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El Palomitrón

LOS ANTECEDENTES

Cuando se anunció en las previsiones de Atresmedia, la práctica totalidad de la industria cinematográfica nacional marcó su estreno en rojo. El segundo largo de Dani de la Torre después de su celebrada El desconocido contaría ahora con 3 veces aquel presupuesto (5 millones de euros en total) y Luis Tosar como protagonista. El director, que en aquella ocasión se asoció con Borja Cobeaga para firmar un guion exquisito, ahora recurre en La sombra de la ley a Patxi Amezcua, responsable de El aviso o Atrapa la bandera.

Cuestiones técnicas aparte, la historia que promete De la Torre pasa por la Barcelona violenta de los años 20, la que vio como sus calles se llenaban de pistolas y plomo y como la sangre corría por las alcantarillas mezclándose con el agua de lluvia. Así pues, con las espadas en todo lo alto, los títulos “de época” que se nos venían a la mente evocaban a Eliot Ness y sus intocables, aunque con la gracia cañí y el oscurantismo que marcó la excelente La isla mínima, por ejemplo. El cielo era el límite, y los gánsteres los demonios dispuestos a acabar con todo.

LA PELÍCULA

Hay, en ciertas maneras de dirigir cine, una manía persecutoria que impregna los trabajos. No es tan solo un fenómeno cinematográfico, y está presente en casi todos los ámbitos profesionales. Como se imaginarán, hablamos de las ganas de demostrar. La sombra de la ley, que dirige Dani de la Torre, se sumerge de lleno en las ganas de poner negro sobre blanco en la capacidad del realizador para jugar en las grandes ligas. Todo parece unívocamente dirigido para marcar músculo y afirmar a los cuatro vientos que una película tan sumamente grande y complicada no solo era posible, sino que también era disfrutable. Este ejercicio, tan hijo de su tiempo como terriblemente peligroso si uno todavía masca con dificultad, se puede y se vuelve un escollo más en el milagro que es cada película. Más en nuestro país.

Salir de la nueva película de Luis Tosar es hacerlo con más preguntas que respuestas, con más desafíos insatisfechos que cumplidos, pero con la sensación de haber asistido a un espectáculo gigante, al más difícil todavía, de un circo en el que todo el mundo tiene claro su papel: Jenner es la mujer moderna, la que no necesita que la salven; Solo es el homosexual aestético, el que se aleja del manierismo y se instala en la hombría pérfida; y Tosar es el héroe caído, el deus ex machina de manual que pasaba por allí, como un Toshiro Mifune con bigote dispuesto a salvar las balas que el guion marque y dar los tiros de gracia que el gris del cielo le pida.

Al final, los planos maestros de la Sagrada Familia en construcción, que hablan mejor del diseño de producción que de pegar culos en butacas, se atragantan como si ingiriésemos caviar a dos manos. ¿Es La sombra de la ley demasiado grande? La respuesta del crítico nunca debería estar por ahí, al limitarse a analizar y no a soñar, pero ¡ay, cómo se echa de menos el intimismo solidario que tenían los diálogos de El desconocido!

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ELLOS Y ELLAS

Como ya hemos mencionado, la maestría de Tosar y Jenner como pilares dramáticos del filme están fuera de todo género de dudas. Punto aparte merecen también Manolo Solo (bendito Manolo Solo) y Ernesto Alterio, que tras ser un guaperas rompecorazones la mitad de su carrera se inventa un policía oscuro y asqueroso a partes iguales para terminar de apuntalar lo sórdido de la Barcelona sin rumbo de principios de siglo.

LA SORPRESA

El final. Reacios a spoilers, como somos en El Palomitrón, no desvelaremos nada que pueda alterar su descubrimiento, pero, qué buenos últimos minutos se marca Dani de la Torre en su segundo largo. Desde el giro dramático y cebollero al tiro limpio, con una resolución que, si bien deja preguntas en el aire, responde a otras con pólvora caliente.

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LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Rodada en un bar de Monforte, la escena en la que todo el músculo de La sombra de la ley sale a la luz es en un atentado anarquista. Poco más les podemos contar. Eso sí, de allí no sale vivo ni el apuntador.

TE GUSTARÁ SI…

Quieres disfrutar de una película tan grande tan grande que se olvida de las pequeñeces que engrandecen.

LO MEJOR

  • Luis Tosar y Michelle Jenner, titanes modernos.
  • Manolo Solo bien merecería un spin-off.
  • La recreación de una Barcelona podrida de progreso.

LO PEOR

  • Las innecesarias ganas de demostrar que se puede jugar en primera.
  • La iluminación, aunque solo en un par de secuencias.

 

Matías G. Rebolledo

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