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segunda temporada de Re:Zero
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RE:ZERO, EL VALOR DE COMENZAR DESDE CERO

Tappei Nagatsuki siempre ha esgrimido una ligera crítica al género en su obra. Subaru llega a un nuevo mundo pero no lo hace a través de una situación crítica, sino que aparece en el mismo sin más. Es un ligero punto de inflexión que no destaca tanto por como se produce la situación —sumando el hecho cómico de la bolsa de la compra, que ayuda a romper esa idea— sino por lo que representa y cómo marca a su personaje.

Subaru es, en esencia, la idea del avatar. Un “ni-ni” joven absorto por sus propias distracciones. Su llegada a un nuevo mundo no se enmarca como un suceso traumático, sino como todo lo contrario. Se entiende, por supuesto, la inherente fantasía; la idea de escapar de un mundo para adentrarse en otro, en un espacio liderado por el fetiche que tanto se encuentra en lo fantástico. Pero si bien es una idea presente, nunca absorbe a su conjunto. El pretexto no es tanto el llegar a otro mundo, sino el comenzar una nueva vida, desde cero, en el mismo.

El valor de la vida

Subaru es, en cierta medida, un sustituto a Shinji Ikari como meme. Es un personaje excéntrico, escandaloso y sumamente estúpido. Es, sin trampa ni cartón, un reflejo de la realidad. Su intención, la de la identificación espectador-avatar, no es una cómoda, sino todo lo contrario. Subaru debe hacerte sentir incómodo. Incluso si no puedes identificarte con él, su idea no es otra que enmarcar a un joven de 16 años con graves problemas sociales, personales y cierta incapacidad para identificar su propia realidad.

Incluso su poder (partiendo de la clásica idea de identificar al protagonista del isekai como un “elegido”) resulta ser parte de lo que es, en mayor escala, una suerte de broma macabra. Su return by death no es sino una condena constante, que le impide acabar con su vida y le obliga a soportar un tormento sin fin del que ni tan solo puede articular palabra. Y es bajo su superficie, Re:Zero esconde mucho que se escapa a simple vista. 

Arco por arco, la obra de Nagatsuki se empeña en desangrar a Subaru hasta el punto de abordar un nivel de locura y desesperación capaces de romper la mente de cualquier personaje. Su camino es, por lo tanto, uno de superación, de esfuerzo y dolor. Un camino marcado por la violencia y la crueldad que no le lleva sino a crecer de la forma más horrible posible. Es así como da forma a su idea. No a la de llegar a otro mundo, sino a la de comenzar desde cero.

Las muertes a manos de Elsa. El miedo a la traición en la mansión de Roswal. La tortura a causa de unos crímenes que él mismo no ha cometido. La visión de perder a un ser querido a cambio de salvar su propia vida para ofrecerla más tarde en contra de la desesperación… Su autor retuerce su historia cada vez más, hasta el punto de alcanzar un nivel de crueldad capaz de cambiar su transcurso y los ideales a los que suele ajustarse su género. El valor de la vida pierde todo su sentido para limitarse a su idea principal. El volver a empezar.

Un camino retorcido

Son los reinicios, los golpes recibidos y las incontables muertes las que llevan a Subaru a cambiar. Él no es un héroe. Y la serie no duda en dejarlo claro una y otra vez. La dualidad de Nagatsuki juega siempre con esos espectros, el escenificar un mundo de fantasía clásica y cambiar sus conceptos —algo especialmente presente en la faceta política y su desarrollo— para que el lector nunca pueda sentirse cómodo en su escenario. Mucho menos pueda hacerlo su protagonista.

La ley principal de Re:Zero implica que todo lo que puede ser ganado puede ser, a su vez, perdido. Los momentos iniciales con Emilia, la única esperanza del chico en un mundo que le amenaza y olvida a cada paso que da, se pierden en una de sus primeras muertes. Sin embargo, es él quien la deja ir ante su inmadurez e inestabilidad emocional ante la idea de que el racismo pueda encontrarse tan presente en lo que considera su propia fantasía.

Con todo, es esta ley y como la obra fuerza su progreso la que sirve de motor para la segunda parte de su historia, la que vivimos ahora de manos de White Fox. Es ahora cuando Subaru brilla, no por su condición al llegar al nuevo mundo, sino por su transformación a la hora de superar sus propios problemas.

En busca de una nueva identidad

Y es así como tanto la obra como su autor juegan con su personaje. Sin particularidades, sin necesidad de sobreponerse a todos sus conceptos, sino llevándolo a través de su evolución como persona. Y, para ello, qué mejor que tratarlo como a una persona. Porque si eran estos pequeños momentos los que daban valor a la primera mitad de la serie —las caricias de Emilia, la confesión de Rem, el voto de confianza de Ram…— y lograban humanizar a su protagonista, es su evolución ahora la que toma las riendas para explotar al máximo esos ideales.

Es el hecho de descubrir el pasado oculto de Subaru. Uno sin secretos. El amor incondicional de una madre; la fuerza y confianza de un padre. El saber como él mismo había dejado de asistir al instituto, el cómo su propio mundo se había empequeñecido hasta el punto de reducirse a cuatro paredes y el miedo de abandonarlas. El terror al que dirán de ti por ser incapaz de afrontar los pequeños pasos del día a día. Es un discurso envuelto en lágrimas y con el corazón en un puño que termina con la declaración más dulce y cálida posible.

«No hay nada malo en llorar. Siempre y cuando puedas sonreír después de hacerlo, todo estará bien. Lo importante no es como empiezas, sino cómo acabas. […] Esos son tus deberes».

La forma en la que la obra da valor a todo el camino realizado hasta ahora es uno tan simple como ese. El giro, el volver al pasado y descubrir —ahora y no al principio— que hay tras la idea de empezar desde cero. El hecho de haber superado todos los obstáculos y, ahora sí, ser capaz de abordar ese miedo y entrar en el instituto. Esa, de todas sus acciones, es la más heroica en cuanto a su persona.

Pero Re:Zero no termina aquí. Y mientras el valor de la vida sigue entendiéndose como una constante de la obra, sus misterios y enredos continúan teniendo efecto en su mundo y narrativa. Lejos de utilizar su punto de inflexión como broche final de la serie y suponiendo el cambio total de Subaru, su autor decide aplicarlo en forma de coraje para afrontar los siguientes retos que aparecerán a través de su desarrollo.

Prueba de ello es el segundo clímax de esta nueva entrega, que en su octavo episodio traza un claro paralelismo con el mismo episodio de primer ciclo. El momento en el que el protagonista consigue dejarse llevar por sus sentimientos —sin máscaras, sin tonterías como evasiva— y arrastra consigo todo lo que le atormenta mientras Echidna le acoge entre sus brazos, tal y como hiciese Emilia en el arco de la Mansión Roswal.

Más allá de su inexistente papel como héroe, es de nuevo la sinceridad más humana de Subaru la que lo enmarca y le representa. La que le da el valor a comenzar desde cero en un mundo diferente. El abrazo de Echidna es solo un paso más. Un pequeño parón en el camino que nos llega a un nuevo desvío. Lo que está por llegar es aún algo desconocido pero siga el rumbo que siga, Re:Zero ha demostrado ser capaz de ofrecer una faceta del isekai a la que rara vez estamos acostumbrados.

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.