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Crítica de los últimos JediEl despertar de la fuerza recibió críticas muy polarizadas. Mientras muchos veían en el esperado episodio VII poca originalidad y un descarado remake de Una nueva esperanza, otros (pertenecemos a este segundo grupo) celebraban la habilidad de J. J. Abrams para devolver a la franquicia a los terrenos de la trilogía clásica presentando un formidable punto de partida, que con mucha nostalgia colocaba las fichas para abordar una nueva partida protagonizada por el eterno conflicto entre el bien y el mal. Cuestión de percepciones, de lecturas, de ópticas.

Sea como fuere, que El despertar de la fuerza recurriese a una estructura narrativa muy conocida dentro de la saga tenía su pase, y efectivamente se podía interpretar como un homenaje a la trilogía más icónica de la historia del cine, o la búsqueda de ese espíritu que nos conquistó a todos. Pero lo complicado no era esa primera toma de contacto que supuso el episodio VII, sino dar forma al resto de películas, aquellas que iban a obligar a Disney a empezar a crear de verdad, a trazar nuevos argumentos y situaciones, a sorprender a una audiencia muy pasada de vueltas que ya ha asistido a prácticamente todos los trucos y giros imaginables, a monumentales despliegues de efectos especiales, y también a una buena colección de promesas en el cine comercial que han acabado en demasiadas ocasiones perdidas como lágrimas en la lluvia. No aprendemos.

Que un director como Rian Johnson, responsable de la estimulante Looper, tomase el testigo para ponerse a los mandos de Los últimos Jedi sonaba muy bien; por eso, tras visionar la última entrega de la saga, la decepción brilla por partida doble. Parece que todo el talento de Johnson ha sido incapaz de sortear los rígidos caminos del blockbuster contemporáneo, que tanto gustan respetar las majors, entregando el episodio VIII a la implacable factorización hollywoodiense que asola el cine más comercial de nuestros días, y que poco a poco perfecciona sus capacidades para vestir de seda guiones que bien podría haber firmado una mona adecuadamente adiestrada.

Crítica de los últimos Jedi

Y es que Los últimos Jedi puede (dudosamente) presumir de ser la entrega más floja de toda la saga en cuanto a guion. Todos los que en El despertar de la fuerza veían poco esfuerzo a la hora de dar forma a la historia deberían pasarlo muy mal con la nueva entrega, una historia que quiere emular a El imperio contraataca (su relato central es heredero directo) salpicada de momentos ya vistos en El retorno del Jedi y de situaciones tan confusas como excesivamente simplistas en su resolución. En lo que respecta puramente a la trama, llama la atención la pobreza de su desarrollo y cómo esta recurre a caminos ya transitados por la saga y asimilados en buena medida por el espectador. Pero lo que hiere de muerte a este nuevo capítulo es la ausencia de hitos argumentales y la sensación de estancamiento de una trama que juega a prometer durante todo el metraje para finalmente dar paso a los créditos finales sin recompensa alguna, transmitiendo la sensación de que hemos asistido a un capítulo más propio de una temporada televisiva que de una saga como es Star Wars.

Mejorar las películas de la última trilogía es fácil, pero hasta estas presentaban un avance palpable en sus tramas, que con mayor o menor fortuna transmitían evolución en sus personajes y un encaminamiento de la saga hacia puntos o metas concretas. En Los últimos Jedi da la sensación de que todo se ha encallado, y no sabemos por dónde nos conducirá esta nueva trilogía, que se refugia en pasajes y conflictos ya conocidos para disimular su falta de originalidad, su incapacidad para construir algo realmente nuevo. Un defecto coronado con una escena final que amenaza con conducir todo de nuevo al punto de partida de La amenaza fantasma (da mucho miedo tanta similitud con el planteamiento de la ya vivida historia de Anakin).

En el apartado de personajes es donde quizá el espectador podrá encontrar los mayores estímulos de este nuevo capítulo, pero aquí también Los últimos Jedi regala una de cal y otra de arena. Mientras Johnson se esfuerza en dotar de profundidad a los personajes principales de la trama (Rey y Kylo Ren), presentando por primera vez en la saga la fuerza como un camino muy difuso en el que el bien y el mal son capaces de cohabitar, otros personajes reclaman su posición destacada (Poe Dameron), pierden de manera alarmante su magnetismo (especialmente Finn), habitan la narración sin mucha sorpresa (Luke y Leia), se diluyen (Snoke) o directamente se pasean sin mucho sentido por los escenarios (Capitán Phasma y General Hux). Y entre las nuevas incorporaciones poco que destacar en su construcción. Todo el atractivo de la función, en resumen, recae en la relación Rey-Kylo, llevándose Kylo los momentos más interesantes del guion.

Critica Los últimos Jedi¿Pero todo es negativo en Los últimos Jedi? Por supuesto que no. Por el camino nos queda un formidable arranque, puro espectáculo visual, y dos horas y media de Star Wars, el mejor envoltorio que pueda tener un blockbuster. Nuevos mundos, nuevas localizaciones, un diseño de producción impresionante y tan eficaz como siempre, y un buen puñado de momentos con fuerza suficiente como para despuntar como un rayo de sol entre la debilidad que desprende el conjunto.

Pero esto es Star Wars. No es otra franquicia cualquiera. No es otra saga más. Y es de recibo pedir mucho más a Hollywood. Porque hablamos de la primera división del cine comercial para todos los públicos y generaciones. Porque hablamos de una saga instalada en nuestra cultura. Y solo por eso no es de recibo entregar este episodio, después de dos años de desarrollo y el empleo de todos los recursos de la maquinaria del cine comercial para darle forma. Se espera mucho más de Star Wars y se debe exigir mucho más. Llevamos un mes viviendo con la fuerza en las calles, en los museos, en la televisión, en las plataformas, en las tiendas, en las galletas de los desayunos de nuestros hijos… Alimentan y ceban nuestras expectativas, y por tanto nos corresponde reclamar algo mucho más elaborado, porque a estas alturas factorizar la madre de todas las sagas es ya simplemente lo que nos faltaba para perder la fe.

 

LO MEJOR:

  • La dualidad que viven los personajes de Rey y Kylo.
  • La factura Star Wars.
  • La primera media hora.

LO PEOR:

  • Su duración. Para lo que cuenta no sobran 10 minutos, sobra media hora.
  • Su espíritu de episodio televisivo y la ausencia de momentos estelares, propios de todas las películas de la saga.
  • ¿Para plantear esta trama son necesarios dos años de desarrollo?

 

Alfonso Caro

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