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PATRIA: TODOS SOMOS PARTE DE ESTA HISTORIA

Estrenada en el 68 SSIFF y ya disponibles sus dos primeros episodios en HBO, Telecinco estrena esta noche el capítulo piloto de la que, nos atreveríamos a decir se convertirá, automáticamente y por muchos motivos, en la ficción más importante y con mayor repercusión de nuestro país este año. Hablamos, por supuesto, de Patria.

Patria adapta la novela homónima de Fernando Aramburu, que se ha convertido en un fenómeno desde su publicación en 2016. El hecho de que el libro haya llegado a tanta gente (como estamos seguros ocurrirá con la serie) se explica ya no en parámetros de calidad, sino atendiendo a la magia del boca a boca y la curiosidad/atracción que despierta su temática. Patria retorna a unos años muy dolorosos de nuestra historia; reabre debates y viejas heridas al diseccionar una miríada de personajes bajo la lupa del conflicto vasco.  

La obra de Aramburu tiene un carácter marcadamente ineludible. Independientemente de ideologías (estas servirán únicamente para dictaminar si se ama o se odia), la historia que cuenta es un vívido reflejo que reaviva la memoria de los vascos, y que se posiciona al mismo tiempo como una de las aproximaciones más estrechas al alcance para que fuera del País Vasco se pueda hacer una idea de lo que se vivió allí mientras ETA estaba en activo. Patria nos interesa a todos, y por ello, para bien o para mal, todos hablarán de ella.

MIRAR SIN VER

Lo que ha ocurrido con Patria en redes sociales es el claro ejemplo de que vivimos en la era de la comunicación, la inmediatez y la libertad de expresión sin ningún tipo de autofiltro o reflexión. Y es que la serie está en boca de todos mucho antes de estrenarse debido a las polémicas desatadas por el trabajo promocional de HBO.

La liebre saltó con el díptico que coloca la descorazonadora imagen de una de las protagonistas sosteniendo en sus brazos el cuerpo de su marido asesinado, lado a lado con la de un etarra, desnudo y aovillado en el suelo de comisaría ante la impasible mirada policial. No pocos vieron en este diseño la pretensión de equiparar víctimas con verdugos. Es lo que conllevan las heridas profundas: si se las enreda, siguen escociendo. Y a veces incluso vuelven a sangrar.  

Como era de esperar, la publicación de esas contundentes imágenes levantó ampollas (seguramente era lo que se buscaba). Sin embargo, aún sin haber leído el libro, el rótulo “todos somos parte de esta historia” debería resultar esclarecedor. Quienes hayan seguido la campaña promocional de Patria además, sabrán que esta línea, la de la contraposición de las dos caras de la moneda, es la que ha seguido la plataforma de streaming desde que lanzaron los primeros teasers, y es a su vez fiel reflejo de la esencia de la novela de Aramburu.

En aquellos días de redes incendiadas, el propio escritor intervino para decirse y desdecirse respecto a la opinión que le merecía el cartel, apuntando en su último comunicado que no le había parecido acertado el trabajo de HBO en esta promo concreta. A pesar de ello, señalaba que las crudas y sobrecogedoras imágenes contrapuestas salen directamente de varios pasajes del libro, y son un mero aviso de lo que es Patria: una representación caleidoscópica de posturas y reacciones diversas ante la triste realidad que azotó al País Vasco y tuvo un impacto transversal en la sociedad.

EL DOLOR NO ES UN MONOPOLIO

Enfrentarse a Patria supone estar dispuesto no quizás a entender, sino a aprender. Lo que consiguen la novela de Aramburu y su adaptación a serie, es retratar el duelo prolongado en el tiempo de un lugar que respira diferente. Porque sería imposible que lo hiciera igual después de todo lo padecido. La historia de esas dos familias, la de Bittori y Miren, que pasaron de la amistad a la enemistad, ofrece una ventana abierta al exterior, para quien quiera asomarse a lo que fue, a lo que es, vivir en Euskadi.

El lector vasco reconocerá en esas dos mujeres, en sus expresiones y sus maneras, a sus amas, sus amonas, sus izebas. Reconocerá la lluvia, los containers cruzados en mitad de la carretera, el miedo a un pelotazo que te pillase de por medio cuando había jaleo en lo viejo. Le vendrán a la cabeza amigos, vecinos, y en el “mejor” de los casos meros conocidos, que pagaban el impuesto revolucionario, o que vivían con el soponcio de que uno de sus hijos estaba metido en ETA, o a quienes les habían matado a alguien en un atentado, o quienes tenían que cruzarse el país de punta a punta para poder visitar al ser querido en la cárcel.

Patria habla de un tiempo y de unas consecuencias que pagamos todos. Quizás, si no se ha vivido en el País Vasco, cuesta un poco más asumir que la pérdida no entiende de bandos. Que las víctimas no son solo las mortales. Cuesta hacerse a la idea de que los chismorreos en el pueblo tenían en el punto de mira tanto a las familias de los asesinados como a las de aquellos que podrían haber estado implicados en apretar ese u otro gatillo. Cuesta, tal vez, reconocer que igual que existieron atentados, no es incompatible ni justificable que existieran torturas; que no solo hay blancos y negros, también hay grises entre unos y otros. Demasiados grises que tampoco se libraron del miedo.

Un extremo tachará a Patria de X cosa porque vista desde fuera, y sin tratar de mirar más allá, resulta más empática la plasmación del dolor de una de las partes; mientras que curiosamente, el extremo opuesto lo entenderá al revés e insistirá en que están blanqueando el terrorismo. Pero no. Hacer una lectura en esta línea es estar tan errado como quienes siguen considerando que dos realidades objetivas, pretenden medirse o ser equidistantes. No. Patria no disfraza, ni maquilla. Por doloroso que sea mirar, es lo que es. Es lo que fue.

Patria son las Bittoris, que vieron la vida de sus seres queridos escaparse entre sus dedos.

Las Miren, cuyo amor maternal sobrepasa cualquier límite.

Los Txatos, que se convirtieron en objetivos por no contribuir a la lucha armada.

Los Joxian, que saludan con el pensamiento por miedo a las represalias contra su familia.

Las Arantxas, que no están dispuestas a dar la espalda a los amigos de toda la vida.

Los Gorkas, que en un momento dado hicieron algo que no les gustaba por ayudar a un hermano.

Los Joxe Maris, que corrieron con las consecuencias de desempeñar la lucha en la que creían.

Los Xabier, que nunca han podido recuperarse después de que su vida destiñese al gris.

Patria son las Nereas, que se resisten a asumir que su vida nunca volverá a ser igual.

Patria es la historia de una herida que ha dejado una cicatriz indeleble. Patria es una historia de la que todos somos parte.

Aitziber Polo


68 SSIFF: PATRIA (CRÍTICA) 

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Criminóloga con sueños de directora. Pisé el cine por primera vez a los dos años. Con siete vi cómo un cocodrilo gigante se zampaba una vaca entera de un bocado en Mandíbulas, y empecé a leer a Stephen King (y así me he quedado). Mi película perfecta tendría guión de los Coen, banda sonora de Zimmer + Horner y plotwist made in Shyamalan.