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Crítica de Yesterday wo Utatte destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA CRÍTICAS REDACTORES

YESTERDAY WO UTATTE: REENCUENTROS Y ECOS DEL PASADO

A lo largo de mi infancia y adolescencia jamás he sabido responder con sinceridad a la recurrente cuestión sobre qué querer ser de mayor. Recuerdo que, cada vez que había que elaborar un escrito sobre ello o simplemente esbozar una argumentación rápida, mi respuesta era tan variable como lo era mi imaginación. Era capaz de imaginarme en multitud de escenarios laborales y, a la vez, en ninguno. La simple idea de centrarme única y exclusivamente en algo, en emprender un camino y perderme otros tantos  —mejores o peores, quién sabe— me aterrorizaba. Aun así, no le daba más vueltas. Vivía sin pensar en ello, retrasando lo inevitable hasta ese momento en el que tienes que elegir y donde, desgraciadamente, el sistema educativo y sus inoperantes armas no te habrán brindado la pertinente orientación. Eliges. Y con tu elección se dan los primeros pasos que dan forma a ese camino más o menos lineal que durante años rechazabas en tu mente. Llegas a su fin, a un primer destino, y tras echar la vista atrás piensas que, tal vez, otros caminos, otros senderos, te habrían llevado a un destino más confortable; uno donde sentirse bien con uno mismo es posible. Y no, no es tarde para tomar bifurcaciones, pero la sociedad es una juez con tan poca permisividad como predisposición a entender lo ajeno.

La vida adulta es jodida, y el camino hacia ella no lo es menos. De eso trata precisamente Yesterday wo Utatte, la última producción del estudio Doga Kobo que copa de slice of life dramático la temporada de anime más atípica que probablemente vivamos en mucho, mucho tiempo. Adaptando el manga homónimo que Kei Tôme comenzó en 1997 y terminó en 2015 en las páginas de la revista Grand Jump, con un total de 11 volúmenes recopilatorios, el estudio nipón regresa con una nueva dosis de un género que se le da especialmente bien. La comedia, eso sí, aunque bien medida e implementada en la obra de marras, quedará relegada a pequeños momentos de distensión. Con ligeras reminiscencias al estilo autoral de Inio Asano, Kei Tôme hace que Yesterday wo Utatte se sienta como un trampolín entre etapas de la vida. El escenario de una azarosa agrupación de personalidades con psiques y visiones de la vida muy diferenciadas, pero con algo en común: los fantasmas de un pasado que moldea su futuro.

Crítica de Yesterday wo Utatte Rikuo - El Palomitrón

El sonido de un despertador —ese extraño aparato análogico eclipsado a día de hoy por los teléfonos móviles— termina de golpe con el silencio y la quietud propios de la noche. Sus agujas marcan las cinco de la madrugada, y Rikuo amanece para ir a trabajar. En su pueblo, los cuervos se despiertan antes que las personas y sus graznidos orquestan la melodía del baño lunar. Entre los mismos, Rikuo intercambia breves palabras con cada uno de los clientes que pasan por la tienda de conveniencia en la que trabaja. Ha pasado más de medio año desde su graduación universitaria, y los planes de Rikuo están en las antípodas de lo que cualquiera esperaría de él; no sabe qué hacer con su vida, pero al menos las condiciones de su empleo temporal le brindan la libertad y el escaso compromiso que parece anhelar. Es una persona perdida, sin rumbo, como tantos otros. Sin embargo, sus constantes debates existencialistas ahora compartirán espacio con los relacionados con la amistad y el amor, pues la aparición de la enérgica y misteriosa Haru y el reencuentro con Shinako, antigua compañera de clase y amor imposible de Rikuo, pondrán patas arriba sus emociones y harán que, tal vez, comience a andar en línea recta en lugar de en círculos como hasta ahora. 

Sing Yesterday For Me

Yesterday wo Utatte no es una obra apta para todo el mundo. La melancolía tonal que impregna la narrativa y una plomiza ambientación que funciona de maravilla gracias a la cohesión estética del conjunto no se lo pondrán fácil a esa parte del público que busque un coming-of-age de tintes románticos más propenso a la distensión que a la reflexión. Hay cierto trabajo de predisposición y, por supuesto, aquellos que no hayan experimentado una situación similar a la de los protagonistas no entrarán en el juego que Yoshiyuki Fujiwara —director del proyecto— traslada con elegancia y eficacia al audiovisual, no a menos que afilen su sentido de la empatía. Como mencionaba, es un escenario similar a algunos de los planteados a lo largo de la carrera de Inio Asano, un autor muy idiosincrático que tiende a explorar la psicología humana a través del retrato de una amalgama de personalidades en distintas etapas y perspectivas de la vida bajo un halo profundamente existencialista. 

Crítica de Yesterday wo Utatte Haru - El Palomitrón

Bajo unos primeros compases que cuecen a fuego lento el tejido emocional imperante en la ficción y con cierta maestría en el manejo de los tiempos y acontecimientos, Yesterday wo Utatte pone todo el peso sobre unos personajes que tienen más en común de lo que puede parecer a primera vista. Se enfatiza en sus diferencias, en sus contrastes, pero es cuando se profundiza en ellos, cuando se penetra en sus corazas autoimpuestas, cuando se ven ciertos patrones en común. Rikuo es un veinteañero abrumado por el simple hecho de vivir, que no sabe qué hacer con su vida y que se niega a dar ciertos pasos. Sus sentimientos hacia su ex compañera Shinako reavivan en su fuero interno cuando ésta regresa a la localidad tras un tiempo fuera trabajando como profesora. Sin embargo, sus sentimientos no son correspondidos, pues Shinako se niega a pasar página y olvidar un amor vivido tiempo atrás y que jamás volverá. Ambos de la misma edad, ambos correlacionados con el amor de forma semejante; al fin y al cabo aspiran a amores que son imposibles. Como contrapunto, Yesterday wo Utatte utiliza la figura de Haru, una joven de dieciocho años vivaz que siempre lleva a un cuervo sobre el hombro, para aportar cierta disonancia en la radiografía de sus personajes

Huir hacia ningún lugar

Sin embargo, el castillo de naipes no tarda en venirse abajo y el pesado blindaje emocional que tendemos a vestir se erosiona poco a poco mostrando miedos e inseguridades. Mostrando el lado más humano de las personas. Haru es y se comporta de una determinada manera como mecanismo de defensa, como vía de escape de los ecos de un pasado ligado a la muerte de un ser querido y al hecho de pasar página. Huye porque cree que lejos del foco estará a salvo, y actúa para intentar olvidar. Haru y Rikuo son personajes propensos el escapismo, la diferencia es que Haru huye hacia delante, avanza mientras transcurre la vida. Rikuo, en cambio, huye de la realidad ignorándola, sumido en una vorágine destructiva de la que parece no querer salir. Y del mismo modo que Shinako y Rikuo están a merced de un amor imposible, Haru también lo está al pretender enamorar a éste. Yesterday wo Utatte se sustenta en un triángulo amoroso que prescinde de quedarse solamente en lo superficial y explora no solo el dolor y la impotencia de no ser correspondido, sino también los conflictos propios de la amistad bajo este prisma. Reúne a individuos que huyen, aman y que, a fin de cuentas, solo quieren encontrar a alguien a quien cuidar y ser cuidados. Todo ello mientras aprenden lecciones vitales y fraguan el complicado paso hacia la vida adulta.

Crítica de Yesterday wo Utatte Rikuo Shinako Haru - El Palomitrón

Yesterday wo Utatte es un título con un ambiente a menudo lóbrego y nostálgico; lo es por sus formas, pero también por el efecto que tiene en los espectadores. Quizá los más jóvenes no lo noten, pero los que ya tenemos cierta edad palpamos esa ambientación propia de finales de la década de los 90. A diferencia de recientes adaptaciones de mangas añejos como Banana Fish o Devilman Crybaby, donde se opta por trasladar sus respectivos imaginarios a nuestra época, en Yesterday wo Utatte se aboga por mantener la localización temporal del material original. Así, no es extraño ver cintas de cassette, teléfonos con disco de marcar, teles de tubo, cabinas telefónicas por doquier y otros trastos que parecen provenir casi del medievo. Y aunque esto pueda parecer algo baladí en esencia, no lo es porque beneficia a la propia ficción al ver cómo algunos de sus temas cobran mayor fuerza y empaque. Porque en un mundo sin teléfonos móviles, un plantón a las puertas de un cine se vive de una manera totalmente distinta a uno en una época donde estamos permanentemente conectados. Algunas situaciones cotidianas tienen cierto halo de mística alrededor, pues serían impensables a día de hoy en un mundo hiper tecnologizado, y es fácil que despierten el lado más nostálgico de parte del público. 

Crítica de Yesterday wo Utatte Rikuo Shinako - El Palomitrón

El mejunje emocional presente en Yesterday wo Utatte y los diversos dilemas de los personajes están representados bajo una línea de trabajo firme que logra potenciar la simpleza del concepto original a través de un estilo formal exquisito. Doga Kobo realiza un trabajo sobresaliente en líneas generales, ofreciendo un guion excelente que sabe medir con elegancia los tiempos y diseminar sus líneas de diálogo eficaz y eficientemente. Construye, desarrolla y hace interactuar a sus personajes de manera orgánica; haciendo que parezca fácil algo que no lo es en absoluto: lograr que el factor humano de una obra se sienta cercano a la realidad. Además, tanto el diseño de los mismos como la increíble labor detrás de sus expresiones faciales y corporales potencian este logro y aupan a Yesterday wo Utatte al podio de los estrenos de la temporada y la consagran como una de las producciones de los últimos años con mejor acting. La cohesión dentro de la producción es total, siendo fácil entrar en una narrativa que fluye por todos y cada uno de sus fotogramas y donde la tonalidad de la historia es recreada con increíble destreza a través de una dirección a la altura, una dirección de arte soberbia —a destacar los backgrounds cortesía de Studio Easter y la paleta de colores tan fría y apagada en consonancia a su discurso— y una composición musical que sabe dónde, cuándo y cómo tocar los acordes pertinentes.

Yesterday wo Utatte es una historia madura que versa sobre lo complicado que es crecer. Sobre lo complicada que es la vida adulta y lo complicado que es amar cuando no se ha olvidado, cuando el amor no es correspondido. Es un retrato de vivencias y una exposición de la necesidad de avanzar. De saber sobrellevar pasado y presente mientras los recuerdos se agolpan al ver las flores de cerezo caer; al charlar con cierta ironía sobre la vida y sus vaivenes mientras se consume un cigarro y los cuervos son testigos desde lo alto. Pero también es un recordatorio de que todos tenemos derecho a estar perdidos, a vagar sin rumbo durante cierto tiempo. Porque en una sociedad que porta la frustración por bandera, solo nosotros mismos tenemos la potestad de juzgarnos. Nadie más.

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2 COMENTARIOS

  1. Precioso artículo sobre el que es, para mi, el descubrimiento de la temporada. Hacía mucho tiempo que no encontraba un anime así, de ritmo lento y ensimismado como este. Y me sorprende ver que no soy la única que ve similitudes en el tratamiento de personajes y la narrativa con lo que es, en síntesis, todo Inio Asano. Es más, siempre estuve convencida de que la obra del que es mi mangaka favorito no era adaptable al anime y Yesterday wo Utatte me dice que podría estar equivocada. Si este manga puede adaptarse, por qué no obras de Asano?

    Pero dejando comparativas aparte un aspecto a señalar en la obra y que no llegas a sugerir del todo, o quizas es una percepción mía, viendo el anime desde mi perspectiva, es la soledad. Los cuatro personajes (porque son cuatro, aunque por ahora destaquen tres) están solos y cada uno con un aspecto diferente, un significado diferente de la soledad: el amor no correspondido, la incomprensión, la pérdida, la madurez o la falta de ella… estos personajes flotan en un espacio completamente vacío, orbitan unos alrededor de otros pero, al menos por ahora, parecen condenados a no encontrarse, sólo se ven desde lejos. Aunque la imagen que aparezca en pantalla sean dos personas sentadas en un mismo banco bajo la flor del cerezo.

    Seguiremos este anime con atención, y espero que Marisol y Oscar tambien se sumen a verlo. Un abrazo

    • Muy de acuerdo Paula, tal vez me centro demasiado en el concepto del pasado como obstáculo y vagar sin rumbo y tienes toda la razón; la soledad es un punto en común de unos personajes que ansían establecer conexiones entre ellos y no saben cómo hacerlo. La estética y ambientación de la serie creo que potencia y hace más tangible lo que comentas; la tecnología actual no acabaría con sus problemas, pero creo que sí mitigaría el efecto que causan ciertas escenas en pantalla.

      Esperemos que la serie no se vea afectada como otras tantas y podamos seguir disfrutando de su propuesta. Otro para ti y un placer tenerte comentando por aquí^^

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.