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Desde hace unos cuantos años hasta ahora, y demos gracias, escuchar la palabra feminismo y la connotación de la misma sin alarmarse ya es algo frecuente. Todavía hay muchos que desconocen su significado, por supuesto, y que se echan las manos a la cabeza cuando alguien, sea mujer u hombre, se define como feminista, pero al menos saben de la existencia del vocablo. Sin embargo, si echamos la vista atrás y nos remontamos a los años 70, por ejemplo, podremos ver cómo era el machismo el que abarcaba todos los campos de la sociedad (todavía mucho más que ahora) con el orgullo de todos los que lo practicaban, dejando al feminismo como una mera acepción de diccionario. Y el deporte, donde todavía hoy al femenino se le dedica muchísima menos visibilidad que al masculino, no iba a ser una excepción.

El hastío y las ganas de un grupo de tenistas femeninas de cambiar esta situación y la consecuente desigualdad salarial que ello conlleva es el punto que toma como partida La batalla de los sexos, la cinta con la que el matrimonio de cineastas formado por Jonathan Dayton y Valerie Faris vuelve a demostrar que la química y el savoir faire del que hicieron gala en la cautivadora Pequeña Miss Sunshine y que repitieron con Ruby Sparks no fue casualidad. Las comedias ligeras con tintes dramáticos son su especialidad, y hacerlas más atractivas con lujosas elecciones de casting, su don.

La batalla de los sexos no es una cinta basada en hechos reales más. La batalla de los sexos es una cinta que utiliza el acontecimiento real para hablar de una realidad que las mujeres llevamos siglos arrastrando y que, aun habiendo pasado treinta años desde los acontecimientos que narra, es todavía palpable. Y pocas actrices se nos antojan más adecuadas para poner voz a toda una generación de mujeres que Emma Stone (La ciudad de las estrellas (La La Land), impecable de principio a fin en su papel de Billie Jean King, la tenista que consiguió cambiar, aunque fuese de forma leve, la concepción que el mundo del deporte y la sociedad en general tenía sobre las mujeres y la valía de estas.

Como parte contraria, Steve Carell (La gran apuesta) encarna de igual magistral forma a Bobby Briggs, un tenista retirado orgulloso de su machismo que se regocijaba en él públicamente animando a las masas a que hicieran lo mismo. Pero su papel en esta historia no es más que el de una suerte de bufón que ejemplifica lo podridas que realmente estaban las altas esferas del deporte en los años 70 en lo que respecta a sus pensamientos retrógrados en lo que al papel de las mujeres se refiere.

El filme funciona prácticamente de principio a fin tanto en forma como en contenido, y todo lo que rodea al partido de tenis, como lo que envuelve a la vida de los dos protagonistas, resulta igualmente interesante. Entre un reparto de secundarios de lo más acertado (conformado, entre otros, por Sarah Silverman, Elisabeth Shue o Alan Cumming), el punto álgido de interés lo pone la presencia de Marilyn (Andrea Riseborough) al alterar el aparente orden en la vida de Billie Jean y dar la vuelta a una orientación sexual que siempre había estado ahí, pero que no se había manifestado porque habría sido prácticamente un suicidio para alguien con la relevancia de King en aquellos entonces. Y Emma Stone sabe cómo transmitir todos y cada uno de los pensamientos que sobrevuelan el cerebro de la tenista de la misma manera que sabe sonreír con despreocupación y devolver la pelota a todas las provocaciones de esa cúpula de machismo deportivo encabezada por Jack Kramer (Bill Pullman).

Sin embargo, aun no teniendo nada que reprocharle, La batalla de los sexos no va a ser la película más destacable del año y habrá muchos que pensarán que quizá su papel no pase del de una posible candidata a las nominaciones de los Oscar con la excusa de narrar un acontecimiento que tuvo mucha repercusión en los años 70, algo que ya se sabe que siempre suele funcionar para los académicos. Pero lo cierto es que, puntos de partido aparte, la cinta va mucho más allá, y es en todo lo que rodea al movimiento feminista en lo que verdaderamente pretende que nos fijemos. Y en eso, La batalla de los sexos sabe perfectamente qué hacer y cómo hay que hacerlo.

LO MEJOR:

  • Emma Stone y Steve Carell, que no nos extrañaría que rascaran alguna nominación en la temporada de premios.
  • Su manera de abordar el movimiento feminista y la delicadeza con la que sabe tratarlo.

LO PEOR:

  • Es tan correcta que, precisamente por eso, no va a ser una cinta que vayamos a recordar con el paso de los años.
  • El tema que trata debería ser ya una mera anécdota, pero lo desagradablemente cierto es que todavía nos suena todo demasiado familiar.

Silvia Martínez

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