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CAROLE & TUESDAY: AL COMPÁS DE LOS SUEÑOS

Si atendemos a la definición tradicional de música, ésta es el arte de organizar de manera lógica y sensible una combinación coherente de sonidos y silencios, respetando los principios fundamentales de melodía, armonía y ritmo. Su concepto ha ido evolucionando con el paso de los años, pero como cualquier otra manifestación artística, se trata de un producto cultural. Uno cuyo finalidad es la de provocar una experiencia estética en el oyente, así como ejercer de medio para expresar sentimientos, emociones, pensamientos o ideas. Se podría decir que la música es vida, que tiene la potestad de introducirse hasta lo más profundo de nuestra alma y extraer sentimientos que ni nosotros mismos esperaríamos. Obviamente, la música ha sido, es y seguirá siendo protagonista intangible de multitud de ficciones. En un menor o mayor grado de implicación, pero siempre protagonista. Porque tiene la capacidad de unir a las personas, de servir como medio catártico y ejercer de terapeuta para superar algunos de los obstáculos y trabas dispuestos en el camino de la vida. Así lo denotan títulos como Mi Giovanni, Piano no Mori, Música de acero o Kono Oto Tomare; por no hablar del significado de la misma en la mediática Solanin de Inio Asano.

Si he citado anteriormente como ejemplo algún que otro título manga es porque creo que el impacto de la música puede vivirse también sin la necesidad de tener una experiencia puramente sonora. Porque los acordes de guitarra y el canto de Taneda cuando suena «Solanin» te desgarran porque sabes acerca de su significado, de aquello que busca transmitir. De igual forma que, posteriormente, lo hará Reiko. Creo que incluso en la tinta, en lo estático, la fuerza de la música perpetúa sin vacilar. Pero es en el medio audiovisual donde su poderío termina por explotar. Donde se pueden crear piezas memorables. Y si existe alguien en el medio con la habilidad y el ímpetu necesarios para crear algo así ese es Shinichirō Watanabe. Porque a pesar de no tener nociones en composición, su visión de la música como un lenguaje universal hace que sus creaciones tengan una identidad y una personalidad únicas. Porque es imposible olvidar las melodías de jazz, blues y funk del genuino cóctel de géneros y estilos que es Cowboy Bebop. De la banda sonora anacrónica de Samurai Champloo, una compuesta por temas de hip hop en pleno periodo histórico Edo. Así como del rock más experimental en Zankyō no Terror o la exploración de las distintas formas del jazz en Kids on the Slope. Y ahora, tras haber dirigido series de culto como Cowboy Bebop, el director nipón regresa con una nueva propuesta: Carole & Tuesday. Una que no podría estar más ligada a la música y a su industria; y también una que sirve de tributo, de conmemoración por el vigésimo aniversario del estudio de animación BONES.

impresiones de Carole & Tuesday Carole y Tuesday - el palomitron

Un encuentro acompasado por la música

Hay una chica. Una chica que espera a la luz de la luna el momento oportuno de escapar. Su nombre es Tuesday. Tal vez no porta grilletes, pero igualmente está enjaulada, sola, encarcelada en una prisión de directrices y expectativas impuestas por otros. Una pequeña maleta y una guitarra a su espalda; es lo único que necesita para tomar el rumbo hacia una nueva vida. Para volar. Su destino es Alba City, la ciudad donde —dicen— puedes alcanzar tus sueños. Una vez baja del tren que la lleva a la primera parada de ese sueño suyo: multitud de luces, bullicio y caos. Un instante de despiste es suficiente para que te roben el equipaje. Parece que la vida en la gran ciudad no es tan fácil.

«Estoy triste, pero quiero decir que no.»

Hay una chica. Una chica de origen mucho más humilde que parece estar acostumbrada al baile de la capital, uno cuyo ritmo no es nada fácil de seguir para los recién llegados. Su nombre es Carole. Otro día la misma mierda, supongo. Solo que en esta ocasión es su último día en el trabajo. La han vuelto a despedir. La vida en la ciudad es un infierno, pero no puede permitirse decaer. También llegó ahí por un motivo concreto, la música. Despliega su órgano eléctrico y, bajo cierto halo de desconfianza, la melodía empieza a sonar mientras los recuerdos también afloran. La indiferencia de los transeúntes es abrumadora, tanto que incluso llega a doler. Sin embargo, alguien acude a esa «llamada» entonada desde lo más profundo de un corazón ajeno. Alguien que parece descifrar cada una de las notas sin necesidad de palabras, tanto es así que incluso de sus ojos caen lágrimas y lo único que puede expresar es un simple pero sincero «gracias». En ese instante, en ese preciso instante, comenzaría un vínculo que cambiaría la historia de Marte.

«Estoy sola, pero quiero decir que no lo estoy.»

Sentimientos y acordes

Como si se tratase de un hecho fraguado por el propio destino, el encuentro entre ambas jóvenes surge de la más pura espontaneidad. Es algo tan natural como el sentimiento que tienen en común por la música. Un sentimiento puro, casi nostálgico si se tiene en cuenta el contexto de la ficción y cómo ha evolucionado la industria musical y, por ende, sus artistas. Porque para empezar, el argumento ya no se sitúa en nuestro planeta, sino en el planeta rojo: Marte. Sabemos que hace 50 años la civilización humana comenzó a emigrar a Marte, y también que Alba City es el lugar de destino predilecto para aquellos que no tienen nada y buscan labrarse un nombre, llegar a ser alguien. Aunque pocos lo consiguen. Porque tal vez se abandona nuestro planeta, pero el capitalismo sigue siendo igual de voraz —e incluso más— como el que impera en nuestra actualidad. La información que se proporciona sobre el contexto de la ficción es nimio, y es Carole quien, al principio y en su trayecto hacia el trabajo, ejerce de narradora para situar al espectador. Y esto es firma de Watanabe, que como ya pasara en su magnum opus, el worldbuilding se explota con la interacción de sus protagonistas con diversos elementos de su mundo. Los personajes siempre van a cargar con el peso, la historia la construyen ellos, no les precede. No importa tanto cómo se ha llegado hasta tal punto, sino cómo se construye a partir de ahí. Es el contenido por encima del envoltorio.  

Volviendo al dueto protagonista, Carole y Tuesday son una antítesis la una de la otra. Una procede del seno de una familia adinerada, la otra es una refugiada, una huérfana que ha sobrevivido como buenamente ha podido hasta ahora. Pero ese contraste entre estratos sociales es literalmente minúsculo ante aquello que las une. Su pasión por la música. Son como dos engranajes que de forma separada no terminaban de funcionar de manera óptima. Su conjunción, su armonización, es lo que necesitaba tanto una como otra. Como de igual forma una melodía necesita de una letra que la siga. «The Loneliest Girl» es la materialización de ello. El efecto inmediato de su unión y el primer paso por revolucionar una industria venida a menos en términos de humanidad. Porque si una moneda tiene dos caras, la otra cara de ésta es la que representa la corporación Artience Lab y el tratamiento de la música como producto cultural. Ahora la manufactura de este arte es cien por cien artificial. La música es producida por IA’s —que incluso pueden emular artistas y éxitos del pasado— y el completo análisis de datos y los estudios de mercado sirven para crear productos perfectos en términos de rentabilidad. El componente humano queda relegado a una mísera parte dentro de esta nueva fórmula. Ya no se crea música por pura pasión, sino por el más puro interés económico. Un concepto que, por otro lado, parece apuntar directamente a los últimos derroteros de la industria musical actual y ejercer como contrapunto crítico.

Los cimientos de Carole & Tuesday se han dispuesto a partir de la música, pero su construcción posterior también se nutre de ella. Este arte de expresión actúa como nexo de unión entre los distintos personajes de la obra, así como entre Watanabe y el espectador. Teniendo en cuenta los compases iniciales del título, es probable que estemos ante la creación menos arriesgada del creativo nipón, pero no por ello menos interesante. Se busca ese juego de dualidad entre la pasión y las distintas emociones humanas en contraposición a la intensa mercantilización de un arte ahora prisionero —más que nunca— de la manipulación y el capital económico. Explorar las diferencias entre un producto que se fragua desde el alma y otro en cuyo proceso no existe un ápice de emoción. La esclavitud de la creatividad. Y para explorar estas dos vertientes es necesario comenzar desde lo más bajo. Desde el más clandestino anonimato de un par de jóvenes dispuestas a alcanzar un sueño. De soltar lo que llevan dentro a través de sus partituras y letras. Su música, esa que actúa como nexo, será la que les una a Gus, un ex-mánager venido a menos y asqueado de los estándares de la industria actual; o a Roddy, un joven productor fatigado de la artificialidad del medio y que, deliberadamente o no, les proporcione un primer coqueteo con lo mediático.

El grito de la libertad como melodía

Carole & Tuesday ofrece una historia de tintes slice of life con un embalaje de ciencia ficción sobre la (prometedora) carrera musical de dos jóvenes. Pero para llegar al éxito —¿qué es el éxito?— se deben superar muchas etapas. Y es en esas etapas donde el espectador podrá empatizar con el elenco, con sus inquietudes y seguir su evolución. Asistir a un inocente brainstorming de temas y elementos a tratar en un primer videoclip. Entender —quizás no siempre— multitud de referencias a temas musicales y artistas reales. Conocer distintas facetas de la industria. Y por supuesto, contagiarnos de la naturalidad de Carole y Tuesday, seguir su ritmo como también lo hacía aquel hombre de la lavandería que dejó de ser un sujeto pasivo fruto de lo enérgico y vital de las dos jóvenes. Pero la producción no pierde la oportunidad de mostrar de forma paralela las dos caras de la moneda. Porque la pasión del dúo protagonista se enfrenta al afán comercial y carente de emociones de Tao, el rostro visible de Artience Lab, y el papel de Angela, importante idol y modelo profesional que aspira ser cantante sin importar los medios. Porque en este mundo todo se puede comprar. La evolución y el contraste entre ambos «bandos» promete ser uno de los apartados más llamativos a nivel argumental de la producción.

impresiones de Carole & Tuesday protagonistas - el palomitron

A lo largo de este texto he mencionado en diversas ocasiones a Shinichirō Watanabe, pues al final de él surge el concepto original de Carole & Tuesday y tiene una reputación que le precede. Sin embargo, me gustaría dejar claro que su labor dentro de la producción es la de ayudante de dirección; siendo Motonobu Hori el director de la misma. Aún es pronto para saber el impacto total de la impronta de Watanabe en lo nuevo de BONES, pero pese a no incurrir en riesgos a nivel de guion, Carole & Tuesday ofrece unos primeros compases que rebosan energía, que transmiten la vitalidad y el anhelo de sus protagonistas con suma facilidad. La reiteración de gags impregna la producción de una dosis de humor que le sienta de fábula y que permite que la repentina relación entre los personajes sea más natural. Con un apartado visual sobresaliente, Carole & Tuesday destaca sobre todo por el uso de unos fondos de estética artesanal y excelsos a nivel de detalle, cortesía de Studio Blue. Líneas atrás comentaba que las dosis de información contextual son mínimas en la producción, pero es en lo visual donde de verdad se refleja el worldbuilding. En los pequeños detalles que pueblan multitud de interiores, o el potente contraste que se produce ante la fusión arquitectónica entre lo «moderno» y lo «tradicional». Por otro lado, la gama cromática empleada permite que toda esa vitalidad y energía inherentes al mensaje de la ficción permeen con mayor facilidad en el espectador. Una gama de colores que consigue brillar todavía más gracias al estilo de animación empleado, uno que se acerca más al estilo occidental y deja de lado las bases niponas. Algo que también se ve reflejado en su composición musical, prescindiendo de Yōko Kanno (Cowboy Bebop, Kids on the Slope, Zankyō no Terror) y apostando por el sello del artista canadiense Mocky. Así como la elección de las intérpretes Celeina Ann y Nai Br.XX como las voces anglosajonas de Tuesday y Carole, respectivamente. Artistas cuyo trabajo también se extiende a la interpretación del opening y ending, artistas que ya han dejado su particular seña con «The Loneliest Girl». Esa canción que une la melodía de Carole y la letra de Tuesday; que plasma sus sentimientos y emociones, que define a la perfección qué es música

«Prácticamente fue un milagro. Sin duda, pasaría a la historia de Marte como los “7 minutos milagrosos”. Esta es la historia de las dos chicas que lo pusieron todo en movimiento.»

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Edu Allepuz

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1 COMENTARIO

  1. Pues creo que es la clásica historia de quien se va a hollywood para ser famoso en contra de todo y todos(muy trillado) solo que para hacerla pasar por algo nuevo e interesante van y los sitúan en marte.

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.