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«La realidad es leña, la poesía son llamas, y ellas han descubierto cómo hacer fuego».

La dama número trece

Mañana Musa cumple su tercera semana en cartelera y no podemos dejar pasar la ocasión de recomendar La dama número trece, de José Carlos Somoza, cuyas páginas han inspirado el último trabajo de Jaume Balagueró. La novela fue publicada por primera vez en 2003, y B de Books (Ediciones B) la ha reeditado con motivo de su adaptación cinematográfica.

La dama número trece ha cautivado ya a más de 200 000 lectores en todo el mundo, y su secreto sin duda reside en la alquímica combinación entre lo gótico-terrorífico y lo intelectual, entre la belleza y la violencia (en palabras del propio Balagueró).

Salomón Rulfo, profesor de literatura aún trastocado por una profunda herida en su pasado sentimental, comienza a sufrir recurrentes pesadillas en las que se comete un atroz crimen y una mujer le pide auxilio. Unos días más tarde, descubre que los espantosos asesinatos con los que sueña han sucedido de verdad.

Con esta sinopsis, la novela se asienta en el género de misterio y genera la intriga suficiente para invitar a aventurarnos entre sus páginas. Lo que encontraremos en ellas adquiere, sin embargo, mucha más profundidad que la que se nos presenta en la contraportada. La dama número trece es tan original dentro de su género que su éxito está totalmente justificado. Para empezar, podríamos decir que es una novela de investigación sin policías ni detectives de por medio: algo que no abunda. Pero más allá de esto, lo que realmente la hace especial es la baza de la literatura clásica y la poesía que juega José Carlos Somoza.

Las pesadillas de Rulfo son un simple portal para conocer a las trece damas, que traen al relato temas como las sectas, las brujas y la antigua leyenda de las musas. Siempre vinculadas a los artistas, se las conoce como fuente de inspiración de los mismos. Algo, a fin de cuentas, positivo. La novela de Somoza da una vuelta de 180º a esta concepción popular y transforma a estos trece “dones” en criaturas sobrenaturales con un plan siniestro que transciende a cualquier ser humano. Se las presenta no como herramientas de los poetas, sino justamente como lo contrario.

Se puede palpar a lo largo de toda la lectura el gusto que el autor posee por la poesía, y esto se traduce en que sabe equilibrar perfectamente las referencias poéticas que introduce, sin que la historia se haga ardua en absoluto para personas no aficionadas a este tipo de manifestación artística. La dama número trece está escrita de forma muy dinámica y visual. Tiene una clara línea temporal lineal (a excepción de algún que otro flashback puntual), y el único “enredo” que ofrece al lector son los saltos de perspectiva de un personaje a otro que ocurren dentro de un mismo capítulo. Esto, junto a las frases inconexas que se clavan de pronto entre tramos del relato a modo de interferencias, constituyen efectivos recursos que nos sumergen en la confusión sueño-realidad de los protagonistas, instalando en nosotros esa misma incertidumbre que sienten ellos respecto a una amenaza invisible e imparable que son incapaces de controlar. Son las sensaciones las que priman en esta novela de misterio y terror; por ello, aunque Madrid sea su escenario original, en la propia Musa se sustituye la capital española por Dublín sin alterar ni un ápice lo que la historia evoca y provoca en quien la lee o la ve.

La otra vertiente de esta obra es el terror más truculento: José Carlos Somoza posee una capacidad imaginativa y descriptiva que, aunque no explota del todo más que en muy determinados momentos, consigue elaborar pasajes de verdadera pesadilla que serían demasiado cruentos para ser mostrados en pantalla.

Por todo ello, La dama número trece ofrece imprescindibles alicientes tanto a aquellos que hayan visto Musa como a quienes disfruten de este tipo de narrativas. Además, la universalidad de la obra lleva a hacer lecturas más allá de la propia historia de ficción. Y es que también en nuestro día a día, ¿qué hay más poderoso y peligroso que las palabras según cómo se combinen y la forma en que se digan?

 

Aitziber Polo

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Criminóloga con sueños de directora. Pisé el cine por primera vez a los dos años. Con siete vi cómo un cocodrilo gigante se zampaba una vaca entera de un bocado en Mandíbulas, y empecé a leer a Stephen King (y así me he quedado). Mi película perfecta tendría guión de los Coen, banda sonora de Zimmer + Horner y plotwist made in Shyamalan.

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