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El instituto es una etapa dura. Este es el momento en el debería citar a Horimiya. Quizás a Nagaru Tanigawa y la historia que plantea a través de Haruhi Suzumiya. Pero entonces también podría hacer lo propio incluso con Assassination Classroom o, porque no, con Baka to Test. Los ejemplos son múltiples y podríamos resumir este texto en un batiburrillo de citas pero se suele decir que la realidad supera a la ficción, así que, vamos allá.

El instituto es una etapa dura. Lo fue para mí. Hay una presión constante; la idea de no ser quien quieres ser, sino quien necesitas ser. Supervivencia. Una guillotina invisible que ejecuta a quien no siga las normas que se imponen en su sistema social. Yo caí bajo esa cuchilla. Quizás por eso entiendo que hay algo por encima del miedo, de la presión o la ansiedad. La soledad. El hecho de ser invisible.

Papel anónimo

El punto de mira siempre ha sido Mai. Es cierto que una vez acabado el primer arco argumental pasamos a Koga y luego pasa exactamente lo mismo con Futaba. Pero incluso así Hajime Kamoshida nos deja entrever que hay algo más. Sakuta siempre es discriminado, incluso amenazado para que deje de relacionarse con su mejor amigo por el miedo a que lo arrastre a su misma condición social. Pero no es el único. Kaede es el mejor ejemplo, una chica que se ve arrastrada por la ansiedad social, la inseguridad que se adquiere tras pasar por una experiencia traumática de ese calibre.

Lo importante entonces no es tanto su punto de mira, sino lo que dice entre líneas. Lo que se entiende en los momentos en los que Koga no puede despedirse de su móvil porque sabe que no responder a sus compañeras es una sentencia de muerte. El espacio que se le dedica a Futaba y a sus miedos. Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai es un grito de silencio. Uno que suena fuerte. Alto y claro. Que retumba. Pero que no todos escuchan.

Desconozco hasta que punto la obra consigue alcanzar a sus espectadores. No puedo ponerme en el lugar de quien no haya pasado por estos puntos, pero puedo entender la necesidad de incluir algo más que una crítica en sus líneas. Porque sí, hay una crítica constante. Pero también se entiende una inherente llamada de auxilio. Cada una de las chicas tiene su espacio para contar su historia, no solo para arreglar los problemas que las acechan, sino para ponerlos de manifiesto. Para gritarlos. Porque al final el centro de todo siempre es uno muy diferenciado. El miedo.

El miedo al rechazo

Mai teme ser olvidada. Convertida en figura, pero obviada en esencia. Kaede carga con unas cicatrices tan presentes en su vida que el simple hecho de escuchar sonar un teléfono móvil consigue alterarla. Koga vive en una cárcel invisible de la que le es imposible escapar; necesita contentar a las que considera como amigas. Y Futaba siente pánico vertiginoso a perder lo que tiene. Lo poco que tiene.

Así Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai habla del dolor invisible. De las cicatrices que no se ven, pero que siguen existiendo. El Síndrome de la Pubertad es un apelativo perfecto para hablar en un idioma que todos entiendan. También sirve como un factor de suspense, como una referencia a Bakemonogatari incluso. Y quizás sea yo el que busca a la desesperada una forma de reflejar lo que siento en la obra de Kamoshida. Pero creo que la obra ejecuta su mejor papel al hablar no tanto de la citada crítica, sino de sus efectos.

Las referencias a Schrödinger o Laplace son una perfecta transmutación en un entorno ficticio. Pero al final del día, entiendo que sus líneas van más allá. La obra consigue hablar de los efectos que tienen estas dolencias. No pretende enmascararlas bajo un sinónimo ficticio, sino revelarlas en un nuevo espacio. Porque nadie ha visto su personalidad separada en un alter ego —al menos no de forma física— de la forma en la que lo hace Futaba. Pero la necesidad de darse a conocer, de llamar la atención, es algo patente en el instituto.

Insisto, el miedo no solo se reduce a “esos momentos”. Es un plano mucho más general. Sentirse abandonado. Cruzarse con un grupo de personas y ser incapaz de reaccionar al ver que no tienes a nadie a tu lado. El temor constante a estar solo. A ser rechazado constantemente. A verte reflejado en la figura de Koga, luchando por encajar en un mundo al que no quieres pertenecer, pero que te hace visible. A ver como tu figura se desdibuja en la mente de todos, como pasa con Mai.

Un grito de silencio

El mejor ejemplo de todos, por encima del resto, es siempre Kaede. La chica representa la reclusión, la incapacidad total para relacionarse. El miedo abrupto a caer en ese agujero una vez más. Una forma de mostrar que el Síndrome de la Pubertad va mucho más allá. Porque sus secuelas persisten. El resto olvida pero ella —tú— no. El temor se extiende poco a poco y la seguridad de un lugar conocido, donde nadie puede alcanzarte, a veces se convierte en la única llama que te mantiene cálido.

«Quizás no lo entiendas… pero me odio a mi misma», espeta Futaba en uno de los espacios que le dedican en su arco. Es una cita tan genérica que se suele identificar con la edad, con las “fases”. Pero que en realidad tiene un trasfondo mucho más real del que puede parecer. Es parte de ella. Parte de esas cicatrices.

Y es importante, porque es, de nuevo, parte de ella. De quien es ahora mismo. Lo dice el propio Sakuta, «está bien que te odies a ti misma, de verdad. Suelo pensar que “las cosas son como son”». Y quizás no haya más respuesta que esa misma. Porque Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai habla del dolor invisible, pero también habla de cómo superarlo. Porque siempre hay una salida.

Nada ha salido como se dibujaba en mi mente a la hora de escribir estas líneas. Pero creo que al final es parte del metajuego de la obra. De la idea de la sorpresa. Porque Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai se reinventa en cada episodio y resulta casi imposible plasmar todo lo que representa —aunque esa tarea queda pendiente para su crítica final. Pero al final del día, lo más importante es que sus líneas son mucho más que una reivindicación. Arrastran consigo algo de calidez. Son casi un antídoto.

Una imagen que refleja una situación con la que resulta fácil sentirse identificado pero que también abre fronteras a quienes no vean ese reflejo. Un grito de silencio con la capacidad de ayudar a quien sufre. De decirles que siempre hay un camino que seguir. Pero también una que pide comprensión y entendimiento hacia quienes no sufren esas dolencias. Entre otras muchas cosas, eso es lo que Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai consigue mostrarnos.

Óscar Martínez

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