merece la pena tanto para aquellos que se acercan por primera vez a la vida de la autora como aquellos conocedores de su obra. A pesar de lo frustrante y lento que le resultó al principio ese inacabable rodaje, el documental, sin embargo, acabó suponiendo para la escritora la oportunidad agradecida de poder ver la última década de la vida de Le Guin mientras ambas se acababan convirtiendo más en amigas que en la artista y su biógrafa. Una vez acabado, la escritora, cuenta Arwen Curry, pudo ver el documental un mes antes de morir.

La propia Curry nos cuenta en una entrevista cómo concibió el documental en varias capas. Conoceremos a través de entrevistas clásicas los testimonios de algunos maestros de la fantasía y la ciencia ficción como Neil Gaiman, entre otros, y sus palabras nos ayudarán a recuperar la memoria de la escritora fallecida en 2018. No se queda, sin embargo, sólo en lo profesional, sino que las entrevistas con su marido y sus hijos nos acercan a una figura que para muchos sigue siendo desconocida y aportan esa capa de humanidad que aleja al documental de la frialdad técnica de muchos otros documentales asépticos. También la directora ha querido subrayar la importancia de material personal en forma de fotografías para ilustrar quién fue Le Guin para acabar explicando en la misma entrevista la tercera capa consistente en retratar al óleo los argumentos de sus primeros libros y, de ahí, convertirlos en movimiento.

Su influencia es y será inmensa, continúan las tres mujeres esa tarde de martes. Helen Torres habla a dos voces e intercala el español de inconfundible acento del cono sur y un catalán perfecto mientras recuerda la dictadura argentina y cómo fueron prohibidos los libros de ciencia ficción. “Incluso El Principito”, añade. La madeja que deshace para entender cómo llegó hasta Ursula K. Le Guin merece la pena por el rastro de autoras que va dejando tras de sí. Las tres se ponen de acuerdo en afirmar que Harry Potter, la película Avatar o incluso la propia película de Estudio Ghibli Cuentos de Terramar (adaptación con la que la escritora nunca estuvo del todo satisfecha) nunca hubieran existido sin Le Guin. Esta charla de mujeres consigue acercarnos un poco más a esta figura mastodóntica y la hace una parte imprescindible del festival, pero también acompaña al documental sin llegar a sobrepasarlo. “Archipiélago de autoras de ciencia ficción”, dice Eulàlia Lledó en un momento determinado de esta charla que se torna acogedoramente familiar para referirse a esas autoras feministas que surgieron en la segunda mitad de siglo XX y que imaginaron formas distintas de romper con el canon.

Al final del documental, en una de sus charlas en librerías, Ursula K. Le Guin habla a un pequeño público. Sus palabras, sin embargo y sin ella pretenderlo, traspasan la pantalla y nos tocan sólo de la forma en que lo hacen las palabras de una persona que es capaz de entender, por fin, qué significa el mundo. Su lección resumida en pocos segundos es valiosa. Nos dice que quizá toma una vida entera aprender a hacer algo bien, pero que, definitivamente, merece la pena.

Javier Alpáñez

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