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LOS ANTECEDENTES

El flamante ganador de uno de los Premios Donostia del 65SSIFF, Ricardo Darín, vuelve a estar un año más en el Festival de San Sebastián. Esta vez en calidad de protagonista del debut en la dirección de Juan Vera (productor de El fútbol o yo). Su ópera prima lleva por título El amor menos pensado, y es una comedia romántica que sigue a la pareja de ficción formada por Darín y Mercedes Morán. La cinta ha dado esta mañana el pistoletazo de salida a la 66.ª edición del festival, con una acogida agridulce que se asemeja a las inauguraciones de los últimos años, aunque por suerte, la de Vera resuelve la papeleta (no como sucedió hace un año con la Inmersión de Wim Wenders).

LA PELÍCULA

El amor menos pensado es la historia de una pareja que, después de veinticinco años casados, se enfrenta a la realidad de volver a ser dos cuando su hijo se emancipa. Ella, Ana (Morán), comienza a experimentar el síndrome del nido vacío, algo que se extiende hasta su matrimonio. Repentinamente liberada de las preocupaciones y exigencias que conlleva tener un hijo, se ve sin proyectos de futuro, su vida actual no le llena, y no quiere conformarse con la rutina. Por su parte, su marido Marcos (Darín) cree que lo que siente Ana es solo algo transitorio, y no ve que estén tan mal como para replantearse qué hacer con su vida y su relación. Pero la chispa entre ellos parece haberse extinguido, y deciden separarse. Hasta aquí la primera parte de la película (que abarca un poco menos de la mitad del metraje).

La segunda parte se diferencia de la primera en que, como dicta el argumento, Ana y Marcos ya no comparten escenas (salvando un par de excepciones). Esta segunda fase se compone de una sucesión de fragmentos de la vida posdivorcio de los protagonistas. Entre estos fragmentos encontramos algunos de los momentos más hilarantes de la película, pero al mismo tiempo son episodios anecdóticos, sin ningún peso más allá de ser instrumentos para un fin. Y ese fin (el final de la cinta que no revelaremos) se ve venir desde lejos.

Es difícil decantarse por la parte A o la parte B. El prólogo es más homogéneo y ofrece unas cuantas dudas cotidiano-existenciales que por momentos adquieren profundidad (que no novedad), pero al mismo tiempo se alarga en dar vueltas sobre el mismo punto una y otra vez. Por otra parte, todo lo que sigue es como asomarte a un libro con capítulos autoconclusivos. Unos pueden gustarte más y otros menos, y aunque el hilo conductor no se pierde en ningún momento, los lapsos temporales entre un “capítulo” y otro están resueltos de forma poco pulida.

En general, El amor menos pensado es una película entretenida, correcta, con algunos buenos puntos, muy buenas interpretaciones y una historia que podría haberse contado en una cantidad de minutos bastante menor.

ELLOS Y ELLAS

Darín y Morán, que ya trabajaron juntos en Luna de Avellaneda, cargan sobre sus hombros todo el peso de la película, y brillan de forma bastante equitativa. Su química como matrimonio y exmatrimonio es perfectamente creíble, y además están respaldados por una galería de secundarios más que solventes.

LA SORPRESA

La sorpresa es que no hay sorpresas. Ricardo Darín y Mercedes Morán están tan estupendos como sabíamos que iban a estar, y el desenlace acaba siendo tan predecible como augurábamos/nos temíamos.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

En esa segunda parte de “capítulos” que comentábamos más arriba, hay una escena en particular que plasma la recién estrenada soltería de Marcos, el personaje de Ricardo Darín. Haciendo uso de las herramientas tecnológicas actuales para ligar, el protagonista acude a su primera cita con una mujer que ha conocido en Tinder. Nos quedamos con este momento, que es, sin ningún género de duda, el que más carcajadas ha levantado en el auditorio del Kursaal.

TE GUSTARÁ SI…

Te gustan las comedias románticas y quieres pasar un rato entretenido sin muchas más pretensiones.

LO MEJOR

  • Ricardo Darín y Mercedes Morán.
  • La pareja de amigos de los protagonistas.
  • La premisa tenía grandes posibilidades…

LO PEOR

  • …que no se terminan de explotar.
  • Es correcta y entretenida, pero se queda ahí.
  • La previsibilidad del final.
  • Sus dos horas y cuarto de duración son excesivas.

 

Aitziber Polo

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