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Aku no Hana destacada - El Palomitrón
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AKU NO HANA: DESDE EL INTIMISMO HASTA NINGUNA PARTE

En Las flores del mal (1857), Baudelaire traza la poesía moderna bajo la oscuridad del deseo. Censurado, criticado y condenado —pero también venerado—, el poeta francés divide su obra entre lo divino y lo diabólico, recorriendo la perversión y lo atractivo de la experiencia humana para dejar atrás todo tabú sobre lo sensual y lo ilícito. Le sirvió para que, años después de su muerte, Baudelaire y Las flores del mal fueran tomados como uno de los precursores del simbolismo, el movimiento literario de finales del XIX que rechazaba lo empírico y daba la mano a una representación del mundo más cercano a lo cognitivo; un mundo en el que el misticismo y lo espiritual toman forma a través de nuestro subconsciente.

En aquella época le sirvió para inspirar a autores como Rimbaud, pero su legado no terminó ahí. En el año 2009 el autor japonés Shuzo Oshimi cogía por banda la obra de Baudelaire y la transformó para labrar así un nuevo título que engrosaría su línea manga. No me malinterpretéis; en Aku no Hana el mangaka no adapta, en ningún caso, los versos del poeta francés. Pero sí coge, de algún modo, la esencia de esas evocaciones y las transforma en una historia de instituto con un toque siniestro lleno de informalidades en cuanto a lo que la corrección y la pureza tratan de inculcar. Una historia que llegó hace unos años a nuestro territorio pero que he querido revivir de nuevo en mi interior, encontrando así nuevos matices de la obra; un camino que en esta ocasión me lleva a mi yo más actual frente a una búsqueda continua de un lugar en el que estar. Un lugar al que pertenecer. 

«Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo

Aku no Hana mano - El Palomitrón

Al igual que Asano en su obra, Oshimi hace de sus títulos una radiografía de su yo más joven y eterno. Un trabajo duro en ocasiones y tierno cuando se presenta pero que, en realidad, no hace más que recordarle aquello que fue y aquello que, en cierto modo, sintió. En multitud de entrevistas e incluso dentro de sus obras, Oshimi le expone al lector cómo fue su infancia o juventud. Un periodo complicado cuya terapia, en la mayoría de ocasiones, recae en sus propias líneas años después. Un periodo que sabe representar a la perfección e incluso llevarlo a su máximo exponente. 

Cielos nublados

Es cierto que la lozanía otorga un amplio abanico de emociones a los autores, pero hay que saber entenderlas, y de eso sabe mucho el maestro Oshimi. Un autor que, además de saber tratar con ellas, logra dibujarlas entre sus líneas como si de un espejo se tratase. Ya lo he dicho en más de una ocasión, leer a Asano duele, pero leer a Shuzo Oshimi puede doler pero también intimidar. A veces para bien, a veces para mal

Y justamente eso es lo que logra a través de Las flores del mal. Una obra inspirada desde el simbolismo de Baudelaire que nos cuenta la historia de cómo Takao Kasuga, el protagonista principal del relato, explora la juventud desde la vertiente más perversa de la misma pero también el sentimiento de pertenencia. Un punto que tal vez no se haya impuesto tanto como el primero pero que se ha convertido en el detonante personal para hacerme volver a la obra y sentirla de forma totalmente distinta. Porque al igual que ocurre con Solanin o incluso con Oyasumi Punpun, Aku no Hana es una obra con múltiples lecturas e interpretaciones; y dependerá mucho de tu condición su lectura. Una que te puede ayudar, o en ocasiones, tumbar. 

Aku no Hana Kasuga playa - El Palomitrón

Las flores del mal narra la historia de Takao Kasuga, Sawa Nakamura y Nanako Saeki. Un grupo de tres jóvenes que compartirán una etapa de instituto bastante complicada ensalzando puntos como la perversión, la posesión y la desesperación, así como la soledad o la pérdida. Todo empezará el día en el que Takao se lleva, a escondidas, la ropa de gimnasia de Nanako. Una acción que detonará en los primeros compases de la obra y que encenderá la mecha de todas las emociones previamente citadas, una mecha que situará la llama en la mirada de Sawa, esa tercera persona que conducirá a Takao por un camino inimaginable a cambio de no contar su secreto a nadie. 

Somos aquellos que desean

La obra nos ofrece múltiples temas de los que hablar, al igual que un arte propio de citar en un texto aparte ya sea por su narrativa o por los recursos que emplea el mangaka en su realización. Pero he querido escribir este texto por una razón, un único motivo. Podría decirse que me siento identificada con Kasuga. No con ese lado depravado que sabe llevar hasta el extremo Oshimi, sino con ese lado más íntimo y silencioso que se explora más en la segunda parte de la obra pero que está presente desde su inicio. Hablo del sentimiento de pertenencia

Se ha escrito mucho de cómo el mangaka explota al máximo con Las flores del mal y de cómo ha llegado a convertirse en una obra que, o bien la odias, o bien la amas. Yo creo que me quedo con la segunda opción. Al menos en estos momentos. Una posición que me acerca a ese Kasuga que quiere huir del lugar en el que ha estado siempre, cambiar su rutina, decir adiós a las cuatro personas con las que tiene relación día a día e incluso distanciarse de sus padres o de sus propias aficiones. Cambiar. Explorar. Sentir. Kasuga es un joven con una actitud vista como diferente por la sociedad, una actitud que no encaja con los tropos más comunes del día a día y, mucho menos, con la vida rutinaria de un pueblecito como Gunma

Aku no Hana flor - El Palomitrón

Lejos de un chico que lee libros y desea encontrar un lugar al que pertenecer, encontramos a un Kasuga perdido en sí mismo, un joven sin rumbo que se deja llevar por el lado más excitante de la juventud a través de Sawa y Nanako para acabar incluso más perdido. Pero es ahí, en las tinieblas más perturbadoras donde el protagonista decide cambiar. Decide cortar aquello que había creado al otro lado para emprender aquello que supuestamente anhelaba. Y digo supuestamente porque es cuando se aleja de esa rutina que creía odiar o de esas personas que no quería ver más cuando descubre que él realmente pertenece a Gunma. Pertenece a su propio pasado, y no podrá ser él mismo sin estar ahí. Aunque no sea su verdadero deseo, aunque no figure en sus planes. 

Y es ahí, en esa revelación, donde considero que la obra conecta conmigo. Conecta con el lector. Determina qué es pertenecer a algún sitio, o incluso pertenecer a ti mismo. Shuzo Oshimi sabe medir muy bien sus palabras, sabe explorar esos retazos del corazón que ni tu mismo logras atisbar muchas veces, sabe darle las respuestas adecuadas a Kasuga, pero también nos instruye a nosotros como lectores. La obra no dibuja el hilo de nuestro destino ni mucho menos, pero sí que se atreve a explorar ese camino que tantos de nosotros hacemos o queremos hacer en pos de encontrar aquello que, tal vez, ya hayamos encontrado

Marisol Navarro

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Publicista aficionada de las películas, las series y el manganime. No tengo un género preferido, pero todo lo gore me apasiona. Me encanta viajar, y si algún día consigo ir a Japón sin duda para el trayecto tendré preparada toda la obra de Sui Ishida.