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¿Por dónde empezar? Han sido 7 temporadas. 161 capítulos. 7 años. Dos horas (en realidad una hora y veintiocho minutos) de finale. Nos toca despedirnos de Rosewood y de las mentirosas.

Pequeñas mentirosas arrancó en 2010, convirtiéndose en un hito de las ficciones adolescentes. Un pueblo. Cuatro amigas. Una quinta misteriosamente desaparecida tiempo atrás. Y mensajes. Muchos mensajes amenazantes de alguien empeñado en acosarlas que siempre firma con la letra A.

Parece mentira que haya llegado este día, pero aquí estamos para hablaros del capítulo final. El que ha solventado casi todas (si no todas) las dudas que han ido surgiendo por doquier durante temporadas que se adivinaban cada vez más rebuscadas e inverosímiles. Parece mentira que se haya acabado, pero hasta los más acérrimos fans (de esos que la seguimos desde el principio) estábamos deseando que nos dieran el respiro definitivo. Porque, desafortunadamente, Pequeñas mentirosas ha sido de esas series que se han estirado cual chicle y llevaba varias temporadas sin un rumbo que mereciese realmente la pena.

Sin más preámbulos, pasamos a hablar del series finale ¡con spoilers! So beware, bitches.

Atención: Contiene spoilers

Por fin hemos sabido quién se escondía detrás de las letras A. D., algo así como un copycat o imitador de la mala malísima A (cuya identidad se desveló en el final de la sexta temporada). Al final todo queda en familia. Y en gemelas porque, ¿alguien nos puede facilitar el árbol genealógico de los DiLaurentis/Drake/Hastings y su prevalencia hereditaria de gemelos, por favor? Había quienes ya se lo esperaban, una hermana gemela malvada (tal y como ocurre en los libros, por fortuna mucho menos enrevesados aunque sean 16 tomos), pero no de Alison, ¡sino de Spencer!

Bueno, al menos es una regular en la serie y hay que reconocer que han jugado (pero bien) con la audiencia en cuanto al tema Spoby, o mediante las promos que incluían flashbacks para hacer parecer la cosa mucho más interesante de lo que en realidad era. El hecho de que A. D. sea la hermana gemela de Spencer ha sido una decepción para gran parte de los seguidores por la poca originalidad de la sorpresa. Jessica DiLaurentis (madre de Alison) y Mary Drake (madre de Spencer, Charlie/Charlotte/CeCe y, obviamente, también de Alex Drake) eran hermanas gemelas, una de ellas con problemas de salud mental. La historia se ha repetido con Spencer y Alex (que también está como para que la encierren en Radley), y resulta que Alison también ha tenido gemelas (preferimos reservarnos comentarios acerca de la procedencia de esas niñas por ser lo más creepy nunca visto). Por si el batiburrillo familiar que traía detrás “A” no era suficiente, después de conocer toda la verdad tememos que haya tantos hermanos secretos como para forjar un atormentador por cada letra del abecedario.

En cualquier caso, si algo bueno ha traído el descubrimiento de Alex ha sido, a su vez, el descubrimiento de Troian Bellisario (Spencer/Alex) en un registro totalmente diferente, con marcado acento británico incluido. También es cierto que ahora quedan explicadas algunas conductas raras de Spencer, porque Alex la ha estado suplantando durante una buena temporadita.

La forma en la que la susodicha se enteró de que tenía una hermana gemela y decidió trasladarse a Rosewood para hacerles la vida imposible a las protagonistas es un poco (demasiado) fortuita. Pero el modo en el que las liars consiguen detenerla tampoco se queda atrás, ya que no lo habrían hecho sin la ayuda de los personajes más insospechados: Jenna y Mona. Y atención, porque para cerrar telón, esta última de repente tiene encerradas como por arte de magia a la gemela malvada y a Mary Drake en un búnker/casita de muñecas muy lejano (¿cabía alguna referencia más para saber que están en Francia?). No olvidemos que el milagro está en que previamente nos habían enseñado como la policía se llevaba detenidas a las dos nuevas “muñecas” de Mona.

En el finale no han faltado los clásicos de la casa: boda, anillo de compromiso, embarazo, máscaras, casa de muñecas, secuestros… y hasta un inquietante teléfono sonando, que en vez de ser un amago ya podría haber sonado para dar un poco de vidilla al final de cuento de hadas.

No vamos a negarlo: nos habría gustado un final más arriesgado, donde el malo o la mala hubiese sido alguno de los protagonistas engañándonos desde el principio como un lobo con piel de cordero (desde el minuto uno se extendieron teorías sobre la posibilidad de que Aria fuese A, sin ir más lejos). Así que la última escena en plan “la historia se repite” se nos ha quedado un poco sosa.

Con todo, llegados a la despedida no podemos evitar aplicarnos una frase que cita Spencer al principio del capítulo: “Sin miedo no puede haber valentía”. Ellas siguen notando que les falta algo sin A, y nosotros notaremos que nos faltan estas pequeñas mentirosas a partir de ahora.

 

Aitziber Polo

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