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Amy Schumer representa a las nuevas comediantes de Hollywood

Amy Schumer, ese huracán de verdades incómodas e ingenio afilado, regresaba en las últimas semanas a la cartelera con una nueva andadura cinematográfica: ¡Qué guapa soy! La cinta, dirigida por Abby Kohn y Marc Silverstein, nos devuelve a la gran pantalla a una Amy Schumer salvaje, deslenguada, pero también dulce (a su manera) y divertida. Si ya demostró en su personal Inside Amy Schumer que su dardo crítico no entendía de razas ni fronteras, o se rio del amor ideal en Y de repente tú (Judd Apatow, 2015), en ¡Qué guapa soy! rompe la barrera impuesta por sus propios complejos hasta acabar definitivamente con ellos.

¡Qué guapa soy! nos presenta a Renee Bennett, una web manager de una firma de cosméticos que vive acomplejada por su propio cuerpo hasta que un día sufre una contusión en la cabeza y la percepción de su cuerpo cambia radicalmente. Desde ese momento, Renee se siente, literalmente, “un pibonazo”.

Amy Schumer interpreta a Renee Bennett en ¡Qué guapa soy!

LA CULTURA DEL BODY POSITIVE

Amy Schumer no cumple con los cánones de belleza de Hollywood, ni pretende hacerlo. Por eso, verla bailar de forma desenfrenada con su tripa al aire supone mucho más que un simple gag en una película de humor. Es un llamamiento a la autoaceptación y el refuerzo a esa enorme parte de la sociedad compuesto por cuerpos naturales, sean altos, bajos, anchos o estrechos.

Pero lo que la filosofía del body positive y la propia Schumer nos grita a los cuatro vientos en películas como ¡Qué guapa soy! es que en una sociedad en la que las apariencias nos lo ponen difícil, no hay mayor barrera que la que nos imponemos nosotros mismos. Es la misma Renee Bennett la que se presenta en las oficinas de la firma de cosméticos dirigida por Avery LeClaire (interpretada por una espectacular Michelle Williams), y es rechazada, que la que se presenta (golpe en la cabeza mediante) días después segura de sí misma dispuesta a conseguir el puesto. Y lo consigue. ¿Qué ha cambiado en este proceso? La confianza en nosotros mismos y la autoestima. Bennett no entiende, hasta que su realidad es modificada, que es capaz de conseguir todo aquello que se proponga habite el cuerpo que habite. Y esa es la lección que Schumer, una vez más, camuflada entre irreverentes maneras y picardía, nos lega: “Soy valiente, soy rubia y puedo con esto”.

Amy Schumer junto a otras actrices de comedia como Tina Fey, Patricia Arquette o Julia Louis-Dreyfus

SI ELLAS RÍEN, ELLAS HACEN REÍR

Hubo un tiempo en el que el humor era cosa de hombres. Probablemente los grandes títulos de comedia que recuerdes de tu infancia (sea cual sea tu edad) estarán poblados por rostros masculinos. ¿Es que acaso no se ha hecho comedia para mujeres en las últimas décadas? Sí, pero se trataba de comedia hecha por hombres para mujeres. Así ha sido hasta que, casi sin darnos cuenta, un nutrido grupo de féminas han recuperado el lugar que siempre les ha pertenecido. Casi como un mantra, esa idea de “nosotras nos reímos de nosotras mismas porque podemos y sabemos hacerlo” se ha instalado en nuestras cabezas. Y ya no echamos en falta la presencia del presentador de turno, con su esmoquin de rigor, para hacernos soltar una carcajada. Desde la magia de ese tándem magnético que forman Amy Poehler y Tina Fey a la frescura eterna de Ellen DeGeneres. Y es que queremos más Cazafantasmas (Paul Feig, 2016), donde ellas sean las que nos hagan reír, y ser heroínas de nuestros propios monstruos. Imprescindible este sketch incluido en Inside Amy Schumer en el que Julia Louis-DreyfusTina Fey y Patricia Arquette celebran el “Last Fuckable Day” de la primera.

Amy Schumer posa junto a R2D2 y C3PO para GQ

VERDADES INCÓMODAS

Amy Schumer no siempre ha conseguido críticas positivas. Su mordacidad incómoda hiere a veces los egos de aquellos que no están dispuestos a dejar espacio a un torbellino de tal envergadura. Es el caso de su polémica aparición en la revista GQ, donde se atrevía a burlarse del sagrado imaginario en torno a Star Wars ataviada con el mítico bikini de la princesa Leia pero compartiendo cama con los robots protagonistas de la saga.

Es quizá por eso por lo que Schumer no siempre ha estado en horas altas. De hecho, no es extraño encontrar artículos cuando navegamos por Internet en los que hablan de cómo su éxito se ha tornado en odio. Cuando piensas en una comedia romántica, no esperas que la chica rechace al chico, menos aún si esta no es la belleza made in Hollywood que esperabas ver. Pero Amy Schumer, el personaje, ni dirá aquello que estás esperando oír ni hará en sus películas aquello que estás esperando que ocurra. Así es cómo Schumer se ha hecho un hueco en nuestras pantallas, a codazos. Y si no encontraba su lugar, se lo ha buscado.

En definitiva, si algo ha hecho Amy Schumer en los últimos años, no solo es levantar ampollas entre algunos sectores de la sociedad, sino introducir nuevos lenguajes, nuevos enfoques y puntos de vista a un género, el de la comedia, hasta ahora dominado y presidido por una única visión, la masculina. Una visión femenina de la comedia no solo es necesaria por el hecho de que únicamente el cine contado por mujeres será capaz de conectar con las auténticas emociones femeninas, sino porque, además, será capaz de abordar problemáticas que hasta ahora parecían ajenas al ojo de los hombres. Si en Y de repente tú, una película romántica en toda regla, las mujeres podían sentir rechazo por el compromiso, querer vivir plenamente su sexualidad y mantenerse alejada de los niños pequeños, en ¡Qué guapa soy! ni siquiera el centro de la trama gira en torno al amor. Su experiencia amorosa es, al final, una aportación más para hacernos ver que en el amor propio está la clave del amor en pareja. Y de amor propio Amy Schumer sabe bastante.

Noelia Salcedo

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