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VIVIR DEPRISA, AMAR DESPACIO

LOS ANTECEDENTES

Después de destacar en festivales como el de Cannes o el Festival de Sevilla, la nueva película del director francés Christophe Honoré, Vivir deprisa, amar despacio, se estrena en España este viernes 10 de mayo. Para el filme, el cineasta se basó en sus propias experiencias de juventud para relatar una historia de amor entre dos chicos (interpretados por Vincent Lacoste y Pierre Deladonchamps) enmarcada en la década de los 90 en Francia, donde se vivió una epidemia de SIDA.

LA PELÍCULA

Jacques (Pierre Deladonchamps) es un escritor que vive en París. Arthur (Vincent Lacoste) es un joven de apenas 22 años que vive en la Bretaña francesa. Un encuentro en una sala de cine provocará que los dos chicos se atraigan rápidamente y quieran volver a verse. Jacques y Arthur comienzan juntos una historia marcada por el amor que sienten mutuamente y por la tragedia: uno de los personajes, Jacques, padece la enfermedad del SIDA. Un problema que, en aquellos años, hace imposible que la relación entre ellos llegue a ser duradera.

Christophe Honoré parte de sus experiencias para contar una historia de amor entre dos seres enamorados, pero con más diferencias que similitudes. El director insiste durante todo el metraje en destacar todos los matices que los diferencian a partir de una serie de características: diferencias de edad para mostrar la distinta generación de Jacques y Arthur, o la aparición de amigos o novias para esclarecer las distintas situaciones vitales que atraviesan. Pese a ello, el filme evidencia cómo dos personas con distintos pensamientos y formas de ver la vida sucumben ante una idea en común: están enamorados.

Se trata de la llegada de un nuevo amor. Para Arthur, una ilusión nueva en su temprana edad. Para Jacques, el último amor de su vida. Aquí es donde reside la carga más dramática de la película, la incapacidad por aceptar el inicio de una relación cuando la propia vida de uno de los protagonistas va a impedir que se pueda desarrollar tal historia. Es el querer y no poder. La imposibilidad de cualquier amago de relación estable entre los dos protagonistas es una sensación que el director muestra cada vez que une a los dos protagonistas en la pantalla donde, a través de muchas miradas y diálogos escasos pero concretos y efectivos, se evidencia la frustración y el desencanto que empaña a uno de los protagonistas (Jacques) frente a la vitalidad radiante de Arthur. Esa incapacidad por desarrollar una historia duradera en el tiempo conlleva que los protagonistas se contenten con mantener una serie de encuentros cargados de pasión, amor, confesiones, muestras de cariño y complicidad.

En los últimos años, dentro del cine francés, hemos podido asistir a una serie de historias donde se muestra cómo la enfermedad del SIDA interfiere (para bien o para mal) en el devenir de los acontecimientos amorosos de los protagonistas. Ocurre en Théo y Hugo: París 05:59, ambientada en la actualidad, o más recientemente en la dura historia de 120 pulsaciones por minuto donde ya se contextualizaba el problema que se trata, de forma más sentimental y menos informativa, en Vivir deprisa, amar despacio: la epidemia de SIDA que azotó a Francia en la década de los 90 y la cantidad de víctimas que no pudieron sobrevivir.

Uno de los aspectos más positivos del filme de Honoré es la contextualización que realiza de la situación que vivían los homosexuales en aquellos años: encuentros fugaces en la oscuridad de los parques, besos y caricias a las salidas de las discotecas, pagar a prostitutos para poder mantener relaciones sexuales o las terapias para el SIDA en las clínicas. Pese a ello, no hay intención de crear sensacionalismo o drama gratuito, sino que forma parte de un relato trágico. Honoré es sincero y consigue emocionar con cada secuencia a lo largo de las más de dos horas de duración del filme.

Vivir deprisa, amar despacio - El Palomitrón

ELLOS Y ELLAS

Vivir deprisa, amar despacio gira en torno a los dos personajes protagonistas. Es la historia que mantienen y  todo lo que gira alrededor de sus vidas lo que destaca de todo el filme. Pero, ante todo, la película destaca gracias a la interpretación de ellos. Los intérpretes consiguen crear unos personajes muy contradictorios a los que les mueven, en todo momento, impulsos tanto pasionales como sexuales.

Vincent Lacoste (Arthur) interpreta notablemente al típico chico soñador que con veinte años quiere comerse el mundo y triunfar; su papel es el menos complejo. En contraposición, Pierre Deladonchamps (Jacques) presenta a alguien que se ha querido comer el mundo, que lo habría conseguido pero ya no, y al que los errores pasados le han provocado un prematuro desenlace marcado por la enfermedad. Es altamente valorable la interpretación del actor en este aspecto, ya que consigue reflejar, de forma brillante, todos los dolores físicos y el desgaste propio del SIDA.

De los actores secundarios debemos destacar la interpretación de Denis Podalydés (como confidente-amigo de Jacques) quien, por su actuación, estuvo nominado a mejor actor secundario en los Premios César. Mayor suerte tuvieron los actores protagonistas (Vincent Lacoste y Pierre Deladonchamps) en el Festival de Sevilla donde recibieron el premio, ex aequo, a mejor actor por sus interpretaciones. 

LA SORPRESA

Que pese a tratar una historia enmarcada por la enfermedad del SIDA, el director no es oportunista ni morboso y no se recrea, salvo lo justo y necesario, en todo lo relacionado con las terapias y tratamientos para la enfermedad. Tampoco lo hace en el desgaste físico del protagonista, salvo en el último acto. Demuestra que lo que de verdad le interesa en Vivir deprisa, amar despacio es contar una historia de amor en unas circunstancias difíciles.

Vivir deprisa, amar despacio - El Palomitrón

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

En el último encuentro que mantienen, los personajes de Jacques y Arthur se encuentran acostados en la camilla de un hospital mientras uno de ellos, Jacques, recibe el tratamiento para su enfermedad. “Podríamos tener una vida maravillosa” le dice Arthur ante la mirada resignada y silenciosa de Jacques. Ambos, después de esa frase, se quedan abrazados sin decir nada. El director refleja, a la perfección, el amor que hay entre ellos y, a la vez, el conocimiento de que no podrán tener la vida que querrían tener juntos.

TE GUSTARÁ SI…

Te emocionó la historia de Call me by your name o 120 pulsaciones por minuto.

LO MEJOR

  • Sus dos protagonistas
  • La presentación de los personajes y de su entorno social
  • Todas las escenas entre los dos protagonistas donde se manifiesta ese amor tan verdadero que sienten.

LO PEOR

  • La duración
  • Que algunas tramas que rodean a los dos protagonistas no estén del todo desarrolladas

Javier Valera

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