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El pasajero- El palomitron

Es una verdad ampliamente conocida dentro el mundo de la cinefilia que las cintas de intriga que encierran todos sus personajes en un espacio pequeño y pretenden hacer una radiografía sociológica de la humanidad, aun teniendo fascinantes premisas, mayormente son fallidas. Sus excesivas ambiciones hacen colapsar la propuesta, dejando a la audiencia con cuatro tópicos sobre la psicología humana y una mirada del mundo muy sesgada. Nos referimos a títulos como Exam Circle, no, evidentemente, a 12 hombres sin piedad (ni a su excelente versión modernizada por Amy Schumer). El pasajero promete, entre otras cosas, un retrato sociológico que no acaba de culminar, pero su eficiencia como película de suspense lo compensa.

El principal responsable del éxito de El pasajero es el catalán Jaume Collet-Serra (Infierno azul). Con un ritmo envidiable, casi anual, ha ido perfeccionando un algoritmo de thriller con trasfondo filosófico o social, con el tradicional método del ensayo y error, hasta convertirse en uno de los pocos directores actuales capaces de producir regularmente, y sin pasos atrás, películas de intriga competentes de presupuesto medio (30 millones en este caso) dentro del sistema de estudios hollywoodiense. En esta ocasión, su escepticismo de extranjero en Estados Unidos le permite plantear una mirada crítica hacia el sueño americano y el corporativismo en una sociedad inmersa en una recesión brutal. Con gran ingenio, y con la ayuda de los guionistas Byron WillingerPhilip de BlasiRyan Engle, consigue enmarcar este clima social en una trama de suspense que mezcla Agatha Christie (y su brillante forma de dosificar la revelación de información a la persona que lee) con Robocop (hasta hay un personaje llamado Alex Murphy).

El pasajero- El palomitron

Otra labor por la que aplaudirle es su (parcial) responsabilidad en el resurgimiento de Liam Neeson como héroe de acción. Pese a que no creemos que le habrá costado demasiado convencer a un estudio de Hollywood para que contratase a un hombre blanco heterosexual como protagonista (en contraposición el caso reciente de Taraji P. Henson y su vehículo de acción Proud Mary, que tuvo que promocionar ella sola sin el respaldo de Sony), Collet-Serra ha esculpido uno de los mitos del cine de acción del siglo XXI. Paralelamente al proceso de refinamiento artístico del director, Neeson ha ido ajustando el ritmo y el tono de sus interpretaciones hasta tal grado de precisión que consigue aportar autenticidad a secuencias completamente inverosímiles. A diferencia de en Non-Stop, las fuerzas misteriosas que encarcelan (metafórica y literalmente) al personaje principal en un medio de transporte son encarnadas por un ser humano, porque un tren público no despierta la misma fascinación que un avión. El papel de demiurgo recae en la carismática Vera Farmiga (en la segunda entrega de su saga sobre películas que transcurren en trenes), pues su aura enigmática es clave para el funcionamiento del filme. El dispar e impresionante elenco también está formado por Patrick Wilson (Expediente Warren 2: El caso Enfield), Jonathan Banks (Breaking Bad), Clara Lago (Órbita 9), Sam Neil (Jurassic Park), Florence Pugh (Lady Macbeth), Shazad Latif (Star Trek: Discovery), Elizabeth McGovern (Downton Abbey) y Ella-Rae Smith (Clique).

La combinación entre tanto talento interpretativo y el excelente trabajo detrás de las cámaras (de Roque Baños a Nicolas de Toth, pasando por Nina Jones) produce un thriller muy eficaz y disfrutable. Es verdad que, como en filmes anteriores del director, la misteriosa premisa inicial se diluye un poco al llegar al tercer acto, pero por aquel entonces la película ya te ha ganado con secuencias tan maravillosas como la inicial, que es un prodigio de montaje y dirección.

LO MEJOR:

  • El diverso e impresionante elenco. Mención especial para Vera Farmiga.
  • La brillante secuencia que abre el filme.
  • La premisa enigmática y la puesta en escena que crea esta atmósfera de misterio.

LO PEOR:

  • El tercer acto, que no está al nivel de los dos primeros.
  • La concepción de casi todos los personajes secundarios.

Pau Jané

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