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LOS ANTECEDENTES

“Despreciaste I Stand Alone. Odiaste Irreversible. Aborreciste Enter the Void. Maldijiste Love. Ahora prueba Clímax, mi nueva película”. Así lucían los textos del póster promocional de la nueva película de Gaspar Noé (un póster que, intencionado o no, contiene spoilers).

Lo cortés no quita lo valiente y, aun sabiendo la cantidad de barbaridades que ha perpetrado ese señor en la pantalla, cuando Clímax se proyectó en Cannes las críticas fueron bastante positivas, y nos dieron un mínimo de esperanza para ver si no repetía las mismas atrocidades. Bien. Ahora ya sabemos que con Gaspar Noé no hay esperanza.

LA PELÍCULA

La forma que tiene una persona para dirigir dice muchísimo de su forma de ser, sobre todo cuando estamos hablando de una obra autoral. Y no hace falta ser un erudito en análisis fílmico para darse cuenta de que Gaspar Noé es un narcisista, pretencioso y misógino de la más baja calaña, y Clímax tiene muchísimos elementos que lo corroboran.

El primero de ellos, y el que se muestra como una declaración de intenciones de cómo va a ser la película a partir de ahora, es una de las secuencias iniciales, en la que vemos un televisor noventero en plano fijo reproduciendo una serie de entrevistas a los supuestos protagonistas de la historia: un grupo de bailarines. La secuencia dura bastante más de lo que debería y al espectador le va importando cada vez menos lo que dicen los personajes. Entonces desvía la mirada y ocurre. El espectador busca otros elementos en el cuadro y encuentra libros y películas de diversos autores: Pasolini, expresionismo alemán… todos colocados justo para que el espectador lo vea cuando se canse de la trama (porque se va a cansar). Y cuando ves todos esos libros y todas esas películas, te acuerdas de Love y de cómo hacía exactamente lo mismo. Esto es la definición de Clímax y de la filmografía de Noé: presentar un arte tan hermoso como es la danza y bastardearla hasta niveles extraordinarios, porque a Gaspar Noé solo le interesa contar lo grande que la tiene Gaspar Noé.

Antonioni era conocido por haber sido uno de los mayores abanderados de la modernidad en el cine europeo, con un estilo marcado, sobre todo, por el profundo desprecio que mantiene a sus personajes (que se refuerza en su trilogía de la incomunicación). Antonioni, como Gaspar Noé, odia a sus personajes. Pero los odia porque representan lo más bajo de la burguesía y su falta total de valores. Los odia porque son unos personajes odiosos llenos de hipocresía. Gaspar Noé odia a sus personajes porque no son Gaspar Noé.

La cinta dura noventa minutos, pero se siente como si llevases toda la tarde metido en la sala. Esto también es porque no hay trama. No existe. No hay desarrollo de personajes, no hay punto medio, no hay conflicto. Solo hay muchachos y muchachas jóvenes bailando hasta que descubren que alguien ha metido droga en la sangría. ¿Cómo se resuelve esto? Con los personajes volviéndose locos, bebiendo más sangría, gritando, encerrando a gente… y con las puertas perfectamente abiertas para que puedan salir. Todo ello aderezado con mensajes misóginos, intertítulos con el nombre del director, violaciones incestuosas, homofobia, nacionalismo rancio, antiabortismo y completo desprecio por todo lo bello que hay en el mundo. Ahora es cuando se entiende el póster promocional. Ahora entendemos a Gaspar Noé sosteniendo el vaso de sangría. Él drogó a los protagonistas. Su narcisismo convertido en un personaje más. Deleznable.

ELLOS Y ELLAS

Se hace bastante extraño hablar de protagonistas y de personajes cuando no hay ningún protagonismo por sí mismo. Y esto no quiere decir que la película sea coral, sino que los personajes no son reales y todos son una descarada proyección de la mente del director. La película llega a tal nivel de superficialidad que los personajes solo se diferencian en dos: los masculinos y los femeninos. Los masculinos hablan todos exactamente igual y los femeninos son la representación de lo que Gaspar Noé quiere que sea una mujer: un cuerpo, un objeto sexual al que hay que poner al límite.

Y eso sin ponernos a hablar de los personajes homosexuales… La pareja de lesbianas está completamente hipersexualizada (cómo no) y el personaje gay quiere enrollarse con el más homófobo y misógino del grupo, al que ponen como un mártir hacia el final de la película. En serio. Un psiquiatra debería ver esto.

LA SORPRESA

Podríamos decir que la sorpresa es que no hay. Fuimos con la esperanza de encontrarnos algo que nos callara la boca y que no nos demostrase que Gaspar Noé es el mayor vendemotos de la década… pero es que lo es.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Por su ridiculez hay muchísimas secuencias que pueden seleccionarse. Aquella que presenta la lona del escenario con la bandera francesa y con un texto que reza: “Presentamos UNA PELÍCULA FRANCESA Y ORGULLOSA DE SERLO”; una mujer envuelta en llamas mientras se ríen de ella… y muchísimas más que le dan un matiz de vergüenza ajena.

TE GUSTARÁ SI…

Siendo sinceros, hay que tener un criterio bastante “peculiar” para admirar y disfrutar de cualquier cosa que haga este señor. Personalmente, nosotros no entendemos qué puede llevar a alguien a gustarle esto.

LO MEJOR

  • La primera secuencia de danza que vemos está sorprendentemente bien llevada, bien dirigida y bien coreografiada. Más tarde, el plano secuencia que le sigue mantiene la sensación de que los personajes danzan con la cámara y, por un momento, presenciamos una secuencia cinematográficamente buena y no puesta al servicio del ego.

LO PEOR

  • Que la segunda secuencia de danza es básicamente un baile de apareamiento donde las mujeres muestran su sexualidad exacerbada y exagerada frente a una cámara en plano cenital, como quien sacrifica una virgen ante un dios (y podemos adivinar quién es el dios).
  • Absolutamente todo lo demás.

 

Álvaro Salas

Reseña Panorama
Nuestra valoración
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Soy ese tío que va solo al cine y aplaude cuando la peli termina. Cuando estoy triste me veo una peli de Bergman y, o se me pasa, o me pongo peor. Defiendo las precuelas de Star Wars (a excepción de El Ataque de los Clones) y El Consejero como la mejor película de Ridley Scott desde Thelma y Louise. Las pelis de Béla Tarr se me pasan volando. Si crees que ser guapo y tener un talento inconmensurable no van de la mano, piensa en Paul Thomas Anderson.

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