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Crítica de Kono Oto Tomare! destacada - El Palomitrón
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KONO OTO TOMARE: UNA NUEVA FORMA SENTIR LA MÚSICA

En multitud de ocasiones dependiendo dónde esté situado un producto tiene más o menos repercusión mediática. Esto es un factor innegable que acontece a múltiples plataformas, y la literatura no iba a ser menos. Si nos fijamos en el mercado nipón, o en cualquier otro realmente, muchas de las obras que se publican a lo largo del año pasan desapercibidas sin pena ni gloria hasta que un productor televisivo apuesta por cederle un espacio en la pantalla, ya sea a través de una serie o de una película. Esta acción es algo que se repite de manera bastante reiterativa y que, en el campo que nos concierne ahora mismo, sufre muchos encontronazos pero también se cruza con algún que otro abrazo. En esta ocasión toca hablar de una obra que en tierras niponas cuenta con el beneplácito del público pero que lejos de sus fronteras apenas había sido escuchada, no había hueco para ella. Pero gracias a su adaptación televisiva muchas personas están descubriendo una obra que aguarda mucho entre sus líneas y cuya música parece que acaba de nacer para el mundo. Pero ni mucho menos, pues estamos ante un producto que cuenta en su haber con más de 20 tomos recopilatorios publicados y una trayectoria de siete años en el mercado del manga. Una trayectoria que ha estado guiada por la revista Jump Square y que gracias a la apuesta de Platinum Vision podemos disfrutar a lo largo de la presente temporada. Una jugada que nos dejará descubrir aquello que comenzó Amyū el pasado 2012 y que gracias a la dirección de Ryōma Mizuno posee una plaza en el catálogo de primavera. Un espacio muy especial que disfrutarán todos aquellos que ya conozcan la obra e incluso mucho más aquellos que, desgraciadamente, no sabíamos de su existencia hasta ahora.

Crítica de Kono Oto Tomare! pasado Kurata - El Palomitrón

Nacer para sonar y ser eterno

Kono Oto Tomare! nos traslada hasta Japón, concretamente al instituto de preparatoria Tokise. Un lugar muy especial donde viviremos en primer plano los sucesos principales de la historia así como las notas más vivaces de la temporada. Takezō Kurata, uno de los protagonistas de la historia, deja atrás su penúltimo año para acabar su etapa en el instituto. Empieza su última etapa para él en la escuela, y con ella un nuevo reto, pues como antiguo miembro del club de koto no quiere que éste desaparezca; y mucho menos tras haber vivido una de las mejores experiencias de su vida con las personas que lo formaban. Personas que han dejado ya la escuela y le dejan a Kurata el testigo de uno de los clubes menos transitados por los estudiantes. Un club cuya estela no pretende apagarse y emprenderá de nuevo una travesía para encontrar personas que lo habiten; personas que le devuelvan su sonoridad. Takezō Kurata será el encargado de devolverlo a la vida, pero ésta no se lo pondrá fácil y encontrar las piezas necesarias será uno de los retos más complicados de su año escolar, un reto que necesitará de seis integrantes para que el club no desaparezca y su música no deje de sonar eternamente. Una música hilada desde el corazón para llegar a los enseres de todos nosotros.

Los primeros compases de la obra se centrarán en esa búsqueda, una que nos llevará a través de diversos personajes y nos dejará conocer cómo la frustración en multitud de ocasiones consigue vencer a tus propios sueños. Con problemas o sin ellos, Kurata no dudará ni un momento en conseguir su objetivo sea como sea. Para ello pide consejo tanto a uno de sus compañeros de escuela como al propio director, y así, poco a poco, las solicitudes hacia el club de koto van llegando. La primera será de Chika Kudō, un estudiante que se le tacha como conflictivo y violento cuyo pasado no le hace ningún bien; un pasado alimentado por las mentiras que poco tarda en desvelarse y hacer tambalear su presente en el club. Un pasado que le demostrará a Kurata quién es realmente Chika y no le impedirá dejarle estar entre los miembros del club. Puede que en ocasiones el temperamento de Chika le juegue malas pasadas, pero la serie le deja el espacio necesario para reflexionar y cambiar dicho comportamiento a uno mucho mejor que nos demostrará de qué está hecho su corazón. Y justamente este tratamiento frente a los personajes, su pasado y su presente, y la presentación de sus verdaderos objetivos es lo que hace a la obra un producto sobresaliente esta temporada; pues antepone las personas a la música —al menos por el momento— y decide dotarles del espacio y tiempo necesario para que el espectador entienda realmente por qué está donde está y qué busca frente al koto. Puede que Chika no tenga la mejor presentación debido a su carácter, pero gracias al pasado junto a su abuelo y a sus intenciones de no dejar morir aquello que él creó le convertirá en una pieza clave no sólo del club de koto, sino de la obra. Una pieza marcada por la nostalgia y el amor parental. 

Crítica de Kono Oto Tomare! pasado Chika - El Palomitrón

Y hablando de piezas claves Kono Oto Tomare! también cuenta con una protagonista femenina que, a pesar de ser la única por el momento, cuenta con el espacio necesario para brillar y dejar una larga estela en su camino. Hablamos de Satowa Hōzuki. Una estudiante de la misma escuela que Chika y Kurata y que al mismo tiempo, gracias a la escuela fundada por su familia de koto, es una prodigio del instrumento. Una prodigio que decide apostar por el club para llevarlo a las competiciones nacionales y así demostrar a su familia que ella sola también puede brillar sin la necesidad de llevar tras ella un apellido manchado por la perfección y la austeridad. Un personaje lleno de matices que nos dejará ver multitud de caras frente a la profesión y las personas, pues con Hōzuki no sólo aprenderemos las mejores virtudes del koto sino que aprenderemos a errar y aprender de los fallos humanos. Algo que se verá muy representado gracias al personaje de Chika y la peculiar relación que surge entre ambos. Una relación copada por la música, pero en la que poco a poco también tendrá lugar los sentimientos.

Por último, para poder hacer posible el sueño del presidente Kurata, Chika cuenta con tres buenos amigos en el instituto que en un primer momento se unirán para engrosar la lista de candidatos pero que finalmente deberán hacer sonar el koto junto a sus compañeros pues el club se somete a un juicio por parte del subdirector del instituto quien les exige que en un mes toquen una pieza que logre complacerle para continuar con el club activo, sino éste se disolverá y desaparecerá para siempre. Una exigencia que pasará a ser el eje principal de la obra y que someterá a nuestros protagonistas a aprender a tocar una pieza maestra para conseguir que el club de koto siga sonando eternamente.

Crítica de Kono Oto Tomare! Chika y Hōzuki - El Palomitrón

Ryuko, espalda o caparazón de dragón

Tras la sutil amenaza del subdirector de la escuela, el club de koto deberá trabajar intensamente para lograr complacer sus oídos y los de todos los alumnos. Un sonido que, a priori, parece fácil obtener pero que una vez se intenta conseguir demuestra a quien lo intenta que está ante uno de los instrumentos más complicados. Un instrumento denominado koto que cuenta con diferentes tipologías en su haber pero que se caracteriza principalmente ser una caja de resonancia rectangular de madera kiri, de unos dos metros de longitud, con dos aberturas en la parte posterior y trece cuerdas —aunque el número puede variar según el sonido que se quiera obtener—. Un instrumento que simula ser un arpa tumbada pero que logra emitir multitud de sonidos y sonoridades diferentes. Algo que, desde su nacimiento, se tilda de estar mitigado por la fuerza de los dragones, quienes dicen que residen en el alma de los instrumentos y los hacen sonar de esa manera tan especial. Una leyenda japonesa que resuena en la obra y nos traslada hasta los sentimientos más profundos de los personajes, pues cuentan que si logras conectar el koto con tu corazón conseguirás el sonido más puro de todos. Un sonido que, por ejemplo, Chika deja entrever en el cuarto episodio de Kono Oto Tomare!. Una demostración digna de ser escuchada y alabada. Una demostración que consigue sorprender a sus compañeros y a nosotros como espectadores, pues esboza un timbre realmente primoroso.

Así, el koto pasa a ser el nexo de unión entre la obra y los personajes. Algo que se puede lograr gracias a que ésta ya ha conseguido conectarnos con sus protagonistas antes de lanzarnos directamente a la música, una mecánica que en un primer momento puede resultar una traba pues ralentiza la obra en sus primeros capítulos pero hace que su progresión sea mucho más eficaz y humana. Un aspecto que, personalmente, tacho como perfecto y ensalzo como punto más que positivo ante su estructura. Además, en ese proceso de introducción frente al elenco protagonista Kono Oto Tomare! usa las clases de koto para presentarnos las virtudes y defectos de cada uno de ellos, sus anhelos e incluso sus puntos más débiles. Poco a poco todo se va construyendo al unísono y aquello que parecía imposible los primeros días se va logrando con el trabajo y esfuerzo de todos y cada uno de los miembros del club.

Es cierto que son tres personajes los que sobresalen frente al resto y, posiblemente, sean ellos tres quienes tengan la fuerza más sonora en el grupo y en la obra; pero lo particular y especial de Kono Oto Tomare! es que cada una de sus piezas hace que el engranaje final funcione sobremanera. Los personajes se complementan entre sí gracias a un ritmo narrativo acompasado por la trama principal y, a pesar de no contar todavía con ningún punto significativo en la obra, ésta nos ha dejado ver sus intenciones y potencial. Uno que se dejará ver en los próximos episodios y nos permitirá descubrir el auténtico potencial de los personajes y su fuerza frente al koto. Una que poco a poco se va haciendo más presente y nos concede un puesto privilegiado frente a una nueva forma de sentir la música. Una forma que, en lo personal, desconocía hasta el momento y gracias a esta obra he podido descubrir y disfrutar en cada uno de los instantes que se deja palpitar; pues el sonido del koto está acompasado por la calidez de los sentimientos de sus personajes y es así como la obra se traslada a un plano mucho más humano y conmovedor de lo que aparenta ser en un primer momento.

Brillando al son de la música

Sin duda, la música es y será uno de los elementos que caracterizan a la obra en primer plano; pero no solo brilla cuando el koto se hace el protagonista de una secuencia sino que también lo hace para permanecer de fondo y sonorizar así el día a día de nuestros personajes. Consiguiendo, entre sus altos y sus bajos, un telón de fondo muy satisfactorio que conseguirá despuntar en los momentos más enternecedores de la obra. Pero no sólo la banda sonora y los temas principales son los que consiguen despuntar a nivel técnico, pues Kono Oto Tomare! cuenta con un apartado visual más que notable que logra despuntar en las secuencias estáticas donde apuesta por unos paneles propios de acuarela cuya composición artística denota una calidad sublime. Platinum Vision sabe mantener la compostura sin excederse en ningún momento, pero ese tratamiento que tiene gracias a los tonos empleados y a la dirección de arte hacen que el resultado gane en conjunto y contemos así con uno de los productos más destacados de la temporada. 

Crítica de Kono Oto Tomare! Hōzuki - El Palomitrón

Posiblemente no estemos ante la mejor obra de la temporada y mucho menos del año, pues el catálogo de 2019 es y será uno de los más notorios de la década, pero lo que sí que es cierto que estamos ante un producto único que nos presenta la música desde una nueva perspectiva y que logra, por encima de todo, conectarnos con ella a través de los sentimientos. Unos que, tal vez, puedan surgir de los personajes, o quizá, del propio rugir del dragón. Interpretaciones hay muchas, pero las emociones se reúnen en un mismo plano y justamente eso es lo que hace de Kono Oto Tomare! una obra necesaria y merecedora de una oportunidad. La música es uno de los elementos más comunes entre las personas y seguramente ese sea el punto más destacable de la historia de cara a conseguir seguidores, pero en lo personal prefiero quedarme con el propio devenir de los personajes. Un punto que marca el inicio de la historia por encima de todos los elementos y que consigue equilibrarse entrega tras entrega. Quizá Kono Oto Tomare! no sea una obra perfecta ni pretende serlo, pero cuenta en su haber con multitud de elementos que la hacen única y merecedora de estar entre la tan aclamada temporada primaveral. Una temporada que se rinde ante la música y nos brinda una soberbia experiencia sonora.

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Marisol Navarro

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Publicista aficionada de las películas, las series y el manganime. No tengo un género preferido, pero todo lo gore me apasiona. Me encanta viajar, y si algún día consigo ir a Japón sin duda para el trayecto tendré preparada toda la obra de Sui Ishida.