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AVA GARDNER MADRID TOROS - EL PALOMITRÓN

Nuestro país ha vivido la visita de muchos artistas a lo largo de su historia, pero ninguno ha podido comparar su legado con el mito que pisó la capital durante los años sesenta. Arde Madrid, la serie creada por Anna Costa y Paco León, plasma la sociedad franquista y el contraste de las altas y bajas esferas durante la estancia de Ava Gardner, fusionando ficción con realidad.

La actriz encontró en Madrid la luz y libertad que tanto anhelaba en Hollywood, pero no todo lo que se cuenta sobre su visita es cierto. Gardner tenía muy claro lo que quería de la vida y qué no necesitaba de ella, y su estancia en la capital fue un reflejo de ello.

La dolce vita matritense

AVA GARDNER MADRID DOMINGUIN - EL PALOMITRÓN

Se dice que Federico Fellini se fijó en Ava Gardner para la cinta que protagonizaría más tarde Anita Ekberg. El “animal más bello del mundo” sorprendía cada vez que salía a la calle por la noche. De ella se decía que era capaz de ganar bebiendo al cliente más fiel del bar, y que incluso con su cuerpo lleno de vino seguía sin perder un ápice del glamour y la belleza que la habían llevado al estrellato.

En una época de represión para el pueblo llano, de censura completa en medios de comunicación y la vida diaria, las élites vivían una dolce vita llena de excesos y la libertad que otorgan el poder, los contactos, y formar parte de una pequeña sociedad privilegiada.

Ava Gardner se convirtió en estrella de la noche durante aquella época, pero no fue la única. La noche madrileña se concentraba en torno a lugares como el Museo Chicote y Oliver, donde grandes nombres del mundo artístico español como Lola Flores o Carmen Sevilla se juntaban con los internacionales Orson Welles, Ernest Hemingway y la propia Gardner.

Las tres residencias de Ava Gardner

AVA GARDNER MADRID - EL PALOMITRÓN

La estancia en Madrid de Ava Gardner estuvo marcada por los tres sitios en los que se alojó. Chicote y los tablaos eran sus lugares favoritos para disfrutar de la noche, pero las restricciones del franquismo hicieron que las fiestas continuaran siempre en casa de Ava, fuera ésta la que fuera.

La suite 716 del Castellana Hilton se convirtió en el primer hogar de Gardner. En sus paredes, por las que pasaron muchos otros grandes nombres antes y después de ella, se vivieron algunas de las juergas más sonadas de la época. Fue, además, la primera estancia de nuestro país en ver pasar a los amantes de la actriz cada noche por temor a quedarse sola.

Pronto se mudaría al número 11 de la avenida Doctor Arce, parte de El Viso de Madrid. En el dúplex en que vivía se alojaban los que serían sus peores vecinos: el general argentino Juan Domingo Perón y su mujer, exiliados en la capital española. De su relación se dice que la actriz lo insultaba desde la ventana, mientras él se quejaba de su excéntrico estilo de vida.

Otra de sus residencias, conocida sobre todo por la ocasión en que echó a todos sus invitados tras una discusión con Frank Sinatra, fue su casa de La Moraleja. Cada una de ellas, así como los apartamentos en los que se alojó Gardner de forma esporádica, han vivido la libertad del mundo en que se movía la actriz y que solo podían alcanzar unos pocos.

Sinatra, el toreo y el flamenco

AVA GARDNER MADRID FRANK SINATRA - EL PALOMITRÓN

Cuando Ava Gardner volvió a Madrid por primera vez con el propósito de instalarse, lo hacía para huir de todo lo que había dejado en Hollywood. Se había casado hace solo un año con Frank Sinatra, un hombre muy parecido a ella: ambos deseaban vivir la vida como si se tratara de una fiesta, comían y bebían cuanto podían y no eran especialmente fieles a sus parejas. Sus similitudes les hacían amarse con gran fiereza, pero también les llevaba al extremo opuesto.

Gardner vivió en España una revolución sexual conocida por todos en la actualidad, desde parejas de una noche hasta relaciones semi-estables como la que mantuvo con el torero Luis Miguel Dominguín mientras seguía casada con Sinatra. Una de sus conquistas más conocidas fue el también torero y poeta Mario Cabré, quien a pesar de pasar una única noche con él, se enamoró perdidamente de la dama salvaje. En aquella ocasión, Frank Sinatra se desplazó por primera vez hasta España para reclamar el amor y la atención de su pareja. El cantante y actor volvería en varias veces para pedir explicaciones a Gardner sobre sus relaciones con otros hombres.

Su matrimonio con Sinatra fracasaría años más tarde, pero su amor por el toreo y el flamenco prevalecería hasta su partida del país. Ava Gardner se sumergió en la vida de los grandes clanes gitanos tras sus repetidas visitas a los tablaos Villa Rosa y Torres Bermejas. Acudió a reuniones en casa de Lola Flores (llegó a estar presente en el bautizo de Antonio Flores) y se convirtió en cliente habitual del chiringuito regentado por Manolo Manzanilla a las afueras de Madrid.

España: país de cine

AVA GARDNER MADRID RODAJE - EL PALOMITRÓN

Desde la década de los cincuenta, España sirvió como plató de cine no solo para las cintas patrias como La gran familia, sino también para el cine internacional. Ava Gardner firmó el contrato de 55 días en Pekín en el entonces Castellana Hilton, preparada para grabar en Las Rozas, Las Matas y Valencia.

El sol, el buen tiempo y los paisajes naturales habían hecho de España uno de los lugares más codiciados para grabar las grandes películas de Hollywood. Hacía años que la industria del Western se había trasladado al desierto de Almería, y tanto la costa como las ciudades más cosmopolitas se habían convertido en un plató indispensable para grandes producciones.

De ese modo, Gardner estuvo acompañada en más de una ocasión por compañeros de la industria como Charlton Heston (que grabó El Cid en varias ciudades de la península), Omar Sharif (por primera vez encarnando al protagonista de Doctor Zhivago y grabando años más tarde una serie con Ava) y estrellas como Zsa Zsa Gabor, Cary Grant o Marlon Brando.

Lejos de la capital franquista

AVA GARDNER MADRID COSTA - EL PALOMITRÓN

La noche madrileña no fue la única vía de escape para la actriz de Hollywood. Durante los casi doce años que vivió de manera intermitente en nuestro país se enamoró de Madrid, pero también se ganaron un lugar en su corazón la Costa Brava, Mallorca y Andalucía.

Los primeros pasos de Gardner en nuestro país se remiten a 1950, en Tossa de Mar, el pueblo de Gerona en que se rodó Pandora y el holandés errante. La historia de la cinta dirigida por Albert Lewin reforzaba la imagen de Ava como una femme fatale, contemplando sin parpadear el suicidio de uno de sus admiradores. La película, que mezclaba a pescadores hablando en catalán con expatriadas mostrando trajes de Beatrice Dawson sobre un tablao flamenco, comenzó a mostrarle la cultura española de la que acabaría enamorándose.

Otro de los pueblos que atrajeron a Gardner fue Deià. En 1955 viajó hasta allí por recomendación de Beatriz Sicre, una de sus grandes amigas. La actriz se dirigió al pueblo mallorquín con el objetivo de mejorar su español de cara a la grabación de La condesa descalza. En poco tiempo, Ava decidió abandonar la quietud del pueblo y la poesía del marido de Sicre para disfrutar cada noche de la fiesta en el corazón de la isla.

Hasta 1967, cuando decidió vender su residencia en Madrid para volver a Londres, Ava Gardner volvió a visitar de forma regular Palma y Deià y disfrutó en 1953 de la Feria de Sevilla.

Toda su vida Ava Gardner intentó expulsar a sus demonios con alcohol, comida y fiesta. Y como ya hizo en en su papel como María Vargas, huyó a Madrid más de una vez para poder dejar la fama por un momento, quitarse los zapatos y ponerse a bailar.

María Reinoso

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