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Una historia verdadera - El Palomitrón

Did you ride that thing all the way out here to see me?

                                       (¿Condujiste este vehículo todo este camino solo para verme?)

I did, Lyle

(Lo hice, Lyle)

Lyle y Alvin Straight, Una historia verdadera

David Lynch es considerado un director radical, rompedor. Evidentemente lo es, pero también bebe de la tradición del cine clásico de Hollywood. En varias ocasiones ha confesado la influencia que tienen sobre su obra Alfred Hitchcock (la prima de Laura Palmer, interpretada por la misma actriz, se llama Madeleine en referencia al personaje homónimo de Kim Novak en Vértigo, ya que se encuentran en situaciones similares) y Billy Wilder (Mulholland Drive remite a El crepúsculo de los dioses). Otra prueba de su estrecha conexión con el viejo Hollywood es su afición por narrar historias con argumentos de géneros y subgéneros clásicos y, posteriormente, darles la vuelta. De este modo, El hombre elefante es un drama histórico; Dune es fantasía; Corazón salvaje corresponde a la categoría de parejas a la fuga y Carretera perdida y Terciopelo azul son thrillers noir. En cuanto a la cinta que hoy nos ocupa, Una historia verdadera, se podría catalogar como una mezcla entre on the road (películas de carretera donde lo importante no es la llegada, sino el viaje) y norteamericana (melodrama en un ambiente rural de EE. UU.).

Una historia verdadera - El Palomitron

Un anciano decide emprender un viaje de más de 400 kilómetros (podéis consultar el recorrido aquí) en una segadora para ir a ver a su hermano, que ha tenido un infarto. Parece una fábula, un cuento de Disney. Pues no, la historia está basada en hechos reales pero sí, sí que es de Disney. Es difícil imaginar un matrimonio más disparatado que el unió durante unos meses a Mickey Mouse con David Lynch. Una historia verdadera comienza con el logo de Walt Disney Pictures sobrepuesto a un cielo estrellado. Después de estos créditos cósmicos empieza la acción. El paisaje es idílico: campos de trigo, perros que corren libres por las calles, una casa unifamiliar con jardín, una persona tomando el sol. Escuchamos un bellísimo e inconfundible tema de Angelo Badalamenti que nos recuerda a su famosa melodía de Twin Peaks. Sin embargo, como en toda la obra Lynch, hay algo turbio debajo de esta superficie de ensueño. Percibimos un ruido estrepitoso proveniente de la cocina de la casa unifamiliar con jardín en un momento en el que la persona que tomaba el sol se había ido a por hielo. Este hecho no tiene una gran repercusión en la historia posterior, pero es una marca de estilo para recordarnos que David Lynch está detrás de las cámaras. Un relato convencional puede transformarse en un filme de autor.

La autoría de esta cinta es un asunto complejo, puesto que es la primera del director en que no participó en el guion. Por un lado, relata una historia verdadera; por otro, es un proyecto de Mary Sweeney, John Roach, responsables del libreto que el reputado crítico Roger Ebert comparó con el prestigioso escritor Ernest Hemingway por la capacidad de encontrar poesía y verdad en las palabras cotidianas. También merece su porcentaje Richard Farnsworth, pues sin su actuación no habría Una historia verdadera. Finalmente, la atmósfera de la obra pertenece a Lynch. Mediante sus decisiones visuales, la dirección de los actores (cada gesto parece tener trascendencia) y el hipnótico diseño de sonido consigue trazar un fuerte vínculo emocional con el espectador.

Richard Farnsworth en Una historia verdadera- El Palomitrón

Esta última mirada que trasmite el hermano del protagonista al comprender el titánico esfuerzo que ha asumido Alvin para verle una última vez y reconciliarse con él después de años de disputas en toda su quietud es el mejor clímax de la obra de David Lynch y de los más honestos de la historia del cine. La cámara hace un travelling hacia arriba y acaba mostrando el cielo estrellado, símbolo de la amistad y amor que une a estas dos personas al final de una vida. Por el camino hemos aprendido lecciones de vida (“no se puede romper un conjunto de palos”), hemos constatado lo brillantes que son en su trabajo Richard Farnsworth, Sissy Spacek Harry Dean Stanton, hemos reído, hemos llorado y hemos comprendido que, vaya donde vaya, haga lo que haga, la fuerza creativa del genio de Montana siempre lo acompaña.

Pau Jané

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