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Archie Andrews nos acompaña desde 1941. El simpático muchacho pelirrojo que toca en una banda de música y se debate entre el amor de Betty y Verónica es uno de los máximos referentes del estereotipo “adolescente estadounidense en época de instituto”. Desde las viñetas hasta un largometraje que ha quedado en el olvido, pasando por varias series animadas, han tenido que pasar 75 años para que Greg Berlanti y Roberto Aguirre-Sacasa, con motivo de tan señalado aniversario, hayan podido darles al pueblo de Riverdale y a sus habitantes una adaptación seriéfila en carne y hueso.

Si la primera temporada de Riverdale se estrenó en enero de 2017, en marzo de ese mismo año veían la luz una serie de historias inéditas que se ocuparían de ahondar en cada uno de los cuatro personajes principales (Archie, Jughead, Verónica y Betty) y explicar a modo de precuela qué estaban haciendo durante el verano previo al asesinato de Jason Blossom. Estos relatos cortos son lo que encontraremos en las primeras páginas de Riverdale: Volumen Uno, “un cómic basado en una serie de televisión basada en un cómic”. Roberto Aguirre-Sacasa y el equipo de guionistas de la ficción (que en España puede verse a través de Movistar Series) han sido los encargados de configurar este perfecto complemento al Riverdaleverse que nos llega de la mano de Norma Editorial.

Cuenta Aguirre-Sacasa en el “prólogo” del cómic que Riverdale puede definirse como un cruce entre Archie y Twin Peaks. Sin embargo, esta no era su idea inicial cuando se plantearon hacer la serie. Los cómics originales se enfocaban en el tránsito hacia la madurez de un grupo de adolescentes, y ese era un tema tan manido como con poco gancho para ser adaptado. Fue entonces cuando entró en la ecuación la misteriosa muerte del gemelo de Cheryl Blossom, confiriéndole a Riverdale el toque de oscuridad que tanto la caracteriza.

Esa versión sombría de Archie y su pandilla podemos verla en los mencionados cuatro primeros capítulos del cómic, pero se va diluyendo a medida que dan paso a los cinco relatos cortos restantes. La totalidad de historias se enmarcan en “huecos” de la trama de Riverdale, siempre corriendo paralelas a esta, y aportando información, más o menos relevante, al contexto general de la serie. Así, veremos cómo dio comienzo el idilio entre Archie y la señorita Grundy, conoceremos el motivo de la tirantez entre Jughead y Archie en los primeros capítulos, sabremos por qué la familia de Verónica tuvo que mudarse a Riverdale, y seremos testigos de las novatadas a las que someten a Archie al entrar al equipo de fútbol, de cómo Cheryl le hace la vida imposible a Betty para pasar a formar parte de las Vixens, o de los primeros días de Verónica como una Pussycat.

En líneas generales, ese es el estilo de material extra que nos ofrece el primer tomo de Riverdale. Nada excesivamente revelador, pero sí muy disfrutable para fans de la serie que, al adentrarse en sus páginas, se entretendrán haciendo memoria para corroborar si tal o cual cosa salió en la primera temporada, o si, por el contrario, es un pasaje inédito y extendido de lo ya visto en la misma. Como guinda del pastel, el cómic termina con una sección de contenido especial con más de una veintena de láminas de nuestros personajes favoritos, plasmados por diferentes dibujantes (y siempre acordes a la estética de Riverdale, serie y cómic). Además, esta última parte cuenta con el interesante añadido de cuatro imágenes que muestran la evolución de los personajes principales desde que se creó Archie en los años cuarenta.

En definitiva, este es solo el primer volumen de una serie de cómics a la que le auguramos una larga trayectoria. Como fans de Riverdale y del universo Archie que somos, no se nos ocurre una lectura más amena mientras esperamos la llegada de Las escalofriantes aventuras de Sabrina.

 

Aitziber Polo

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