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El árbol de la sangre El palomitrón

LOS ANTECEDENTES

Por decirlo suavemente, Julio Medem no es un autor sencillo o exento de polémica. Lo habitual es que cada nueva película suya sea recibida con un elevado escepticismo por sus detractores y con una pasión desenfrenada por sus seguidores. Seguramente el motivo de tanta controversia sea su particular estilo, una especie de lírica naturista con toques surrealistas que guarda algunas similitudes con unos pocos artistas de la actualidad, como Darren Aronofsky (Madre!) o Gaspar Noé (Clímax).

La explícita conexión con la naturaleza es algo que ya vimos en Lucía y el sexo (rodada en la formidable isla de Formentera) o en Los amantes del círculo polar, donde la convergencia de historias también definía la estructura narrativa. Igualmente, la visión sobre el entorno rural vasco, fauna y caseríos incluidos, fue perfectamente descrita en sus tempranos filmes Vacas y La ardilla roja (alabada por el mismísimo Stanley Kubrick allá por 1993). No hay duda de que el cine de Medem vive en su propio universo, y esta nueva entrega emerge de sus profundidades.

LA PELÍCULA

Rebeca y Marc son una joven pareja que viaja hasta un antiguo caserío que perteneció a la familia de Marc para escribir su historia en común. Durante esos días recompondrán un gran árbol genealógico con 25 años de relaciones de amor, desamor, sexo, locura, celos e infidelidades que oculta un profundo misterio que marcó sus vidas y cuyo descubrimiento pondrá en peligro su propia historia de amor.

Independientemente de las ideas desgranadas (algunas muy locas), hay que reconocer que Medem es un maestro estructurando guiones. La historia principal, aparentemente sencilla, se va complicando hasta límites insospechados mientras se nos presenta un reparto coral de lo más variopinto. La ambientación, fotografía y banda sonora son de primera categoría, como viene siendo habitual en el cine de Medem, un reconocido perfeccionista que siempre se rodea de grandes profesionales.

En la primera parte, la puesta en escena a través de saltos y fusiones temporales resulta tan ingeniosa como efectiva y, a pesar de la complejidad, consigue que no perdamos el hilo en ningún momento. Será pasado el ecuador cuando las cosas empiecen a salirse de madre y la película pierda su rumbo. La mezcla de surrealismo y tragedia exacerbada no resulta fácilmente digerible, llegando incluso al ridículo en la conclusión de algunas historias (véase la analogía animal de los hermanos).

Lo mejor es quedarse con el universo onírico y la alegoría naturista que el cine de Medem transpira. La falta de mesura y desboque creativo lo dejamos para los fans acérrimos, que seguramente alcancen el clímax ante semejante desvarío vacuno.

El árbol de la sangre El palomitrón

ELLOS Y ELLAS

El reparto está repleto de rostros conocidos, pero Najwa Nimri, una de las actrices habituales en el cine de Medem, es la estrella que brilla con más fuerza. Su caracterización del complejo personaje de Macarena destila sensibilidad y está en perfecta sintonía con el resto de la obra. En el lado masculino, destaca el misterioso Joaquín Furriel, que entrega una actuación tan física como solvente.

Uno de los ganchos principales de la película (basta con ojear el cartel oficial) es la presencia de la joven pareja formada por Álvaro Cervantes y Úrsula Corberó. Ambos están correctos, pero su actuación resulta descafeinada y falta de la profundidad dramática necesaria para impactar como esperábamos (cierto es que las expectativas eras muy altas).

LA SORPRESA

Que haya tantísimas referencias al cine de su autor. Esta especie de autohomenaje es algo tan atípico y exagerado que no terminamos de entender si es algo deliberado o si a Medem “le ha salido así”.

El árbol de la sangre El palomitrón

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

Las bodas de las familias de Rebeca y Marc, que sirven como punto de convergencia para la mayoría de los personajes y cierran la mejor parte de la película.

TE GUSTARÁ SI…

Eres seguidor del cine de Julio Medem (si ese es el caso, es posible que la ames) o disfrutas del cine surrealista de impecable factura.

LO MEJOR

  • El universo onírico que Medem es capaz de crear.
  • Najwa Nimri y Joaquín Furriel, perfectamente integrados.
  • La elaborada banda sonora de Lucas Vidal.

LO PEOR

  • El surrealismo exagerado y la tragedia de la segunda parte.
  • A la pareja formada por Álvaro Cervantes y Úrsula Corberó le falta fuerza dramática.
  • Las autorreferencias a su cine son excesivas.

 

Pedro Figueiras

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