El Palomitrón

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EL VERANO QUE VIVIMOS

LOS ANTECEDENTES

El verano que vivimos es una de las películas españolas más esperadas del año. En un primer vistazo, su cuidada presentación recuerda a la de Palmeras en la nieve, otra superproducción de época que cosechó un gran éxito de público en 2015 y con la que comparte productora. Si bien el planteamiento es similar (historia en dos líneas temporales, ambientación en años 50, etc.), hemos notado más mimo y madurez cinematográfica en la propuesta de El verano que vivimos.

Si tuviésemos que buscar más referencias se nos vendría rápidamente a la mente la excelsa Expiación de Joe Wright o la serie Gran reserva, siendo esta última el primer contacto del director Carlos Sedes con el entorno bodeguero y con la cámara de Jacobo Martínez. El hecho de que la mayor parte del equipo de actores y técnicos procedan del mundo de la televisión dice mucho del salto de calidad experimentado por este medio en la última década. Un orgullo del que presumimos poco.

LA PELÍCULA

Para evitar malentendidos, queremos empezar con un claro SÍ a la película en su conjunto y con nuestra sincera recomendación de que vayáis a disfrutar El verano que vivimos en pantalla grande. Lo merece.

Sin entrar en detalles destripadores, diremos que la película nos descubre una historia de amor que se desarrolla en dos épocas (90s y 50s). Para ello recorre varios puntos del territorio español, siendo Jerez y la costa gallega (la ferrolana para más señas) los lugares clave de la acción. En primer lugar, tenemos que destacar el gran trabajo del equipo de localizaciones y el arte de Jacobo Martínez como director de fotografía. La composición de planos, el uso de la luz y la acertada selección de paletas de colores con los que retrata cada entorno son uno de los puntos fuertes de la producción. Todo lo probado y aprendido en la ya mencionada serie vinícola o en Gran hotel, con la costa cántabra como telón de fondo, ha sido bien utilizado por el artista, que firma su mejor trabajo hasta la fecha.

Entendemos que no es sencillo contar dos historias de cierta complejidad y múltiples escenarios en 2 horas de duración. Sería muy fácil criticar algunas extravagancias y trucos “ahorra tiempo” del guion, pero preferimos posicionarnos en la neutralidad crítica al darnos cuenta de que pudimos seguir y disfrutar la trama principal a la perfección. Sí, nos habría gustado tener más tiempo para involucrarnos más en el relato contemporáneo (que es secundario), pero es que lo sucedido en la viña jerezana y alrededores da para mucho y requiere su tiempo. Con lo que había sobre la mesa, creemos que el director Carlos Sedes tomó buenas decisiones.

¿Y la banda sonora? Ay Federico Jusid, no te merecemos. Una elaboradísima y extensa composición, con una preciosa mezcla de cuerda y piano que nos ha llegado muy adentro. Como sucedía en la incontestable obra maestra que es El secreto de sus ojos, la música llena cada espacio y enriquece la emoción de cada momento. Lejos de considerarla un artificio, la partitura ayuda a compensar la poca chispa que despiertan los contactos entre la pareja protagonista. La colaboración de Alejandro Sanz en el poderoso tema principal es otro acierto, aunque desde aquí cuestionamos la necesidad de encajarlo antes de los títulos de crédito.

En resumidas cuentas, El verano que vivimos ofrece un gran espectáculo audiovisual que emociona y entretiene, pero que no alcanza la excelencia por la inesperada falta de química entre su pareja protagonista.

ELLOS Y ELLAS

En general estamos satisfechos con las actuaciones del equipo actoral, pero también creemos que su trabajo no llega al nivel del realizado por el equipo artístico. Reconocemos el ejercicio de retracción y contención de Javier Rey (Orígenes secretos) en su papel de introvertido arquitecto itinerante, pero no nos termina de convencer el desarrollo de su relación con el personaje de Blanca Suárez. Aunque ella está bellísima y encantadora, no nos encaja demasiado como bodeguera andaluza de corte campestre. Algo similar podríamos decir del pequeño papel realizado por María Pedraza (Toy Boy), que no llega a cuajar.

En la parte positiva querríamos destacar la perfecta selección de casting que es Pablo Molinero. Todo un torrente de carisma que se apodera de la cámara en el desarrollo de su papel como patrón del viñedo. También nos apuntamos el nombre de Guiomar Puerta, que lleva muy dignamente las riendas de la historia contemporánea en su papel de periodista en prácticas. Nos da la impresión de que podría haber dado mucho más si el personaje de su compañero de andanzas, un solo correcto Carlos Cuevas, estuviera mejor construido.

LA SORPRESA

Nos ha sorprendido para bien el impresionante espectáculo visual y sonoro que entrega la película. Por otro lado, aunque es verdad que nuestras expectativas estaban muy altas, nos sorprende la poca química existente entre Javier Rey y Blanca Suárez.

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

Nos quedamos con la carrera de caballos en la playa de Rota (arte en movimiento) y con la escena final a los pies de la Ermita de Santa Comba en Ferrol, aunque esta última nos recuerda mucho a la de otra película que mencionamos previamente.

TE GUSTARÁ SI…

Si te gustan las superproducciones de época o si simplemente quieres escapar de la realidad durante dos horas y sumergirte en un espectáculo audiovisual con marca española.

LO MEJOR

  • La dirección de fotografía que nos regala Jacobo Martínez.
  • Un enorme Pablo Molinero y la prometedora Guiomar Puerta.
  • La banda sonora de Federico Jusid. Una delicia.

LO PEOR

  • La química entre Javier Rey y Blanca Suárez.
  • Algunas extravagancias del guion.
  • La historia contemporánea habría dado para más.

Pedro Figueiras

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