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impresiones del anime de Fire Force destacada - el palomitron
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FIRE FORCE: BÚSQUEDA DE EQUILIBRIO ENTRE LAS LLAMAS

El fuego fue objeto de culto en la Edad Antigua, considerándose un elemento sagrado, divino incluso por su relación con determinadas deidades. La adoración de dicho elemento comenzó mucho antes, en la prehistoria, donde la fascinación por el mismo debido a su origen suponía un sentimiento irreprimible. Además, la interpretación del fuego como sinónimo de protección, seguridad y alimento reforzaba el motivo de una posterior veneración. El elemento del fuego, junto al del agua, tierra y viento, es uno de los cuatro elementos de las cosmogonías —narraciones míticas que pretenden dar explicación al origen del universo y la humanidad— tradicionales occidentales, además de ser piedras angulares dentro de la alquimia, la astrología o el esoterismo. Para la primera de éstas prácticas, concretamente, el fuego es un agente de destrucción y renovación, un agente de transformación que se acoge al pensamiento del filósofo griego Heráclito de Héfeso, quien lo concebía como principio y fin, como alfa y omega. En cierto modo, el fuego en Fire Force se trata de manera similar, no tanto como principio de creación como sí de agente de destrucción y renovación. El fenómeno de la combustión espontánea que plantea Atsushi Ohkubo simboliza el fin de la vida humana. La letra omega del alfabeto griego.

El fuego como la extinción del alma

Fire Force tiene lugar en una Tokio alternativa donde los sucesos que ocurren tienen lugar en el año 198 de la Era Solar. En este contexto, la población sigue falleciendo por las mismas causas de siempre pero la principal diferencia es que ahora la causa de muerte más temida en el mundo es la combustión espontánea; un enigmático fenómeno que incendia y transforma a los seres humanos en unas criaturas desprovistas de alma apodadas como «infernales». Para combatir esta amenaza se crea la Brigada Especial Antiincendios, un cuerpo de bomberos especializado que tiene como objetivo final descubrir cuál es la causa del fenómeno y ponerle fin. Shinra, un joven cadete con el poder de crear y moldear fuego con sus pies, cumple el primer paso para convertirse en héroe: ingresar en uno de los múltiples escuadrones que conforman la Brigada. Y, también, para descubrir el secreto tras el incendio que se llevó la vida de su madre y hermano; cenizas de un trágico pasado.

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David Production moldea en el medio audiovisual la última obra del creador de Soul Eater que, sin la osadía de salirse de muchos de los tropos que inundan la demografía y el género, sí emplea la figura del bombero con tino. Al César lo que es del César, porque puede parecer un detalle nimio en apariencia, pero la elección de un oficio real como es el del bombero es todo un acierto por su trato y representación. Porque a pesar de aderezar el oficio con un halo de fantasía que dota de poderes sobrenaturales —todos relacionados con la creación y uso de las llamas— a sus protagonistas, es llamativo que este tipo de profesión —una que, por otro lado, realiza una encomiable y crucial labor en la sociedad— se explote en ficción. Porque los seguidores del género acostumbran a ver un amplio espectro de personajes dedicados a la caballería, a la magia o al exorcismo —los primeros ejemplos que me vienen a la mente— pero no tanto a establecer paralelismos con la realidad. Pero Fire Force crea a partir del bombero, es el punto de partida para un Ohkubo que, por el momento, prefiere no arriesgar en cuanto a narrativa

Y es que al menos el comienzo de Fire Force no deja transmitir un sabor que ya hemos degustado hasta la saciedad. La calma propia que sacude los primeros pasos del viaje tampoco ayuda a atisbar una prometedora proyección capaz de embolsarse la atención de los más indecisos. Sin embargo, tampoco es todo tedio o escepticismo; hay determinados elementos, determinadas facetas que aportan algo de brillo a la pieza. Aspectos técnicos al margen, claro. Una de estas facetas es el trato que se le brinda a los infernales, a esos «monstruos» que abandonan el plano de la humanidad. El método de actuación del cuerpo de bomberos exalta la necesidad de cooperación, de entendimiento entre los distintos componentes. Cada uno tiene un rol, unas pautas a seguir para erradicar las llamas del mal. Para asestar el último golpe, ese capaz de brindar el descanso eterno, es menester recitar los versos de una oración —hecho que da a entender el poder y control eclesiástico en la ficción—. El modus operandi tiene un cariz de respeto y honra hacia la muerte de la víctima, poniendo especial énfasis en el peso que supone arrebatar una vida, y en los efectos que trae consigo.

Y las cenizas… cenizas son

Porque la nueva producción de David Production (JoJo’s Bizarre Adventure, Cells at Work!) hacía alarde de su factura técnica en todo su material promocional, pero lejos de una sobresaliente animación y la pasmosa habilidad para representar el elemento clave en la obra de Ohkubo, la visión de Yuuki Yase como director prefiere profundizar en aspectos de corte más intimista. No pueden prescindir de la acción que cubre el escenario la mayor parte del tiempo, pero sí detenerse brevemente, incidir con sutileza y potenciar el lado más humano de los protagonistas y del oficio. Airear sus dudas y remordimientos, velar por defender una imagen y unos valores. Y por ello no es casualidad que el personaje más atractivo y destacable de Fire Force sea el capitán del octavo escuadrón —quien, casualmente, carece de cualquier tipo de poder sobrenatural—. Una figura que se aleja en cierta medida de los tópicos que constituyen un elenco que, sin llegar a ser mediocre, no cuenta con el encanto que sí tenía el de la anterior obra del autor, Soul Eater. Y que, de paso, sirve para reflejar esa otra cara, la del luto de unos familiares que lo han perdido todo a causa de las llamas.

Como decía, Fire Force cuenta con una serie de elementos que sabe cómo moldear, cómo jugar con ellos para agregar cierto encanto e interés y subsanar a grandes rasgos parte del problema de lentitud en su desarrollo y una trama que, de momento, mantiene su abono en la línea de lo convencional. La ambientación de la obra de Ohkubo también es otro de los matices que David Production calca en su trabajo e incluso eleva la calidad del original. La estética steampunk de esa Tokio alternativa, los guiños mitológicos o el asentamiento e impregnación de todo lo que rodea a la Iglesia hacen que su universo avive la llama de la curiosidad. Una llama que flamea con vigor a pesar de la corriente que provocan algunos de sus defectos, como el componente de fanservice tan característico del creador nipón que no aporta nada al contexto y que lo único que logra es lastrar la imagen del elenco femenino de la obra —a pesar de que David Production suprime o aminora algunas situaciones—.

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Aun así, el trabajo técnico que hay detrás de la producción es elogiable y, por ahora, el motivo de mayor peso por el que darle una oportunidad a la serie. Tal y como comentaba en este artículo, David Production no solo se ha codeado de mucho y muy variado talento proveniente de Shaft, sino que ha contado con un ritmo y un calendario de producción lo suficientemente eficientes como para hacer de Fire Force una serie capaz de ser sostenible a lo largo de su casi medio centenar de capítulos. Un apartado artístico que brilla especialmente en el tratado de sus fondos va de la mano de una animación dinámica, frenética e increíblemente orgánica que despliega todo su potencial en el baile de las batallas. El fuego, pilar narrativo en la obra, no sólo sorprende por el tratamiento de sus físicas y formas, sino que lejos de usarse siempre de la misma manera y caer en la monotonía, se viste el traje de la diversidad para hacer de cada situación una distinta.

Así, el músculo técnico funciona sobremanera gracias a la dirección de Yuuki Yase, una que sabe postularse tanto en los momentos de acción como en aquellos que requieren un corte más intimista, equilibrando así la producción en una que se aleja de lo convencional del género. Además, es la composición que se realiza en multitud de planos la que hace que ésta se sitúe por encima de la media y sea otro de los elementos que eleven el trabajo de Yase. Uno que, sin embargo, palidece en alguna que otra ocasión por ciertos problemas de montaje y una comedia intrascendente y fuera de lugar. Aun con todo y, de nuevo, el trabajo de David Production con Fire Force está muy por encima de lo que se acostumbra en este tipo de proyectos. Una llama que prende con viveza y seguirá haciéndolo siempre y cuando el desarrollo de la obra muestre la suficiente fuerza para avivarla.    

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Edu Allepuz

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.