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Crítica de Shingeki no Kyojin 3x17 destacada - el palomitron
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SHINGEKI NO KYOJIN: EL PESO DE LOS SACRIFICOS

Wit Studio hizo de «La partida perfecta» un ejercicio de nostalgia, honor y sacrificio. Una entrega que establecía como objetivo brindar a la humanidad una nueva posibilidad. Una nueva oportunidad cuando todo parecía estar perdido. Cuando los cadáveres de las tropas colapsan la visión humana e impera la amarga sensación de que ningún plan es suficientemente válido. Erwin alza la voz por encima del resto, su grito arremete contra la violencia desmedida de los enemigos de la humanidad. Porta el estandarte de la rebelión, de la esperanza. Probablemente por última vez, su última vez. Pero siempre habrá alguien que le releve, que coja el testigo. Porque solo los más valientes perseveran. Los más locos. Y de esos aún quedan unos cuantos.

El grito de ese comandante que tenía un gran sueño se evapora por el silencio más atroz que anticipa muerte. El que es fruto de las pedradas del Titán Bestia. La caída de Erwin sería un merme para la moral de las tropas en cualquier contienda, menos en esta. Porque ya están muertos. Cuando montaron sus caballos lo sabían. Todos ellos. Y sin un ápice de moral, solamente pueden ir hacia delante. Arremeter como locos, como precursores de un nuevo mundo. Son meros peones pero, como en el juego, cualquier movimiento, por pequeño que sea, es vital para la victoria. Vital para que una de las piezas con mayor valor realice su movimiento con soltura. Para que Levi ejecute su maniobra y sea protagonista de uno de los mayores momentos de éxtasis de la producción. Una secuencia donde Arifumi Imai vuelve a dejar su impronta ofreciendo al espectador puro espectáculo en términos de animación —como ya hiciera en los primeros compases de la temporada con la secuencia de persecución con Levi también como protagonista—.

Crítica de Shingeki no Kyojin 3x17 Levi - el palomitron

¿Qué sentido tienen sus gritos?

Furia comedida que se torna desbocada a cada corte propinado. Primero el brazo, luego la mano. Tras ello, los ojos de la imponente criatura simio. Desprovisto de visión, la acción oscila de arriba a abajo. Apunta a los pies del titán y trocea sus tobillos para privarle de equilibrio. Y así, una vez en el suelo, machacar su nuca con tesón. Una vez tras otra. El acero de las cuchillas se impregna del pigmento de su sangre. No hay poder de endurecimiento capaz de detener semejante poder de voluntad. La visceralidad termina con un imparable Levi sometiendo el débil cuerpo humano oculto en el cuerpo del Titán Bestia. Un plano que podría definir a la perfección qué tipo de victoria ha experimentado, si no fuera por la repentina aparición de otro de los titanes inteligentes acudiendo al rescate. La sensación de victoria es efímera, con un regusto sumamente pesimista por haber sido arrebatada súbitamente. Tras la sentencia de muerte del enemigo que huye, el plano enfoca a un Levi desolado, afligido por no haber sido capaz de cumplir el juramento con su comandante. Pero no hay tiempo para lamerse las heridas emocionales. Nunca lo hay.

El otro gran frente de la contienda es el de Eren y compañía tratando de hacer frente a un Bertholdt recién convertido en titán y un Reiner algo debilitado pero aún capaz de lograr su objetivo. «La partida perfecta» mostraba que incluso las mentes más lúcidas de la humanidad se quedaban en blanco. Hipnotizadas por el estruendo de una guerra que consume cualquier atisbo de esperanza. Armin era incapaz de tejer una estrategia, tampoco ejercer de líder. Pero la entrega de esta semana supone una total antítesis. «Héroe» no es más que otro grito de esperanza, otra señal que confirma que mientras alguien crea en ello, habrá un nuevo amanecer. El papel de Armin en «Héroe» es el mismo que el de Erwin en «La partida perfecta». Es el de estratega, pero también el de sacrificio. Como si ambos fueran los últimos resquicios de pólvora de una humanidad que se niega a seguir siendo esclava de sus enormes murallas.

Crítica de Shingeki no Kyojin 3x17 Armin - el palomitron

«La partida perfecta» sirvió para mostrar otras facetas de Erwin, para desnudarle emocionalmente y mostrarle como cualquiera que confiesa sus pecados más atroces antes de la hora final. Su muerte es la de un héroe, pero su construcción y desarrollo distan de esa concepción. Isayama crea una obra donde impera la ambigüedad moral y los límites entre bien y mal están desdibujados. Pero aun así, hay un ligero espacio para los héroes. Para emplear con sentido ese tradicional concepto. El título del episodio no es baladí, y Shingeki no Kyojin carga con él a través de Armin Arlert, de sus acciones. Cuando la situación dentro de las murallas no podría jugar en mayor desventaja para ellos, Armin encuentra un punto débil, una oportunidad para vislumbrar el mañana. Para alcanzar a ver el mar. Aunque sea sin él.   

El más valiente de todos

El intelecto y el temple del joven sirven para que Bertholdt caiga a manos de su mejor amigo. Le brinda a Eren la venganza que buscaba desde que era un niño y le arrebataron su vida. Desde aquella primera vez que el Titán Colosal se alzó sobre los muros como si de una deidad de caos y destrucción se tratase. Y se la brinda dando su vida por él, por Mikasa, por Levi y cada uno de sus compañeros. También por aquellos resguardados en sus hogares. Su muerte es trágica, mucho más explícita e impactante en lo emocional que la de Erwin. No es un hecho fugaz, son minutos de auténtico desasosiego y angustia que terminan con un cuerpo calcinado e irreconocible. Un sacrificio sempiterno, pero con sufrimiento hasta el último de los instantes. Cuando las llamas se disipan, el protagonista emerge con la fuerza de un tifón sediento de sangre. De venganza. La escena invita a proyectar rápidamente hacia atrás en el tiempo. A pensar en todo lo que se ha perdido para llegar a ese momento. Es un momento de catarsis fraguado con suma delicadeza, con un eficiente uso en los tempos para conseguir mayor impacto.

Crítica de Shingeki no Kyojin 3x17 Armin 2 - el palomitron

Y por si fuera poco, a ese momento catártico se suma el de la victoria de Mikasa y el resto de protagonistas del Cuerpo de Exploración sobre Reiner. Es un cénit, tanto para ellos como para cualquier espectador. Es una victoria de la humanidad. Pero es inevitable pensar en los costes incurridos para alcanzarla. Unos costes que se traducen en vidas. Vidas de un valor incalculable. Algunas se fueron sin épica, sin lucha o sin un propósito mayor. Otras, en cambio, se fueron causando mella, dejando tras de sí un puesto irremplazable. La victoria de Isayama es una que, incluso considerándose victoria, tiene un regusto amargo a derrota. La opresión de su universo apenas permite celebrar o tiempos de jolgorio. Pero siempre invita a pensar en qué se ha perdido para llegar hasta ahí, a valorar el sacrificio humano y ofrecer el tributo que merece. Mantiene y aviva los sueños de los caídos. Como decía Erwin, son sólo los vivos los que dan sentido a los muertos.

«Héroe» es probablemente el mejor o uno de los mejores episodios de Shingeki no Kyojin. Pero también es uno de los mejores episodios que ha brindado el medio en los últimos años. Vuelve a ofrecer un sacrificio para presenciar la luz de un nuevo amanecer. Armin cierra su periplo como el héroe consagrado de Isayama, uno cuyas acciones así lo corroboran. Sus sueños ya no son suyos, son de Eren. La promesa de ver juntos el mar era una alegoría de libertad, una tierna respuesta al mundo que les tocó vivir. Y para llevarla a cabo hacía falta valentía. Una cualidad que el más pequeño del trío protagonista hizo propia y con creces.

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.