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rechazo en Fruits Basket Another
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FRUITS BASKET ANOTHER, «LO QUE PIERDES MIRANDO AL SUELO»

Fruits Basket es una obra enternecedora. Pero tiene mucho más. Su mística insiste en la inocencia de Tohru, en cómo la chica se relaciona con la familia Soma y dicha relación se convierte en un punto evolutivo para sus miembros, pero también para ella. Hay un intercambio emocional constante con el que juega Natsuki Takaya para moldear la obra y que, insisto, va mucho más allá de como muestra el alma de la inocencia tan característica de la serie.

No solo lo demuestra en ese tierno momento en que nos muestra como la familia no tiene porqué ser algo impuesto, sino que lo hace a lo largo de toda la obra remarcando la idea de que Tohru es una chica fuerte y capaz; siempre dura ante las adversidades y siempre optimista, incluso en los peores momentos.

Un cambio de ritmo

Y es aquí donde entra en juego Fruits Basket Another. Una obra spin-off que sirve como secuela del manga original y que no consigue clonar esa magia que lo hacía tan distintivo pero que trata una misma realidad desde una perspectiva totalmente diferente y que sirve como contrapeso y, a su vez, como un pequeño mensaje de ayuda a quienes pasan por sus líneas.

Y es que distan millas entre Sawa, la protagonista de esta nueva y breve entrega y Tohru, la inolvidable alma de la obra original. La principal diferencia se vive en como abren ambas. En ese abismo que se abre entre la fuerza de una y el pesimismo general de la otra.

De cómo la primera empieza sola, en medio de ninguna parte, con todo un mensaje de optimismo y la idea de seguir adelante sean cuales sean las circunstancias y como lo hace la segunda recordando el amargo momento en que fue rechazada por primera vez, convirtiéndose en un mal interior que la arrodilla constantemente ante su propia torpeza y la inclemencia de un mundo que no teme en romper a quien no se adapta a sus leyes.

El abismo del rechazo

Miento si digo que la idea, la meta, de Takaya no es especialmente similar entre ambas obras. Sin embargo, Another se entiende como un giro oscuro que parte de las bases de la original para aclarar algunos puntos que pasaban desapercibidos por las líneas de la obra anterior.

La metáfora de Tohru como onigiri en la cesta de frutas no se aplica aquí como el valor individual frente a los grupales sino en su más cruda realidad: en forma de exclusión. Porque Sawa no sólo es el onigiri sino que además sufre discriminación por ello.

Es aquí donde surge la mística propia del spin-off, en como la chica crece, no sobre una base propia, sino desde un abismo emocional en el que se encuentra atrapada tras el acoso sufrido, el frío de una madre que no parece sentir pena alguna por su hija y el peso de una madurez propiciada por la falta de figuras familiares sobre su cuidado. Es una crueldad similar, insisto, a la que ya sufría Tohru, pero con un filo más afilado que no teme en hacer sangrar a su protagonista.

Tanto es así que la obra reduce a Sawa al más mínimo exponente social. A esa persona que se mantiene en la distancia, sin abrir la boca. Alguien olvidable y que rara vez se hace notar, no por sentir imposibilidad, sino por conocer cuál será la respuesta ajena. Es un tema constante y tan fuerte como duro, hasta el punto de que la chica se limite a mirar el suelo, suponiendo que se encuentra siempre fuera de lugar.

Aquello que pierdes mirando al suelo

Y sin embargo es ese mismo hecho el que la autora utiliza para lidiar con la tristeza de Sawa. El hecho de perderte el mundo; todo lo que sucede a tu alrededor mientras te centras en mirar al suelo, sin atender a aquello que te rodea. La gente, las oportunidades. Tu propia vida.

Es un recurso en esencia simple, quizás incluso demasiado romántico. Y lo cierto es que Fruits Basket Another #1 —el único volumen disponible en el momento de escribir estas líneas— no consigue desarrollar ese punto, sino que es más bien algo con lo que Sawa tropieza. E insisto, Takaya repite su fórmula pero pierde parte de su gracia por el camino al desprenderse de la fuerza de su protagonista y no ahondar en la psique de los nuevos integrantes.

Pero, con todo esto de por medio, Fruits Basket Another no deja de ser, en esencia, Fruits Basket. Y lo cierto es que, pese a caer en un romanticismo demasiado débil, la obra cuenta con un mensaje firme. Alto y claro. Uno que se acerca a las líneas de Iroduku: The World in Colors y que nos insta a levantar la cabeza, a dejar de mirar el suelo. No es fácil y nadie espera que lo sea, pero obras como esta ayudan a que la carga pese un poco menos.

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.