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Todos y cada uno de nosotros vivimos en un sistema en el que lo nuevo siempre estará por encima de lo arcaico, de lo vetusto. Esa ideología llevada incluso a conducta humana es totalmente contraria para emprender un nuevo viaje, da igual el origen o el destino, hablamos de una nueva travesía en tu vida que casi siempre se verá desdibujada. Este aspecto lo podemos trasladar prácticamente a todos los terrenos pero si nos centramos en el que nos atañe, la literatura, estamos ante el más peligroso de todos. Existen multitud de prejuicios, pero si miramos con lupa a las obras que nos envuelven muchas salen peor perjudicadas que otras. Y si hablamos de obras perjudicadas, podemos hablar de La balada del viento y los árboles (Kaze to Ki No Uta).

Fue en 1976 cuando Keiko Takemiya comenzó a publicar dicha obra en la revista Shôjo Comic. Revista cuya editorial tardó en aceptar el verdadero potencial de la publicación y cuyas respuestas y problemas cada vez eran mayores de cara a la autora. Dificultades que, casi siempre, venían con el apellido de la censura, el tono empleado e incluso los temas tratados en Kaze to Ki No Uta. Una obra que no quería —ni quiere— herir a nadie, pero que se atreve a contar una realidad que hasta entonces no se había mostrado en tal formato. Pero fue gracias a la lánguida aceptación del público y a la ayuda de su compañera Môto Hagio —creadora del género Boys’ Love y quien publicó la primera serie yaoi— como Takemiya consiguió hacerse un hueco en el mercado y logró situar su obra como una de las precedentes del género. Una totalmente necesaria entre nuestros lectores y que, por primera vez en la historia, consigue salir de Japón gracias a Milky Way Ediciones.

La balada del viento y los árboles (Kaze to Ki No Uta), de Keiko Takemiya introducción - El Palomitrón

Podríamos decir que Môto Hagio y Keiko Takemiya son las auténticas creadoras del género Boys’ Love. De este modo, las miembros del Grupo del 24, no sólo ayudaron a innovar en el shôjo, sino que incluso dieron lugar a un subgénero dentro de él. Hablamos del yaoi. Un concepto que hace unos años sonaba como estrago pero que a día de hoy ha supuesto un fenómeno mundial con millones de seguidores. Acto que posiblemente ha hecho que muchas de las editoriales de nuestro país poco a poco nos deleiten con obras de tal índole, y que, a día de hoy, Milky Way Ediciones haya podido conseguir La balada del viento y los árboles. Un atrevimiento por su parte que denota el amplio abanico de la editorial y el riesgo que antepone ante cada una de sus licencias. Estamos ante una obra que, posiblemente, no sea para todo el público; aunque desde aquí alzamos la voz no solo para que le deis la oportunidad que se merece sino para que —si todavía no lo habéis hecho— deis un primer paso a un género que, libre de tabúes, es capaz de dejarnos con historias tales como Kaze to Ki No Uta. Una vez superada esta primera toma de contacto comenzamos la reseña de La balada del viento y los árboles #1. Un análisis donde no destripamos detalles sustanciales de su argumento e intentamos ir más allá de lo que vemos a primera vista.

Arlés, sur de Francia. Finales del siglo XIX. Serge Battour es hijo de un rico vizconde y una hermosa gitana y, pese a su talento académico y carácter bondadoso y gentil, sufre el desprecio de sus iguales debido al color de su piel; un claro efecto del racismo vivido en la época, un racismo cuanto menos trivial. Mientras estudia en el prestigioso Instituto Lacombrade, se siente fascinado a la par que atraído por su compañero de habitación, Gilbert Cocteau, un muchacho de gran belleza y aspecto angelical pero de naturaleza promiscua, convertido en el juguete de su manipulador tío Auguste. Alrededor de Serge y Gilbert se manifiestan los vicios y pecados de la sociedad clasista, racista y homófoba en la que les ha tocado vivir. La sociedad de finales del siglo XIX. Una época en la que en Francia se instauraba el Segundo Imperio Francés y comienzos de la Tercera República. Una época en la que autores como Víctor Hugo juzgaban a través de sus letras los desaciertos del régimen y en esta ocasión Takemiya, desde tierras niponas, aprovecha para introducir este contexto en su obra. Un entorno que en ocasiones jugará a favor, otras en contra, de todos sus personajes

La balada del viento y los árboles (Kaze to Ki No Uta), de Keiko Takemiya Serge y Gilbert 1 - El Palomitrón

Keiko Takemiya es capaz de crear un elenco de figuras para su obra que la dotarán de cuerpo y espíritu. Un cuerpo más masculino que femenino, pero con un espíritu lleno de espinas y heridas cuya sociedad no es capaz de curar. Por un lado tenemos a Serge Battour, uno de los protagonistas principales que no solo demostrará en sus primeros compases el papel de una persona de color frente a una sociedad clasista e imperial, sino que dará una lección moral de cómo ese sentimiento puede revocarse y convertirse en un protagonista con fuerza, personalidad y osadía. Un papel totalmente necesario para dar voz a las minorías sociales y conseguir tintar de color neutro los prejuicios sobre las razas. Un papel totalmente revolucionario que Takemiya se atreve a mostrar a un público algo reticente frente a este perfil, pero que al final, funciona. Pero Serge Battour no existiría sin Gilbert Cocteau. O al menos su esencia no sería la misma. Cocteau es el antagonista perfecto, ese al que odias y quieres por igual, ese que deseas perder de vista pero que necesitas constantemente, ese al que Takemiya parece haberle vendido su alma. Un personaje que consigue gritarle a Kaze to Ki no Uta, incluso a ti como lector. Sabe jugar con las emociones, con las personas y consigo mismo. Una personalidad que puede ser intolerante para muchos, pero que la autora necesita para hacer prosperar la obra. Necesita a Cocteau, pero también necesita a Battour.

La balada del viento y los árboles (Kaze to Ki No Uta), de Keiko Takemiya Gilbert 1 - El Palomitrón

Ambos son imprescindibles, pero no tendrían voz sin todos aquellos que les envuelven. Ya sean profesores, alumnos o familiares. En esta ocasión Takemiya se luce, incluso en un primer tomo. Un elenco numeroso, bien compuesto y que se define en menos de 400 páginas. Una tarea que parece casi imposible, pero que se convierte en una realidad palpable. Es cierto que este aspecto puede ser de los mejores presentados en este primer volumen, pero a su vez uno que puede fallar es la densidad con la que se presenta. La balada del viento y los árboles es una obra con un diálogo que poco calla, ya que incluso los pensamientos hablan. Todo queda por escrito. Un recurso que opino se emplea para enriquecer la obra y dotarla con una mayor identidad, pero que a su vez reconozco no es para todo el público. Hay que tener en cuenta el bagaje cultural de la misma, la época en la que fue publicada y el mensaje que pretende lanzar; unos aspectos que la endurecen y puede que la conviertan en una lectura algo intensa, pero a su vez, necesaria. Por el contrario, el ritmo narrativo que posee es magnífico. Capítulo a capítulo logra que el lector quede atrapado en su red, siendo Takemiya quien otorga la puntada final en cada una de sus viñetas. Ya sea con una rosa, tiñendo de blanco el escenario o sepultando alguno de los tabúes de la época.

La balada del viento y los árboles (Kaze to Ki No Uta), de Keiko Takemiya Serge y Gilbert 2 - El Palomitrón

Toca mudarnos de siglo, incluso de país. Francia, siglo XIX. Estamos frente a una época donde el clasismo imperaba, sobre todo en la alta sociedad francesa. Un clasismo que se puede notar en los comportamientos o ideales de los personajes, y uno en el que Takemiya esfuerza su trazo y su línea para dibujarlo frente a nosotros. Esbozar un periodo histórico es complicado, pero si el principal aporte tiene voz se convierte en una tarea mucho más sencilla. Pero la autora no solo se atreve a mostrarnos esta época a través del día a día en un internado, sino que se lanza de lleno a destapar el lado oscuro del clasismo, la realidad sobre el racismo y aquello que parecía totalmente prohibido pero que, parece ser, era una práctica más habitual que lo pensado, la homosexualidad.

La balada del viento y los árboles conjuga todos estos elementos al unísono y los convierte en los auténticos protagonistas. Parece una utopía que en los años 70 se hablase ya de tales temas, pero es más utopía pensar que se modelen en una obra. Keiko Takemiya consigue hacerse con todos, defenderlos y usar a sus personajes para poder desgranarlos uno a uno. El instituto como tal será el escenario para observar ese clasismo imperial, ese clasismo donde la riqueza, el poder y la perfección parecían estar en lo más alto del escalafón social. Un estado que la mayoría de personas buscaban pero que muy pocos tenían la oportunidad de alcanzar. Serge Battour es el títere perfecto para exaltar los problemas racistas de la época. Un racismo que parece desaparecer cuando la inteligencia o los artes lo relegaban a la sombra, pero que no llegaba a ocultarse nunca. Muestra de ello son los intensos comentarios hacia Battour, unos comentarios que suben y bajan de tono según necesite la obra. Pero la pieza más detonante y explosiva de la misma es Gilbert Cocteau; una figura exquisita que esconde blasfemia, sensualidad y erotismo a partes iguales. En este caso es él la marioneta que se postula como la figura homosexual de la obra, al menos la más factible. Pues ésta esconde muchas otras que por vergüenza se esconden ante fachadas tintadas de rosa. Y justamente este tema es uno de los mejores tratados por la autora.

Takemiya no le teme a nada, y esa valentía es la que le ayuda a presentar la homosexualidad como un elemento más de la narración, un elemento imprescindible que ejerce de parte central y que juega con todos los personajes, el lector e incluso la autora. Su fuerza es desgarradora y el atrevimiento de mostrarlo tal y como es, no dejarse nada tras el tintero y convertirlo en un protagonista es algo único y osado; sobre todo si pensamos cuándo fue publicada la obra. Consigue crear escuela de un género que poco a poco ha ido ganando fuerza en la industria y que ha abierto los ojos a muchas personas, ha ayudado a otras y ha luchado por la igualdad entre sexos. Todavía hay mucha guerra que lidiar en este campo, pero personas de la talla de Takemiya demuestran que la lucha puede ver la luz algún día; ya sea a través de personajes como Gilbert Cocteau o de personas reales como tú o como yo.

La balada del viento y los árboles (Kaze to Ki No Uta), de Keiko Takemiya Serge y Gilbert 3 - El Palomitrón

En definitiva, La balada del viento y los árboles es un manifiesto de la vida misma. Trata aspectos muy necesarios para la época, pero también para nuestro presente. Nos demuestra que la balada que componen los sentimientos puede ser obscena pero a la vez liviana; nos enseña que la música no siempre puede sonar bien para todos; pero lo más importante, alza la voz ante un grupo de minorías sociales que más de una vez han sido los protagonistas de obras, pero Takemiya realiza un trabajo excelente al mostrarnos los dos lados —o incluso tres— de cada uno de sus lexemas. Estamos ante una obra repleta de verdades, de alegaciones y ante todo, de sentimientos. No se puede vivir sin escuchar al corazón, no se puede silenciar a la vida y mucho menos no se debe callar a aquello que irradia nuestro ser; aquello que nos convierte en personas. Y justamente eso es lo que expone, sin timidez alguna, Kaze to Ki no Uta.

«El viento vuela libre. Y nos cuenta… mucho más de lo que piensas»

La balada del viento y los árboles (Kaze to Ki No Uta), de Keiko Takemiya Serge 2 - El Palomitrón

nivel artístico La balada del viento y los árboles presenta un dibujo soberbio, con diseños muy marcados por sus líneas, atractivos y ante todo con unas escenas muy elaboradas donde los personajes —y en esta ocasión también los fondos— son los auténticos protagonistas. Cada una de sus páginas demuestran la valentía y la apuesta de la autora, demostrando así una fuerza distintiva que te hará disfrutar cada una de sus viñetas. Gozamos de unos primeros planos sensacionales donde no solo podemos apreciar el sumo cuidado que tiene la autora con los rasgos faciales, sino que también podemos percibir el mimo que antepone a todos los elementos de cada escena, pues el detalle es uno de los grandes protagonistas de la obra. Un detalle que veremos en escenas totalmente estáticas y a su vez en planos donde el movimiento copa el papel. Un juego de líneas que Takemiya sabe conjugar para conseguir un resultado cuanto menos distinguido.La balada del viento y los árboles (Kaze to Ki No Uta), de Keiko Takemiya Gilbert 3 - El Palomitrón Keiko Takemiya consigue transmitir con su dibujo y hace que tanto el terreno que conocemos como aquel que desconocemos llegue a nuestros ojos, dejando las confusiones de lado y mostrando la realidad tal y como es. Una realidad que ha tenido muchos problemas de ejecución y representación, ya que la mirada que quiere transmitir Takemiya siempre se ha llevado a juicio. Un juicio centrado en la censura. Superada esta vigorosa frontera, la autora muestra todo lo que considera necesario. Expone a los personajes y su realidad e incluso se expone a ella misma. Un trazo realista que, considerando la época y situación, son dignos de admirar y alabar. Un trazo que no abandona ningún detalle y consigue enmarcar cada una de sus viñetas como única. Sin duda alguna, Takemiya jugó todas sus cartas presentando esta historia prendada de este arte. Ahora es el momento de ver cómo el lector oriental es capaz —o no— de aceptar este reto cultural que desenmascara uno de los géneros más vituperados de los últimos años. Un reto que, si se acepta, puede suponer un descubrimiento extraordinario.

Hace unos meses la editorial asturiana Milky Way Ediciones anunció tres nuevas licencias para 2018. Entre ellas encontramos La balada del viento y los árboles, de Keiko Takemiya. Una obra que cuenta con un total de diecisiete volúmenes recopilatorios en Japón y cuya llegada a nuestro territorio ha supuesto una grata sorpresa, ya que no solo supone una gran apuesta por parte de la editorial sino que además suma un sello de exclusividad mundial por el momento siendo así el primer país que logra contar con esta obra a excepción de Japón.

La balada del viento y los árboles #1 está compuesto por un total de 340 páginas en blanco y negro contando además con más de 15 páginas a color. Estamos ante una edición con formato B6 rústica con sobrecubierta cuya dimensión es de 13 x 18 cms. La calidad de los materiales que conforman este tomo es indiscutible, en la línea de este tipo de obras de la editorial. La portada logra un gran impacto visual tanto por su diseño como por sus tonalidades violeta y cobalto que aportan sosiego y requiebro a partes iguales. En esta ocasión, al igual que ocurre en la totalidad de su catálogo, la editorial ha apostado por una edición realmente exquisita que guarda total consonancia con todo lo publicado hasta el momento. En contraposición a una práctica común por parte de la editorial, en esta ocasión la portada es totalmente diferente a la original, dejando un sello de exclusividad y renovación frente a la primera edición de la obra. Un diseño que encaja perfectamente con el contenido del primer tomo donde presenciamos a Gilbert Cocteau, uno de los protagonistas de la obra principal. Puede que sea un esbozo algo diferente a lo convencional, pero casa perfectamente con la obra y funciona como un primer telón realmente satisfactorio.

La balada del viento y los árboles #1 salió a la venta el pasado agosto a un precio de 9,50€. Este tomo consta de un total de dos capítulos y un prólogo introductorio en los que reside el inicio de la historia de Serge Battour y Gilbert Cocteau. Puede que esta edición no comparta obsequios tradicionales de la editorial como los marcapáginas, pero en esta ocasión Milky Way Ediciones nos deleita con un estuche especial que funciona como un perfecto envoltorio para recubrir el manga y cuidar así la sobrecubierta del mismo. Un estuche cuyo diseño encaja perfectamente y parece una ventana más que nos abre las puertas a una nueva aventura. En cuanto a errores de impresión o diseño no hemos encontrado ninguno. Tanto el entintado, como el sangrado y las viñetas gozan de una perfecta armonía en el tomo y además está perfectamente traducido a nuestro idioma, cortesía de Marc Bernabé y Maite Madinabeitia (DARUMA Serveis Lingüístics, SL).

Marisol Navarro

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