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promesa al amanecer

LOS ANTECEDENTES

A Romain Gary se le resistieron pocas ambiciones. Quiso ser escritor, y logró su hueco en la posteridad, además de convertirse en el único ganador de dos premios Goncourt. Deseó también fuertemente labrarse un futuro como diplomático, un empeño que no abandonó hasta que llegó a cónsul. Su obcecación, acompañada de una buena dosis de suerte, fue igualmente esencial para sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, donde contendió como aviador en el ejército francés y retornó condecorado como héroe de guerra. Sus 66 años de vida le cundieron para superar sus metas, las de su madre y alguna más. El autor de La vida por delante también probó suerte como jurista, director de cine y guionista. Hasta se casó con una estrella del cine, Jean Seberg.

LA PELÍCULA

En más de una ocasión se han llevado al cine guiones con mucha menos sustancia que la que tuvo en su vida el escritor de origen judío-lituano. Éric Barbier escribe y dirige la adaptación cinematográfica de la novela autobiográfica del escritor, La promesa del alba (La Promesse de l’aube en su título original), una obra que ya llevó a la gran pantalla el cineasta y actor Jules Dassin en 1970. Esta vez, a diferencia de la obra del director estadounidense, el filme se hace eco de un periodo mucho más extenso de la vida de Gary, cuyo apellido real era Kacew.

Así, Promesa al amanecer recuerda su niñez en Polonia, el éxodo al sur de Francia, sus inquietudes adolescentes, sus primeros escritos y su carrera en las Fuerzas Aéreas francesas durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, sobre todo, refleja la fervorosa relación que el escritor mantuvo con la que fue la mujer de su vida: su madre. Marcado por una unión que podía traspasar la obsesión, el vínculo de Romain Gary y su progenitora fue clave durante toda su existencia, tal y como recalca una y otra vez la película. Es más, aunque la vida de Kacew fue, en gran parte, fruto de las circunstancias y el destino, buena cuenta de sus vivencias y sus metas fueron los derroteros de promesas a su madre. Y, trasladadas a la gran pantalla, esas memorias dan como resultado un largometraje efectivo y conmovedor.

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ELLOS Y ELLAS

En principio parece que el protagonista indiscutible de Promesa al amanecer es el genio y figura de Romain Gary, interpretado estoicamente por Pierre Niney, Nemo Schiffman y Pawel Puchalski en diferentes etapas de su vida. Error: la madre del genio de las letras, ama y señora de su destino, es la figura con más poderío de la película. Algo de lo que tiene la culpa, además de la progenitora de carne y hueso, una arrebatadora Charlotte Gainsbourg.

LA SORPRESA

En una historia tan tempestuosa, encima real, llena de miseria, desgracias y guerra, lo fácil sería recaer en el drama. Sin embargo, el filme se permite cierto margen de humor casi esperpéntico que el espectador no se espera en ningún momento y que ayuda a romper con una atmósfera de profunda intensidad.

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LA SECUENCIA/EL MOMENTO

El hospital. Una secuencia trascendental, hipnótica y casi épica en la que el personaje de Romain Kacew (o quizás el individuo de carne y hueso) se desnuda literal y metafóricamente.

TE GUSTARÁ SI…

De pequeño soñabas con convertirte en un ser con una vida fascinante. O si aún te permites fantasear con ello.

LO MEJOR

  • La historia en sí. La vida de Kacew supera a la imaginación del mejor guionista.
  • No recae en el drama fácil. De hecho, se permite cierto margen de sorpresa y buen rollo dentro de la oscuridad que resulta muy eficaz.
  • Las estupendas interpretaciones de Pierre Niney y Charlotte Gainsbourg.

LO PEOR

  • A ratos, la profunda relación entre el escritor y su madre se hace cargante y hasta esperpéntica, rozando lo obsesivo.
  • Sus 130 minutos, a priori necesarios para abarcar la infancia, adolescencia y parte de la juventud de Roman Kacew, en algunos momentos pecan de exceso.

María Robert

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