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FIN DE SIGLO IMAGEN DESTACADA- EL PALOMITRON
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LESGAICINEMAD: FIN DE SIGLO

LOS ANTECEDENTES

La casualidad llevó a que Lucio Castro estuviera en Barcelona buscando un actor catalán que protagonizara su ópera prima, Fin de siglo, y que por medio de distintos conocidos llegara hasta el actor Ramón Pujol que rápidamente aceptó el proyecto de encarnar a uno de los protagonistas de una historia de dos hombres homosexuales. Fin de siglo ha recorrido el mundo obteniendo premios y elogios de distintos festivales de cine y estos días se ha proyectado en el Festival Lesgaicinemad de Madrid y el 22 de diciembre se estrenará en algunos cines seleccionados antes de formar parte del catálogo de Filmin a partir de marzo de 2020.

 LA PELÍCULA

Ocho (Juan Barberini) es un turista que recorre las calles de Barcelona sin un rumbo fijo y sin conocer, a simple vista, a nadie. Javi (Ramón Pujol) ha vuelto a su ciudad de vacaciones. Después de pasar, varias veces, por su lado sin percatarse de su existencia, Ocho invita a su Airbnb a Javi y así comienza una historia pasional donde los dos protagonistas se dan cuenta de que se conocieron hace veinte años, en la misma ciudad.

Fin de siglo es una disección muy precisa del amor en distintos momentos de la vida, entre el pasado, presente y el futuro soñado: desde un encuentro espontáneo en la juventud hasta otro más provocado veinte años después. Con una tendencia al cine contemplativo, casi rozando lo documental, la cámara de Lucio Castro parece convertirse en mero espectador del romance de los dos protagonistas. Castro muestra a sus dos personajes con la distancia necesaria dependiendo del momento y a la vez sin ningún tipo de pudor por mostrar todos los momentos de intimidad. ¿Qué quiere decir esto? Que a diferencia de otras propuestas de cine LGTB (veáse Call me by your name) donde el director no se atreve a mostrar una escena sexual nada explicita, Castro coloca su cámara en plano fijo y muestra un hecho tan puro y frenético como puede ser una relación sexual entre dos hombres sin ningún miedo por mostrar sus cuerpos desnudos si es necesario. Es la simple imagen de dos cuerpos entrelazados y juntos en una cama que podría recordar al Almodóvar de sus primeros años.

Una referencia clara es la trilogía de Richard Linklater (Antes de amanecer, Antes del atardecer y Antes de anochecer) sobre todo al darle más valor a los diálogos de los personajes que a dotar a la película de múltiples elementos formales, aunque en el caso de Lucio Castro le da una vuelta a la propuesta de Linklater lo que convierte a Fin de siglo en un ejercicio muy original a la par que arriesgado. La película se desarrolla en dos espacios temporales (quizá tres) donde los protagonistas no tienen la misma edad pero dentro del universo casi mágico que crea Castro es creíble que los propios actores no hayan sido caracterizados para diferenciar entre unos años y otros ya que utiliza el ambiente para mostrar esos cambios que se han producido desde hace veinte años hasta la actualidad: desde la ausencia de móviles y el cruising con el temor al VIH en la década de los 90 a las aplicaciones para ligar y follar y el PreP como forma de prevenir la enfermedad en la actualidad. Otro aspecto interesante es el modo en el que muestra cómo los propios protagonistas han cambiado de pensamiento y de forma de vivir a lo largo de los veinte años que no se han visto: de tener una aparente (falsa) vida de heterosexuales con novia incluida e ideas de formar una familia y unos sueños profesionales concretos a unos cambios de pensamiento, de preferencias sexuales, laborales y, sobre todo, vitales.

Lo que puso ser y no fue es algo que se suele retratar en las películas románticas pero es en las formas que adopta cada película donde se distancia de lo tópico o no: en Los Paraguas de Cherburgo (1964) Jacques Demy mostraba, en la última escena de la película, un reencuentro, años después, de dos antiguos amantes con vidas distintas pero con el sentimiento de desencanto e infelicidad en sus rostros. Es algo que también muestra, en cierto modo, Lucio Castro: de cómo se es incapaz de volver hacia atrás aunque solo sea por amor. De esta forma, Castro desarrolla un epílogo maravilloso donde lo mágico se funde con una ansiada realidad, la que no se consiguió.

Fin de siglo es, por tanto, una de las historias LGTB más sorprendentes de los últimos tiempos y es así porque no recae en clichés típicos ni en aspectos que destilen falsedad sino que desprende mucha pureza gracias a unos personajes con los que cualquier espectador puede empatizar porque se están contando cosas de la vida cotidiana de cualquier generación. Solo se trata de dos chicos homosexuales que intentan sentirse bien con ellos mismos.

FIN DE SIGLO EL PALOMITRON

ELLOS Y ELLAS

Ramón Pujol y Juan Barberini son los dos protagonistas de esta bella historia escrita por el joven director argentino Lucio Castro. El peso fundamental de la película recae en ellos dos en todo momento, sus miradas y sus conversaciones entre lo confidente y lo pasional convierten una película sencilla en algo mucho más profundo e interesante. Porque la película está compuesta por largas secuencias donde los diálogos son la base principal para que el interés no decaiga y el modo de interpretar de estos dos actores ayuda a que eso no ocurra.

Igual que pasa en las películas comentadas anteriormente de Richard Linklater, aquí lo importante son los pequeños detalles y las interpretaciones de estos dos protagonistas también hay que analizarlas en ese sentido: en los gestos, en los silencios, en lo que hacen y en lo que no.

LA SORPRESA

Que de un rodaje hecho en 12 días con un presupuesto mínimo y con un equipo de menos de diez personas se haya conseguido hacer una historia tan profunda.

FIN DE SIGLO - EL PALOMITRÓN

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

Más que centrar la atención en una secuencia en concreto merece la pena destacar todos los momentos donde el director se centra, con primeros planos, en los rostros de unos personajes desencantados con la vida que tienen y eso ocurre, sobre todo, en el último acto de la película.

TE GUSTARÁ SI…

Si te gusta la trilogía de Richard Linklater, por ejemplo.

LO MEJOR

  • Los protagonistas
  • Los escenarios de Barcelona escogidos
  • Lo original del guion
  • El ritmo escogido

LO PEOR

  • En algún momento se nota que se ha tenido que doblar algún diálogo y desentona.

Javier Valera

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