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Mizu Sahara y la lección de vida en Música de acero destacada - el palomitron
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MÚSICA DE ACERO: APRENDER A VIVIR

Mizu Sahara siempre abre los volúmenes de la obra de marras con la cotidianidad más sutil, con lo anodino en apariencia de cualquier amanecer; con ese haz solar que advierte y atraviesa el cristal de la ventana, y con el melódico canto de unos pajarillos como sinfonía. Su pluma y narrativa retratan con increíble humanidad algo trivial para la mayoría de seres humanos. La llegada de un nuevo día. Al fin y al cabo, un año tiene trescientos sesenta y cinco días; trescientos sesenta y cinco despertares. Tristes, alegres, melancólicos, esperanzadores, indiferentes… Son varias las tonalidades que pueden pigmentar ese lienzo (casi) en blanco que puede suponer ese nuevo día, esa nueva oportunidad. Y es con el constante reflejo de ese —reitero— anodino acto con el que Mizu Sahara potencia sutilmente el mensaje de su obra. Porque tras el sonido de ese juego de zapatos, Música de acero no solo esconde una historia de superación, sino una que insiste en la comprensión y entendimiento individuales

La autora parece conocer a la perfección que estas tareas no son algo sencillo de lograr. Que, en realidad, la burbuja que creemos que nos protege ejerce de prisión, de maquiavélica estancia donde, curiosamente, el preso es también carcelero. Un constante duelo de identidades que termina cobrándose más bajas de las necesarias y que tiene la soledad como meta, como objetivo «vital». Porque el aislamiento es la vía de escape más fácil; es no admitir que hemos sido derrotados, que se trata de una retirada estratégica. Sin embargo, la derrota es total; lo es porque perdemos contra nuestro propio ser. Y está permitido perder contra el mundo, pero jamás contra uno mismo. De esta derrota habla Mizu Sahara a lo largo de las páginas de Música de acero; la expone sin ningún tipo de pudor, la retuerce y emplea para marcar contexto, para entender la psique de sus protagonistas.

Mizu Sahara y la lección de vida en Música de acero protagonistas - el palomitron

La derrota de Ichinose Kimitaka, Hana Kikuchi, Tsubura Ichikawa o Kimie Morino. Múltiples nombres y apellidos, así como apariencias. Porque puede provenir tanto del deporte, como de los cambios que experimenta el cuerpo humano en su etapa de crecimiento o del ferviente deseo de anteponer al resto incluso por encima de uno mismo. Música de acero es un baile de auténticos fracasados, como sus personajes se autodenominan en ocasiones, pero también lo es de humanidad. Porque, ¿quién no ha fallado? ¿Quién no ha sentido el aliento del fracaso tensando sus músculos y nublando su vista? Tan imposible no haberlo experimentado en alguna ocasión como necesario para aprender, para sobreponerse e intentar ser mejores. Aunque ese «ser mejor» no lleva aparejado alcanzar el éxito, no al menos como se quiere vender desde un modelo societario donde impera la escasez de valores y de humanidad.

Mizu Sahara y la lección de vida en Música de acero protagonistas 2 - el palomitron

Porque Música de acero habla también del «éxito», pero asume su concepción desde un punto de vista saludable, educativo. Sahara ofrece una lección de humildad que recorre hasta el más ínfimo recoveco de su obra. Porque a menudo se suele caer en el erróneo pensamiento de que tener éxito en algo lleva consigo algún tipo de reconocimiento; que no es más que la necesidad de tangibilizar, de ofrecer una recompensa. El binomio esfuerzo-recompensa amparado bajo un materialismo nocivo, fruto de la presión de esos estándares societarios que comentaba atrás. Mientras, Música de acero ilustra una tipología de éxito que no suele predicarse con la frecuencia que debería, el de aprender a sentirse bien con uno mismo. El triunfo de las pequeñas cosas. Aprender a no ahogarse en esa burbuja, a romper los muros del cautiverio y dejar de ser preso y celador.

Mizu Sahara enseña a través de sus personajes la necesidad de aprender a vivir, de no dejarse arrastrar por la corriente popular, de encontrar aquello que te haga palpitar, que despierte algo dentro de ti. No caer en el error de formar parte de las mofas, de los repulsivos prejuicios que no sirven más que para delimitar y silenciar voces interiores. Se sirve del baile como medio para hablar de ello, como ese par de zapatos portadores de nuevas esperanzas. No es más que una excusa para narrar todo aquello que subyace, lo que explota en la pista de baile. Creo que Música de acero es una obra que deja poso tras su lectura, su «filosofía» es educativa y su presencia resulta incluso necesaria dentro de un marco donde impera la medición y obtención de logros, donde meros dígitos importan y tienen más voz que la calidad o el esfuerzo dedicado. Mizu Sahara muestra el bienestar de sentirse bien con uno mismo, de sentir y hacer sin condicionantes. Que el éxito no es algo universal, y que cualquier avance, por pequeño que sea, importa; aprender un par de pasos más, aceptar los cambios o publicar cada uno de los seis tomos que componen esta obra. Todos hemos fracasado alguna vez, y volveremos a hacerlo. Pero cada año tenemos trescientos sesenta y cinco despertares, trescientas sesenta y cinco oportunidades de revertir la situación. Música de acero tiene por mantra la siguiente pregunta: «¿Cómo debe de ser ese alguien capaz de cambiarle la vida a otra persona?» y lo cierto es que la respuesta no podría ser más sencilla: alguien que entienda el esfuerzo y el deseo por querer ser mejor. 

Edu Allepuz

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.