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KEEPERS, EL MISTERIO DEL FARO

LOS ANTECEDENTES

Las islas Flannan (también conocidas como Seven Hunters) es un conjunto de siete pequeñas islas en la costa occidental de Escocia. Estas islas siempre fueron fruto de la superstición por parte de los marineros, y el misterio acontencido a principios del siglo XX en la isla de Elian Mòr, la más grande del grupo y la única en la que había construcciones humanas (la capilla y el faro de nuestra película), ha sido fuente de muchas teorías. Y por supuesto el punto de partida para que los guionistas Joe Bone y Celyn Jones, que vieron en esta leyenda un materia prima muy potente para escribir Keepers, el misterio del faro, armen un relato frío y tenso, en la línea de algunos de los mejores títulos que nos regaló el cine de los 70.

LA PELÍCULA

Como la propia isla en la que se desarrolla la narración, Keepers, el misterio del faro brilla de manera muy especial entre la oferta cinematográfica actual, porque supone una regreso a una forma de hacer cine que resulta muy complicado de encontrar actualmente en las carteleras. El televisivo Kristoffer Nyholm (The Killing o Taboo) firma su ópera prima en el largometraje contando con una localización y tres personales principales, y lejos de perderse o verse superado por el reto saca todo el partido posible de los recursos para dotar a la historia de una fuerte personalidad, que con mucha eficacia refleja nuestra condición humana más primitiva, aquella que vive encadenada dentro de nosotros y que en cualquier momento, y espoleada por el contexto adecuado, puede asomar y escapar para hacer trizas no solo realidad, sino también el propio conocimiento que podamos tener de nosotros mismos y de nuestros actos.

La localización de la historia, ese islote dejado de la mano de dios y sometido a las inclemencias del mar del norte, es un factor que define la vida de los protagonistas, pero también es un escenario inhóspito, urgente de dejar atrás para todos ellos. Porque si bien en el primer tramo de la película nos encontramos con tres hombres que asumen con madurez sus vidas, en cuanto el demonio (en este caso unos lingotes de oro) se sienta en la mesa para jugar con ellos con las cartas de la avaricia, todos ellos se derrumban y sucumben a la vanidad, el asesinato y la enajenación. La violencia como consecuencia de nuestras debilidades.

Todo este proceso está narrado con pulso, con planos sostenidos que se recrean en las facciones de los personajes y con una tensa violencia que recupera el poder de grandes maestros del New Hollywood como Peckinpah, Friedkin o Lumet. Sin efectos, sin trucos, sin prisas. Todo se va sucediendo con un ritmo pausado que pone el foco en el viaje interior de sus protagonistas y se recrea en los pasajes más viscerales, dejando que la violencia en su estado más natural, sin prisa y con total libertad, se pasee por la pantalla, o avise que vive muy cerca del encuadre.

Y todo coronado con un magnífico trabajo en fotografía del danés Jorgen Johansson, muy acostumbrado a sacar todo el rendimiento a parajes salvajes, y versado en series de calibre como Borgen o Bron (El puente).

ELLOS Y ELLAS

En este caso solo ellos, y la ausencia de ellas quizá sea determinante para el trascurso del relato… En cualquier caso, tanto Gerard Butler (en una de las interpretaciones más sólidas de su carrera) como Peter Mullan firman dos soberbias intepretaciones en un duelo de ruda veteranía solo suavizado por la inexperiencia del joven Donald, interpretado con mucha solvencia en sus matices por Connor Swindells (Jamestown). Los tres son capaces de transmitir las consecuencias de sus acciones y decisiones, y los tres comulgan con una propuesta que depende en gran manera de sus miradas y sus silencios.

LA SORPRESA

Su renuncia a los ritmos fílmicos que imperan hoy en día en el thriller, su aroma a cine setentero y, por tanto, la humanización de su violencia.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

James Ducat (el personaje de Butler) consumando lo que el espectador lleva minutos rezando para que no pase.

TE GUSTARÁ SI…

Estás saturado de los thrillers videocliperos que nos ha regalado este siglo, de su pirotecnia, y de su falta de profundidad en los personajes.

LO MEJOR

  • Gerard Butler y Peter Mullan, sin duda.
  • Su fotografía, gélida y salvaje.
  • Su advertencia: nadie está a salvo de las tentaciones y las repercusiones de nuestros actos pueden ser nuestro peor castigo.

LO PEOR

  • Que no nos llegue más cine así.
  • Que tengan que ser las distribuidoras pequeñas o medianas las que apuesten por estos títulos.

Alfonso Caro

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.