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Steins;Gate, la original, jugaba con el drama de una forma cíclica. Cada intento era una nueva puñalada en la vida de Okabe. Cada intento era una nueva pérdida. El intento del ser humano de desafiar a Dios y caer ante la fuerza divina.

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Steins;Gate 0 es diferente en ese sentido. En ella el humano sabe cual es su posición y cual es la de Dios. ¿Que sentido tiene hacer frente a un ente que te supera en todos los sentidos posibles? No hay esfuerzo, no hay intento, solo la desesperación que acompaña al fracaso.

Determinación [Fin del ciclo]

Pero no en este caso. Steins;Gate 0 ha dado muchas vueltas desde sus inicios. Y, aunque lo cierto es que es una de esas obras que siempre es mejor recorrer en su totalidad que no hacerlo capítulo a capítulo, las piezas empiezan a cobrar sentido.

No es perfecta, desde luego. Pero si la observamos ahora, vemos tras de sí unas secciones diferenciadoras. De la deconstrucción original a los tintes distendidos que servían como contrapunto a la dicotomía personal del protagonista hasta la caída emocional en picado que deriva en el teatro futurista del capítulo anterior.

Porque si en ese momento su estructura sonaba, quizás, un tono por encima de lo que nos tiene acostumbrados la obra —algo que, insisto, se entiende al contar en que el espacio con el que cuenta White Fox es mucho menor al de su novela visual original—, ahora las bambalinas dan paso a una escena que se identifica como su magnum opus.

Hablamos del regreso. De ese porvenir que tantas veces ha surgido en el atrevimiento de las criticas pero que nunca ha llegado a aparecer. Hablamos de Hououin Kyouma. Del lab member 001, del «el científico loco que ansía el caos y destruir la estructura de poder mundial».

Por supuesto, hablamos de Steins;Gate.

Renacer y réquiem [ ̶Ze̶r̶o̶]

Hay una escena en los primeros compases de este episodio. Una sola escena que marca la introducción a su arco final. Pero que también hace las veces de conexión. De nostalgia, de esperanza. Porque cuando Amadeus aparece una vez más no la vemos a ella. No literalmente. Vemos a Makise Kurisu. Y cuando le asegura a Okabe que seguirá a su lado en cada salto, que puede contar con ella, casi podemos recitar la cita antes que ella.

Hay una introducción. Un fundido y un título. Pero no es necesario. No resulta necesario que el estudio elimine el ‘Zero’ del mismo. Sabemos que hemos vuelto, que nos encontramos ante Steins;Gate de nuevo.

Pero incluso así, es glorioso. Es algo eufórico y dinámico. Okabe debe saltar 3000 veces en el tiempo para regresar a 2011. Es una locura inimaginable, algo que supera con creces lo que el hombre se vio obligado a hacer durante el infierno cíclico de su primera entrega. Pero eso ya no importa, porque las piezas se han movido una última vez y todo lo que queda es determinación. La idea de hacer lo correcto, de acabar con el sufrimiento.

Y es glorioso porque resulta familiar. Es la historia de Okarin una vez más. Es él, junto a Makise, volviendo una y otra vez atrás, al pasado, recitando su misma misión y recibiendo la misma reciprocidad una vez y otra más. La obra decide hacerlo rápidamente. Se toma permisos tan importantes como el de acompañar las escenas con la voz de Itou Kanako, sumando una importante inmersión que se mueve entre lo motivacional y lo nostálgico y nos lleva de lleno a un viaje inolvidable.

Tan inolvidable que toma enserio esa escenificación teatral. Ahora si es real, su extensión lo permite y brilla. Brilla en el encuentro con Rukako, en como Okabe sigue adelante una y otra vez a pesar del dolor. Hasta que llega el punto de convergencia, su sentencia de muerte. Y entonces se desborda. Okabe no solo superar a Stratfor y a Leskinen, supera al propio tiempo, a su enemigo más acérrimo. Y, en cierta forma, se supera a si mismo.

Hououin Kyouma [El Psy Congroo]

Y así este vigésimo primer episodio se convierte en una celebración. Tendréis que perdonar a un servidor, que se siente incapaz de alcanzar un mínimo grado de objetividad en este texto. Pero es que Steins;Gate nos invita a ello, nos pide que nos sumerjamos en su historia y no hagamos nada más que disfrutar. Es casi un pacto invisible.

Porque cuando se abre la puerta y aparece de nuevo, todo toma forma. Es una escena que ya hemos visto anteriormente pero esta vez resulta especialmente frágil y tarda poco en desmoronarse. Pero lo hace con una explosión; algo fractal. Y cada fragmento obtiene un tono diferente.

Está el puñetazo de Daru, el como Okarin —que no Okabe— se compadece de todo lo que ha perdido hasta ahora. Pero también está ese momento en el que la risa macabra aparece por primera vez. Por primera vez en más de veinte capítulos. Y ahí está, el como Hiyajo se dirige a él como Okabe, confundida, pero Daru lo entiende y exclama un sonoro “Okarin”.

Porque ha vuelto. Hououin Kyouma ha vuelto a Steins;Gate y la obra renace de las cenizas de Zero. En un salto emocional enorme, que nubla incluso las pretensiones de Jukki Hanada y su guión para tornarse en algo celebrativo.

Es un nuevo paso, uno agigantado que resuena a lo largo y ancho de la obra con Okarin colocándose su bata de nuevo o nombrando a Hiyajo como la lab member 009. E incluso con un final que se convierte en el mayor cliffhanger de su argumento hasta el momento, Steins;Gate se mantiene invicta, con Kyouma a la cabeza.

Ha pasado por mucho, no solo la obra, sino también su protagonista. Pero esto marca un nuevo inicio. La batalla entre Okarin y Dios sigue en marcha pero incluso aunque nos encontremos ante la entrega más ambiciosa y poderosa de la obra hasta ahora, su simbolismo no deja duda alguna. Y es que, hasta que no volvamos a su drama, lo único que importa es que hay esperanza de nuevo. La esperanza de que Hououin Kyouma alcance Steins Gate.

— «El psy congroo»

Óscar Martínez

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6 Comentarios

  1. Me encanta leer esta crítica. Casi puedo sentir como compartimos el gusto por este maravilloso anime.
    Alguien pone en palabras lo que siento al ver el capítulo.

    • Me alegro mucho de que lo disfrutes, es muy bonito que se aprecie así este esfuerzo. Tratamos varias obras cada temporada así que estás más que invitado a vivirlas con nosotros 🙂

  2. Me robaste todas mis emociones. Me pasó exactamente lo mismo en el capítulo 21, pero hoy al ver el 22 estoy demasiado triste para poder decir algo. Un abrazo desde Chile.

  3. Hola, me gustaría que me explicaras mejor lo sucedido en éste capítulo. Sinceramente me perdí en la parte donde los miembros del laboratorio hacen de señuelo mientras Okabe huye. No entendí bien la razón de por qué logra viajar al pasado, es como que va corriendo y comienza a viajar en el tiempo. Te agradecería si me pudieses explicar mejor esa escena en específico, el resto lo comprendí bien. Gracias

  4. Hola, sabes que no me quedó del todo claro lo sucedido en este capítulo, siendo más específico me refiero a la escena donde los miembros del laboratorio hacen de señuelo y Okabe huye. No comprendí por qué razón Okabe logra viajar al 2011 nuevamente mientras se le muestra corriendo. Quisiese que me orientaras respecto a este escena en particular. Te estaré agradecido. Gracias

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