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El próximo 3 de agosto llega a los cines Blackwood, la nueva película de Rodrigo Cortés (Buried, Luces rojas). La cinta, protagonizada por Uma Thurman (Kill Bill) y AnnaSophia Robb (Un puente hacia Terabithia), está inspirada en una novela que tiene por título original Down a Dark Hall, y fue escrita por Lois Duncan, autora también de la versión literaria de Sé lo que hicisteis el último verano. Con motivo de la inminente adaptación cinematográfica, Nocturna Ediciones ha rescatado este superventas de terror young adult, dándonos la oportunidad de adentrarnos en la academia Blackwood a lo largo de sus 235 páginas.

Cuando Kit Gordy ve Blackwood Hall despuntar sobre las puertas negras de hierro, no puede evitar pensar: este lugar es maligno”. Así es como da comienzo la sinopsis de Blackwood. El título original en inglés llevaba implícita una pluralidad de significados que van muy ligados a la trama de la novela. En la traducción al castellano, por el contrario, se habrían perdido en cierto modo estos matices, y por eso se optó por utilizar como encabezado el nombre del internado en el que tiene lugar la acción.

Blackwood es un centro de estudios muy peculiar, no solo por el antiguo edificio en el que tiene su sede, sino porque solo cuenta con tres docentes y cuatro alumnas (además del igualmente escaso personal de servicio). Kit es la protagonista de nuestra historia, una joven que se ve atrapada en este siniestro internado mientras su madre y su padrastro se dedican a viajar por el mundo. Las otras tres alumnas no parecen guardar demasiadas similitudes con Kit o entre ellas mismas; sin embargo, han sido las únicas que han pasado el proceso de selección de la academia. Desde el principio se darán cuenta de que algo no va bien en ese lugar, y con el paso de las páginas iremos descubriendo cuál es el misterio y por qué de pronto han empezado a desarrollar talentos artísticos que hasta entonces habían permanecido ocultos.

Debemos partir de la base de que la novela de Duncan fue publicada en 1974. Esto provoca que, aunque en 2011 se hiciera una revisión para incluir en ciertos pasajes de la novela la presencia de teléfonos móviles u otras nuevas tecnologías, se siga respirando en todo momento esa aura de misterio de época, como de historia de mansión encantada y fantasmas clásica. Stephenie Meyer (autora de la saga Crepúsculo) leyó con pavor esta novela cuando solo era una niña, y Sara Shepard (autora de Pequeñas mentirosas) admite que Lois Duncan siempre ha sido para ella una maestra del suspense, y una de sus mayores inspiraciones. En cualquiera de las obras de estas autoras se advierte, en efecto, que están escritas en clave de novela juvenil. Y tal vez sea esto lo que se le pueda achacar a Blackwood si escoges este libro esperando encontrar una lectura más adulta.

Hecha esta aclaración, Blackwood juega con cosas a su favor y cosas en su contra. Lo peor (si es que puede llamarse así) es la poca empatía que despiertan unos personajes bastante planos, que solo apelan a nuestro interés en tanto en cuanto son los únicos que nos pueden llevar a descubrir qué está pasando en el internado. Da la sensación de que este es uno de los aspectos que ha tratado de paliar Rodrigo Cortés a la hora de abordar y actualizar la obra de Duncan, otorgando al menos un background más fundamentado a las chicas, y a la decisión de internarlas en ese centro.

En compensación, Blackwood nos ofrece una historia muy original (sobre todo para la época en la que está escrita) que, pese a lo que pudiera uno pensar, escapa a los clichés que sugiere su premisa. Recuerda a trabajos como El misterio de Hanging Rock, especialmente por la figura de una recta directora que oculta algo; La dama número trece, por su relación con las artes; o la reciente No dormirás, que también encerraba una pedagogía revolucionaria y experimental.

Blackwood se lee casi como si fuera un relato corto. Sus poco más de doscientas páginas no se andan por las ramas, enganchan y se leen en un suspiro. Si se dispone de tiempo, es una lectura perfecta para devorar de una sentada, y funcionará muy bien para los amantes de la literatura juvenil. Para terminar, solo nos queda alabar la edición del libro (que trae un marcapáginas a juego con la portada) y su acierto al intercalar páginas negras entre capítulo y capítulo.

 

Aitziber Polo

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