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CRÍTICA DISOBEDIENCE SABBATH - EL PALOMITRÓN

LOS ANTECEDENTES

La carrera a los Premios Oscar 2018 comenzó con Call Me by Your Name llevándose el galardón al Mejor guion adaptado. Desde entonces, la cartelera se ha llenado de títulos LGTB+ para todas las edades, entre los que se encuentran cintas como Heartstone, corazones de piedra y, dentro de unas semanas, Con amor, Simon.

Uno de los estrenos más esperados de este año corre a cargo de Sebastián Lelio, director de Una mujer fantástica. Lelio vuelve a la temática LGTB+ después de causar sensación en los premios más importantes a nivel internacional. Esta vez viaja a Inglaterra para narrar la historia romántica de Ronit (Rachel Weisz) y Esti (Rachel McAdams), dos mujeres nacidas en una conservadora comunidad judía.

LA PELÍCULA

Aunque a primera vista Disobedience se muestre como un drama sobre la sexualidad de sus protagonistas, la esencia de la película va mucho más allá. La película explora la soledad propia de una separación total de las raíces y el sentimiento de esclavitud dentro de uno mismo, donde no hacen falta cadenas para querer sentir la libertad. Muestra los dos caminos que puede seguir un ser humano y las consecuencias de cada acción llevada a cabo.

Sebastián Lelio consigue transportar a los espectadores a una comunidad conservadora cerca de Londres para sentir el dolor y amor de sus personajes, pero, sobre todo, para narrar el inminente cambio en la sociedad con el paso de los años y la negativa a hacerlo por parte de los tradicionalistas.

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ELLOS Y ELLAS

El peso de toda la película recae sobre Ronit y Esti, interpretadas por Rachel Weisz (La juventud) y Rachel McAdams (Noche de juegos). Ambas se meten en la piel de dos amigas de la infancia que han pasado juntas por cada una de sus fases personales, incluyendo el autodescubrimiento. Los personajes despiezan poco a poco los detalles del hilo argumental, dando sentido a la incomodidad, la tensión y el rechazo que muestra la comunidad, mientras mantienen al espectador interesado en las vidas de las dos jóvenes.

Alessandro Nivola (La gran estafa americana) se mete en la piel de Dovid, el nuevo rabino tras la muerte del padre de Ronit, para representar aquello con lo que las dos mujeres quieren romper, aunque una de ellas no se sienta lo suficientemente fuerte para hacerlo. A pesar de encarnar la oposición al estilo de vida de estas dos mujeres, Dovid representa también la regeneración en la Iglesia (y sociedad), que aun siendo más abierta que su predecesora, sigue teniendo mucho que aprender.

LA SORPRESA

Hay ciertas películas con las que es mejor acudir al cine con los ojos cerrados, sin trailers ni información previa. Disobedience es una de esas cintas. Cuanto menos se sepa de ella, más sorprende, no solo por la forma, su estética y las localizaciones, sino por la naturalidad y crudeza con la que narra la sensación de ahogo de sus protagonistas. La gran sorpresa de la cinta de Lelio es notar cómo todo lo que encuentra la vista pasa a un segundo plano para transmitir ese sentimiento, y cómo en el proceso da visibilidad a la comunidad judía, tan poco representada en la gran pantalla.

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LA SECUENCIA/EL MOMENTO

La cinta protagonizada por McAdams y Weisz está dividida en tres actos, y cada uno de ellos desvela parte del pasado de las protagonistas y plantea los problemas argumentales. Tras casi dos horas de metraje, la emoción que Lelio construye a lo largo de la película estalla para plantear un futuro verdaderamente libre para Esti. Sobre las escaleras de la casa del rabino, pasado y presente vuelven a chocar para dar una última oportunidad de avanzar a la comunidad en la que viven.

TE GUSTARÁ SI…

A pesar de la temática, Disobedience es una película que puede gustar a todos los públicos, siempre y cuando sean amantes del drama más puro. Si disfrutaste con Carol y quieres ver una cinta cuya base se asiente a grandes rasgos en el mismo conflicto personal, no dudes en dar una oportunidad a lo nuevo de Sebastián Lelio.

LO MEJOR

  • Las interpretaciones.
  • La representación del judaísmo.

LO PEOR

  • Ser demasiado larga en el tercer acto.

María Reinoso

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