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crítica de Urasekai Picnic
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URASEKAI PICNIC, UNA PUERTA A LA NADA

Viajar a otro mundo siempre tiene un contexto. El más clásico, echando la vista atrás hacia la clásica influencia de Fushigi Yugi, Digimon o Juni Kokuki, es ser une heroine. El paso del tiempo ha ido debilitando esa idea y si bien sigue siendo la más corriente, tenemos ejemplos como el de El Ratón de Biblioteca o Re:Zero, que exploran el género unos pasos más allá para construir nuevos dilemas y enfocar de otra forma el desarrollo de sus esquemas. Pero, ¿qué pasaría si no hay un contexto detrás?

Re:Zero es parte de ese problema, Subaru aparece en otro mundo sin necesidad de pretexto, pero pronto encuentra una excusa que acaba por evolucionar una dinámica humana y personal. Urasekai Picnic, sin embargo, se abraza a esa nada que luego ayudaría a evolucionar a la obra de Tappei Nagatsuki sin una intención más clara que la de suponerse como un escenario para el desarrollo de personajes. El “otro lado” de Iori Miyazawa es, simplemente, otro lado.

Una puerta a la nada, “el otro lado”

Es una puerta a la nada que sirve de entrada a una libertad creativa que, por el momento, lidera la narrativa de Urasekai Picnic eliminado expectativas o reglas que puedan condicionar la existencia de su mundo paralelo o el cometido del mismo. Un juego donde prevalece el “cualquier cosa puede pasar” y que da alas a la obra mientras amenaza con ser una temática demasiado abstracta como para resultar representativa.

Es por eso que su inicio, el de Sorao despidiéndose de la vida en un pequeño lago, tiene cierto valor. Porque no sabemos nada y la idea de desaparecer en la idílica nada de un mundo ficticio es una mecha perfecta para una obra que prende con una dinámica de relación forzosa con la entrada de Toriko en el plantel. Así, con las piezas sobre el tablero, todo apunta a que la adaptación dirigida por Takuya Satō se valdrá de estos pequeños momentos para revelar la estructura de una trama que, por el momento, se esconde en su misterio para funcionar.

Y es que Urasekai Picnic juega con la idea del mundo alternativo como un doble fondo donde desarrollar, no solo su evolución narrativa, sino también esa dinámica que se da entre Sorao y Toriko, dos chicas completamente diferentes que deciden aunar fuerzas con un motivo en concreto pero con aspiraciones que también se antojan separadas por el corte de cada una de sus personalidades. Una apuesta arriesgada que da valor a la obra —incluso con el misterio de por medio, por el momento son sus protagonistas el núcleo narrativo de la misma— mientras desvela, paso a paso, sus verdaderas intenciones.

Un motivo para seguir adelante

La forma en la que la narrativa de Iori Miyazawa establece nuevos patrones con fórmulas conocidas tiene ciertos aspectos familiares y es fácil identificar algunos elementos que recuerdan a obras tan dispares como Yuru Camp y su idea sanadora de escapar a la naturaleza y Steins;Gate, que tomaba algunos de los conceptos más clásicos de la ciencia ficción para forjar su propia distopía personal en base a sus protagonistas y no a su mundo.

La figura misantrópica de Sorao sirve como punto de acceso a sus ideas, mientras desarrolla un disimulado romance con Toriko que, sin estar ausente de problemas propios, resulta ser una persona repleta de carisma y poder de liderazgo con el que atrae, poco a poco, a su compañera. Es, por lo tanto, un camino de autodescubrimiento en el que la figura del personaje se antepone a la premisa de la obra y donde el misterio se ve obligado a luchar por su propio protagonismo mientras ambas chicas protagonizan pequeñas escenas en las que la ternura de lo casual consigue imponerse. Un esquema que cuesta no relacionar, a su vez, con Life is Strange, en la forma en la que la obra se centra en el comportamiento de la obra, pero también en las motivaciones de los personajes.

Y es que si Sorao se ve prácticamente arrojada a la idea de explorar ese otro lado —en parte por iniciativa propia pero especialmente atraída por la personalidad más fuerte y dominante de Toriko—, su compañera lo hace con la intención de reencontrarse con su mejor amiga, quien desapareció entre la mística de ese mundo inexplorado. Un elemento que sirve las veces de pared invisible entre sus protagonistas, ejerciendo de contrapeso a esa semilla del romance que frena la misantropía de Sorao y que, a su vez, germina en la aparente soledad de Toriko.

¿Qué hay al otro lado?

Con todo, la mística sigue siendo un componente intrínsecamente ligado a la evolución de Urasekai Picnic. La conexión entre ambos mundos no solo se considera como algo físico —otro de los detalles con los que destaca la obra es la forma de entrar al “otro lado”— sino que se entiende una relación menos directa que afecta a ambos. La desaparición fortuita de personas, por ejemplo, es demostrativo de los efectos del mundo paralelo en el humano, pero también se entienden notas del nuestro en este.

Y es que la división escalonada de la obra sigue un esquema muy concreto con el que cada capítulo (al menos los tres publicados en el momento de escribir estas líneas) conlleva, no solo una nueva salida por parte de sus protagonistas, sino también un nuevo pequeño relato. Cada salida, por lo tanto, muestra un pequeño fragmento de ese mundo y sus habitantes. Un concepto que se relaciona, de nuevo, con el mundo humano y las clásicas leyendas urbanas y creepypastas que tanto valor tienen en ciertos sectores de la población.

Un valor añadido que comparte con ese entendimiento colectivo y que sirve a modo de reconocimiento, mientras mantiene los orígenes y reglas de este nuevo mundo por completo en las sombras. Una idea que si bien no destaca por su originalidad, suma puntos en cómo se relacionan sus personajes —pero también su público— con sus mecánicas, obviando ese worldbuilding a medio construir con el objetivo de suponerse siempre en sorpresa.

Como resulta casi obligatorio remarcar al inicio de una nueva temporada, aún estamos lejos de conocer la evolución y desenlace de Urasekai Picnic, por lo que todo lo que podemos hacer es esperar semana a semana para seguir sus pasos. Con todo, sus primeros capítulos son una apuesta arriesgada por una pareja protagonista algo fuera de lo común y una serie de misterios capaces de alimentar su imaginario. Piezas que, por el momento, resultan más que suficientes para dedicarle una oportunidad a la obra.

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Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.