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Crítica de Shingeki no Kyojin 3x20 destacada - El Palomitrón
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SHINGEKI NO KYOJIN: VERDAD Y JUICIO MORAL

Hajime Isayama desenterraba los fantasmas del pasado tras moldear un largo camino de cadáveres con alguna que otra improvisada bifurcación. Hacía del sótano de la familia Jaeger un lugar casi místico, un espacio críptico donde echar a volar la imaginación. Todo parecía indicar que el secreto del mundo, de su mundo, se encontraba ahí. Dispuesto a ser destapado por su protagonista y el resto de valientes. El autor nipón había fraguado una ficción capaz de encandilar a millones y millones de seguidores. Pero mientras profundizaba en la trama de la misma, las respuestas a todas esas preguntas que giraban en torno a su visceral farándula se antojaban cada vez más complicadas de responder. La historia había alcanzado tantos momentos álgidos previamente que las expectativas no podrían ser mayores. Ergo, si satisfacer a tu público es una compleja labor, la de Isayama era una aún mayor. Una hazaña casi heroica. La publicación del capítulo 86 («Aquel día») del manga dividió a la comunidad entre aquellos que consideraron convincente la explicación del autor y aquellos que sentían que no era suficiente, que no estaba a la altura de todo ese legado previo. Sea como fuere, Wit Studio termina adaptando el famoso capítulo y hace de «Aquel día» una entrega con un fuerte componente narrativo. Veinte minutos de constante información para comenzar a entender el porqué de todo.

El idiosincrático odio hacia lo diferente

La historia de Grisha comenzaba tras el encuentro de varios libros y una fotografía que ilustraba una parte de su anterior vida. Comienzan a entender la verdad a partir de un elemento anacrónico, un objeto desconocido para ellos pero usual para los otros. Para la civilización que hay tras los muros. Tras su particular confinamiento. Wit Studio empleó poco más de un minuto tras los créditos de «Sótano» para poner el dulce; para sembrar algunas de las respuestas, pero también dejar margen para conjeturas. Porque el escenario mostrado invitaba a pensar en una clase de analogía del nazismo con la inclusión de guetos. Grisha y Faye, su hermana pequeña, desobedecen la orden de su madre de no cruzar los muros —unos que en esta ocasión distan de los que acostumbramos a ver en la ficción, aunque representan la tangibilización del odio, del racismo y la privación de la libertad—. Una acción determinante para el futuro de Grisha, pues tras el inocente impulso de querer observar un dirigible de cerca se encuentran con la manifestación de ese odio. Dos agentes que custodiaban la zona agreden al joven Jaeger como castigo, como pena por haber salido sin ningún tipo de permiso del agujero donde pertenecen: la zona de internamiento de Liberio. Un escarmiento violento, pero leve teniendo en cuenta el hallazgo del cuerpo sin vida de su hermana al día siguiente. Un asesinato perpetrado por la clase opresora.

Crítica de Shingeki no Kyojin 3x20 escena 1 - El Palomitrón

El punto de inflexión en la vida de un Grisha que conocía el rostro del culpable, que odiaba el mundo y sus reglas, y a un padre alienado que trataba de hacer lo mismo con él. Su sangre estaba maldita. Su valor como humano era inferior al del resto. Fruto de los crímenes de sus antecesores. Todo comenzó cuando en la antigüedad Ymir Fritz, su antepasada, hizo un pacto con el Demonio de la Tierra obteniendo así el poder de los titanes. Antes de morir consiguió fragmentar su alma en nueve titanes, formando el Imperio de Eldia y derrocando al de Marley. El pueblo de Ymir se dedicó durante un largo período de tiempo a oprimir a aquellos pueblos que consideraba inferiores. Una larga época que llegó a su fin cuando los espías de Marley se infiltraron en Eldia y lograron hacerse con el control de siete de los nueve titanes. Así llegó a su fin la conocida Guerra de los Titanes, viéndose obligado el rey de Eldia (Karl Fritz) a exiliarse a la isla Paradis con el resto de los eldianos. Allí levantaría tres enormes muros para protegerse. Majestuosas construcciones compuestas gracias al poder de endurecimiento de miles y miles de titanes. Los eldianos restantes, los que no pudieron escapar a la isla, fueron reubicados a lo largo del territorio de Marley gracias a la benevolencia de este Imperio. Pero claro, esta es la historia escrita por Marley, la que el padre de Grisha intenta inculcar a su hijo para que no le maten o haga que les maten. Pura supervivencia a golpe de alienación.

Eldia y Marley, ni buenos ni malos

Todo es tan manipulable que hasta la mentira puede convertirse en verdad. ¿Quién se equivoca? ¿Quién hace lo correcto en un mundo que nunca ha buscado asentarse bajo el paradigma del maniqueísmo? Grisha es una víctima más del sistema, alguien marcado desde el mismo día que vio la luz de este mundo injusto. Y vivió así hasta los 18 años, momento en el que entra en contacto con un grupo de rebeldes eldianos. Los Restauradores de Eldia, aquellos que buscan la libertad y librarse del yugo opresor de Marley. Conoce la verdad tras el asesinato de su hermana y, tras ello, decide desenmascarar al diablo, abrazar el posible pensamiento erróneo de que sus antepasados hicieron lo correcto, de que todo lo que muestran los libros de historia de Marley es fruto de la manipulación. Abraza el pensamiento colectivo, sectario. Se convierte en un visionario, un adalid que no duda un ápice en caer en el mismo juego que su odiado enemigo: el de la manipulación. Todo sea a favor de la causa, a favor de la descendencia de Ymir, de los suyos. El pueblo elegido por los dioses.

El tiempo pasa y su papel en la rebelión se incrementa. Los Restauradores cuentan con un eldiano infiltrado en las filas de Marley apodado como «Búho» que les facilita información privilegiada. Es también el nexo entre Dina Fritzla última descendiente de la realeza en tierras de Marley— y el grupo. Una fuente de información valiosa que conocía detalles sobre los titanes que nadie más poseía. La clave para devolverle el honor al pueblo eldiano pasaba por recuperar el poder del Titán Fundador que reside en las murallas de aquel «paraíso» insular improvisado. El poder de controlar a todos los titanes, un arma de doble filo enterrada bajo el propósito de un rey cansado de luchar y cuya decisión moldeó el destino de los suyos. Grisha y Dina terminan casándose y teniendo un hijo de sangre real. Zeke, luz y guía para la victoria del pueblo de Eldia. Ante la medida del gobierno de Marley de utilizar a siete niños eldianos como recipientes de titán y arrasar con Paradise, Grisha decide utilizar a Zeke como herramienta, como espía dentro del ejército de Marley. Conscientemente se convierte en el tipo de persona que siempre ha odiado, en el padre que le inculcó una educación a base de falacias. Hace lo mismo con su hijo, le insta a pensar que Marley miente, que es el enemigo y que él debe vengar a Eldia. Sin embargo, el niño les traiciona, les delata y antepone su seguridad y la de sus abuelos.

Crítica de Shingeki no Kyojin 3x20 escena 6 - El Palomitrón

Adoctrinamiento y traición

Traicionados por su propio hijo, Grisha y el resto de los sublevados son arrestados, interrogados y torturados. Son transportados a un «paraíso» eterno, a las desérticas tierras de la isla Paradis; condenados a vagar sin rumbo como titanes puros. El escenario es el perfecto símil del de un pelotón de fusilamiento. Grisha ve caer uno a uno a sus compañeros rebeldes. Los soldados de Marley portan fusiles, pero la verdadera potencia de fuego, la bala mortal, la propina la jeringa con el líquido de titán. Eldiano tras eldiano es atravesado por el metal de la aguja, cayendo al vacío y convirtiéndose en entes imperecederos y desprovistos de inteligencia. Un páramo verdaderamente desolador, más aún cuando Dina Fritz se suma a sus filas ante la atónita mirada de su amor. Y en ese peculiar infierno hay dos viejos diablos, dos rostros que el Jaeger ya había visto tiempo atrás. Kruger y Gross, los soldados que le castigaron cuando salió por última vez con su hermana. Siendo este último el artífice de la despiadada muerte de Faye a manos de unos perros. El diálogo entre ellos deja entrever el perfil moral de Gross, uno que por primera vez en la producción se aleja de cualquier tipo de gris para abrazar el más oscuro azabache.

El estímulo y la excitación que recorren el cuerpo de Gross mientras se recrea con su particular juego para con la vida humana llegan a su fin brindándole el mismo desenlace que él otorgaba. El que era capaz de satisfacer el instinto más depravado. Kruger se destapa como el Búho, el agente infiltrado en el ejército de Marley. Salva la vida de Grisha para, acto seguido, transformarse en un titán y despedazar la flota marleyana. Una nueva oportunidad, tal vez la última. Un reinicio para continuar la rebelión. Para no dejar que se apague la llama. Las piezas se han dispuesto de tal forma sobre el tablero que se facilita su entendimiento. Kruger parece ser el último eslabón de una cadena que termina rompiéndose, liberando a Grisha. Arrojándolo al que en un futuro cercano será su hogar, las murallas de Paradis. Un confinamiento tras otro, pero con la ferviente mirada de quien aún no se ha rendido. El que orquesta, de nuevo, una rebelión.

Crítica de Shingeki no Kyojin 3x20 escena 5 - El Palomitrón

Isayama ha confeccionado a lo largo de poco más de veinte volúmenes un universo distópico tan despiadado como críptico. Cuando un enigma era resuelto, surgían otros inmediatamente después. Durante seis años se ha mostrado impasible, férreo ante la idea de no desvelar la razón que subyace tras el cruento espectáculo, la explicación a algo que poco a poco se iba complicando más y más. Y el resultado, la razón, difícilmente podría haber estado mejor orquestada. Puede no gustar a todos por igual pero, desde luego, es de elogiar que tras tantos años de misterios se logre empacar el conjunto e hilvanar todo como lo hace el autor. Isayama responde a las dudas con cuantiosa información, una variedad de nombres y elementos narrativos para consolidar una trama que nunca ha buscado caer en la simpleza del maniqueísmo. Con referencias bíblicas, mitológicas y claras influencias en períodos convulsos de la historia de la humanidad como el de la hegemonía nazi, sigue en su línea. Shingeki no Kyojin es una oda a la libertad, a sobrepasar esos elevados muros que impiden ver el mar. Pero también es un continuo recordatorio de lo compleja que es la moral. De que no hay buenos o malos. Todos podemos ser ambos. Y que la guerra es un círculo vicioso, una vorágine de la que el ser humano está destinado a perecer ahogado. Porque, como decía, la moral es compleja y aun cuando se cree estar haciendo el bien, se puede estar haciendo todo lo contrario. Grisha es el perfecto ejemplo de ello.      

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Edu Allepuz

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2 COMENTARIOS

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.