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Hay miles de problemas invisibles. Pequeños gestos cotidianos que se clavan como espinas. Que sangran. Pero que no se ven. Al menos no para quien no quiere verlos. Miedos, manías, pequeños manierismos sin aparente importancia. Secretos, marcas y golpes que no dejan huella en la piel pero que arden en lo más recóndito de nuestro ser.

A veces son invisibles porque no queremos reconocerlos. Se niegan, se olvidan. Pero no siempre es el caso. Porque el dolor invisible existe en otros factores. Cuando la negación no es personal, sino externa. Cuando nadie consigue verla. No importan las marcas; el sangrado. Si el mundo las niega, si el mundo te niega, nadie las verá. Nadie te verá.

Un mundo ciego

De lo que hablo no tiene una forma concreta. En Bloom into You es la incapacidad de sentir afecto contra la presión de quien desea abrazar el amor. En Iroduku: The World in Colors, la representación de una metafórica acromatopsia que oculta el peso de la imposibilidad; de la depresión. Horimiya lo tiene claro, el instituto puede ser una etapa dura. En Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai es la más pura representación de la ansiedad social. De aquello que se esconde a plena vista, pero que no todos vemos. Algo que se evita, se rehuye y se suele apartar con el romanticismo de quien no ha vivido atrapado en sus fauces.

Mai Sakurajima es invisible. Esa es la principal premisa del primer arco de la obra de Hajime Kamoshida. Una respuesta del mundo que la rodea. De esa premisa que nos habla —entre líneas— de un mundo ciego. De lo que no se ve cuando uno no quiere ver. Su incapacidad para ser vista no es un producto de la ficción, sino una representación del anonimato impuesto que se vive en la vida escolar. La obra lo acusa al ‘Síndrome de la pubertad’, una dolencia que representa estos arcos psicológicos que se dan en la vida escolar a través del a metafísica. En este caso, como la imposibilidad, no solo de ser vista, sino de ser reconocida.

En un punto de vista japonés, el primer arco de Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai se identifica con el término Kuuki Yomenai. La incapacidad de “leer la atmósfera”, si la traducimos de forma exacta. Mai ha crecido fuera del ambiente escolar, fuera de las presiones sociales que se dan en la misma y es incapaz de entender la atmósfera que le rodea. Esa incapacidad la aleja, la oculta y la reduce hasta el punto de desaparecer. No solo su forma física, sino también su propia existencia. Kamoshida representa el anonimato social a través de la metafísica y la teoría de Schrödinger, pero no deja de ser una realidad.

Representación social, el concepto de existir

El concepto, reducido hasta su máximo exponente, se resume de la forma más simple posible: la existencia de una persona solo es demostrable cuando creemos que esa persona existe. En el guion de Kamoshida Mai pierde esa característica cuando deja su sueño y vuelve al ambiente escolar. Porque entra en juego el concepto de Kuuki Yomenai y se niega su existencia al oponerse a la atmósfera predominante.

Es, por lo tanto, una imposición. Mai tampoco abandona su carrera por decisión propia, sino que lo hace en respuesta a las acciones de quienes la rodean. La idea general, entonces, es la de una sociedad que niega a quienes no cumplen con su función. Vemos lo que queremos ver y obviamos todo aquello que no nos interesa.

Pero, y aunque el caso de Mai es el más ajeno al entorno social escolar, Kamoshida extrapola parte de ese componente a la vida estudiantil. Porque es aquí donde la chica se aleja de la sociedad, de las convicciones que arrastra la misma. Pero en vez de mostrarlo con su figura, la trama utiliza a Sakuta, su protagonista, para hacerlo algo patente.

Son pequeñas escenas, pequeños detalles, que nos dicen mucho sobre ello. La más importante, quizás, es en la que la novia de su mejor amigo intenta apartarle del mismo con el temor de que lo convierta en otro exiliado social. Es un concepto tan genérico como real. El anonimato siempre tiene un factor “epidémico” ligado al mismo. Una vez eres negado por alguien es difícil remarcar tu existencia. Los raros, los marginados, lo son por siempre. Es un estigma social que no caduca y que se convierte en una barrera invisible entre tú y los otros. Pero también entre uno consigo mismo.

Kaede, la hermana de Sakuta, se ha visto renegando de la vida social. Tras sufrir el acoso extremo de sus compañeras y pasar por su propia manifestación del “Síndrome de la pubertad” la chica se siente completamente incapaz de responder ante la atmósfera. Es una carga emocional tan fuerte que su peso la tumba por completo. La forma en la que se representa es diferente de la de Mai, pero el término es el mismo. Al final ambas son expulsadas del sistema y obviadas.

El arco introspectivo que se traza en la historia de la chica es el más largo de la obra. No solo porque se crean vínculos emocionales en forma de relación sino porque también es el que más pretende abarcar. Las imposiciones sociales son las ejecutoras que dictan sobre la teoría de Schrödinger en un completo concepto colectivo. Así, se habla de bullying, de acoso, pero pocas veces se habla del hecho de ser invisible.

El grito de silencio que se trata en la historia de Mai habla de la ansiedad de no ser escuchado. De ser completamente ignorado. Olvidado. De encontrarse sin un apoyo, sin un hombro en el que llorar. De una presión invisible que asfixia a quien se ve marcado por un estigma que no ha decidido portar. Una exclusión que aleja a la persona y la aísla bajo unos muros que, normalmente, se alzan por encima de cualquier posibilidad de ser superados.

Al final es el acto de Sakuta quien la salva. La única persona capaz de luchar contra la atmósfera, de nadar contra corriente y aceptar una condición que no ha escogido pero por la que no cree ser necesario luchar. El chico acepta su propia exclusión como prueba de su existencia para remarcar la de Mai. Una demostración de que el muro de la invisibilidad puede ser franqueado. De que no necesitamos atarnos a las leyes sociales para postularnos.

Así cierra Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai su primer arco. Un pensamiento que va más allá de las concepciones sociales genéricas y que se atreve a mirar más allá. Que muestra una cruda realidad y también una cruda solución, la de vivir fuera de esa ley moral que ata a quienes deciden seguir la atmósfera reinante. Pero, ante todo, nos habla de lucha y superación. De que hay formas de atravesar esa imposición, ese anonimato. Porque, al final del día, lo importante no es ser quien pretenden que seamos, sino quien somos realmente.

Óscar Martínez

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