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CHERNOBYL: UN EXPERTO EN SEGURIDAD NUCLEAR NOS ACLARA QUÉ ES REAL Y QUÉ ES FAKE EN LA SERIE

Chernobyl, la coproducción de EEUU, Alemania y Gran Bretaña que está disponible en HBO va camino de convertirse en la mejor serie del año. La crítica y el público están de acuerdo en que estas cerca de 6 horas de ficción, no sólo convencen y entretienen, sino que además han servido para difundir información sobre el accidente nuclear más grave de la historia. El acaecido el 26 de abril de 1986 en la región soviética de Chernobyl.

El oscurantismo informativo del régimen de Gorbachov en los últimos años del socialismo soviético, la precariedad de medios técnicos, la inexperiencia de parte del personal y el miedo a contradecir órdenes fueron algunas de las claves que contribuyeron a que se produjera el desastre. Más allá del análisis político, la serie describe con todo lujo de detalles el desarrollo y el alcance de la catástrofe. Aporta, en suma, multitud de detalles técnicos y científicos que le dan un aire didáctico, casi de documental.

Para saber qué es real y que es fake en la serie hemos mantenido una conversación telefónica con Rodolfo Isasia, actualmente Asesor Técnico de Consejero en el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y Jefe de Área de Experiencia Operativa y Normativa en el CSN, desde 2000 hasta 2015. Isasia, que compatibiliza su papel de padre con el cargo de responsabilidad en la institución, tiene 30 años de experiencia en el ámbito de la seguridad nuclear. Cuando hablamos con él, ha visto cuatro capítulos de la serie. Y le está encantando todo lo que ve.

“Me ha gustado mucho porque está fielmente reflejado todo lo que ocurrió. En resumen, fue lo que se denomina una explosión súper crítica que se produce cuando la reacción neutrónica se dispara. Esto sólo ha ocurrido con las bombas atómicas y en Chernobyl, donde se descontroló la reacción en cadena”.  Isasia descubrió un fake al principio de la serie. “El accidente del helicóptero que prácticamente se deshace por pasar por encima del reactor es falso. Nunca se produjo”, afirma.  

La prueba del RBMK

Chernobyl, sala de control, el Palomitron

En la serie, Jared Harris (The Terror) interpreta a Valery Legasov, el experto en energía nuclear y el personaje que explica al espectador con detalle los sucesivos errores que se cometieron aquel fatídico día. Además, Legasov pone sobre la mesa un error de diseño que afectaba a todas las centrales de la URSS. “La prueba que iban a llevar a cabo esa noche consistía en saber si el reactor RBMK se mantenía en isla. Es decir, si cortándose la alimentación eléctrica, el reactor podía seguir funcionando, aislado y produciendo energía para su autoabastecimiento. Una serie de malas decisiones produjo una situación de inestabilidad en el reactor que hizo que la reacción nuclear subiera y bajara de forma descontrolada.”

Una vez que la reacción nuclear se descontrola, la única alternativa es parar el reactor. Para ello, las centrales cuentan con unas barras de control que se introducen en el reactor para pararlo. La decisión de apretar el “botón del pánico” es por tanto otra de las verdades técnicas que cuenta la serie. “El problema era que las centrales nucleares soviéticas tenían un error de diseño, y lo explican muy bien en la serie. Estas barras están hechas de un material que absorbe los neutrones. Sin embargo, en el diseño soviético tenían el primer tercio hecho de grafito (el material de los lápices) y este material lo que hace es estimular la reacción nuclear”. Cuando entraron las barras con la punta de grafito en el reactor, se produjo una liberación brutal de energía en forma de explosión. Como nos explica Legasov en los últimos compases, este primer tercio de grafito solo tiene una explicación: es más barato.

El uranio disperso es cierto, señala Isasia: “La arena era para blindar el uranio y el ácido bórico, evitaba el riesgo de explosión. Sin embargo, al taparlo se concentró el calor de tal forma que empezó a fundirse la losa de hormigón”. El riesgo de que se fundiera y la radioactividad se filtrase a las aguas subterráneas, y de ahí a los ríos y a toda Europa, hubiera provocado un desastre mucho mayor. “Por eso trajeron mineros para trabajar, lo que también es cierto”, añade Isasia.  “Lo que no te puedo decir es, si es verdad o no, que trabajaran desnudos. Realmente debajo de aquel reactor debía hacer muchísimo calor, así que no lo descarto”, añade.

La estética de las instalaciones

La existencia en aquella época del Telón de Acero hace que no haya mucha información sobre cómo eran las instalaciones nucleares. Según Isasia, la forma en que va vestido el personal en la zona de control es otro feek. “En esa zona normalmente se está de calle porque no hay riesgo de exposición. Sin embargo, en la zona controlada, es decir, donde hay riesgo de exposición, aún hoy se lleva un traje muy parecido al que llamamos “de panadero” y que consiste en un mono, una gorra y unos calzos en las botas. Es así porque, llegado el caso, es más fácil de quitar para su descontaminación”.

Un asesino invisible pero implacable

Chernobyl, bombero, el Palomitron

Por desgracia, el tratamiento de los efectos de la radiación sobre el cuerpo humano también se ajusta a la realidad. Isasia nos comenta que es muy interesante cómo la serie explica los diferentes grados de la exposición a la radiación. La más grave es la irradiación aguda, que es como si miles de perdigones te atravesaran las células destruyéndolas. “Su efecto es inmediato y a los pocos días el cuerpo empieza a descomponerse de dentro hacia afuera. Esto es lo que le pasó al bombero que seguimos en los primeros momentos de la serie, por ejemplo”.

Los otros efectos son los denominados estocásticos, que tienen carácter aleatorio y que consisten básicamente en que aumentan considerablemente la posibilidad de desarrollar diferentes tipos de cáncer. “Esto depende del tiempo y la intensidad de la exposición. Los liquidadores, como se denomina a las cerca de 600.000 personas que estuvieron echando los trozos dispersos de material radioactivo al foso, organizaban las sesiones de trabajo en pocos minutos de exposición. Seguramente murieron por los efectos estocásticos, como los dos protagonistas”.

También es importante la diferencia entre irradiación (en el exterior del cuerpo) y contaminación (cuando entra dentro por las fosas nasales, la boca o los ojos). “Si las personas hubieran ido protegidas y con máscaras, hubieran estado expuestas pero no se hubieran contaminado. El problema es que todas las personas y animales que estaban cerca respiraron aire contaminado de polvo radioactivo. Una vez que entra en el organismo, se queda dentro y sigue produciendo el daño aunque te alejes. Además, te conviertes en un riesgo para todo lo que te rodea”, comenta el experto.   

El Yodo como antídoto

El tratamiento de yodo es otra de las cuestiones que Isasia destaca por su interés. Existen dos tipos de yodo, uno radiactivo que se obtiene a partir de uranio y otro que es, digamos, “bueno”. El tiroides está siempre ávido de consumir yodo, por lo que cuando se expone a yodo radioactivo, lo absorbe. Distribuir pastillas de yodo “bueno” hace que el tiroides se sature y así se evita que absorba el radioactivo.

Y, ¿es posible que un feto absorba la radicación minimizando sus efectos en la gestante? Isasia responde afirmativamente, pero con matices. “La radiación afecta más a las células que están en reproducción. Por ejemplo, la médula ósea que está constantemente creando sangre, el estómago o los fetos, que están en un proceso muy acelerado de desarrollo celular. Por eso las mujeres embarazadas no deben pasar por escáneres o hacerse radiografías. Cuando vi las escenas en las que la mujer embarazada se saltaba los protocolos y se acercaba a su marido, quedé espantado. Era una persona contaminada, que como hemos señalado, es la que lleva en ella la radiación. Estar a su lado era muy peligroso”, apunta.  

Tres fueron tres los desastres nucleares

Chernobyl, Fukushima, el Palomitr'on

Hasta ahora ha habido tres desastres nucleares. El primero en 1978, en Three Miles Island, después del que se reformaron todos los protocolos de respuesta de emergencia. El segundo fue el de Chernobyl, del que era muy difícil extrapolar las lecciones aprendidas porque la tecnología era muy diferente a .la occidental; aun así, sirvió para crear la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (INES) que va de 1 a 7, siendo 7 el de mayor impacto, es decir el de Chernobyl. El tercero fue el de Fukushima, también de intensidad 7 en la escala INES.

No podemos dejar de preguntar a este experto qué riesgo corremos en la actualidad. Isasia es contundente. “La explosión de un reactor en España sería imposible. Podría ocurrir, aunque con unas posibilidades tan bajas que lo hacen muy remoto. Prácticamente tendría que ocurrir una catástrofe natural, que el núcleo del reactor se fundiera y la radioactividad llegara a la tierra. Aun así, las poblaciones entorno a las centrales tienen información, conocen los protocolos de emergencia y se asegura la distribución de pastillas de yodo”.

Comprobar que los horrores que narra la serie se ajustan a lo que realmente pasó no nos ha dejado muy tranquilos. Sinceramente, hubiéramos deseado descubrir más feak en nuestra conversación, y que de nuevo la ficción se impusiese sobre la realidad. Pero parece que los responsables de Chernobyl han optado en líneas generales por ahorrarse las exageraciones. Quizá el episodio fue tan grotesco que no hace falta ni exagerar. Con todo, agradecemos la sinceridad con que el experto en Seguridad Nuclear, Rodolfo Isasia, ha contestado a nuestras preguntas.Y por supuesto que haya encontrado unos minutos para atendernos y explicarnos su visión sobre uno de los capítulos más negros de la carrera nuclear mundial.

Por Marisa Cruzado


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