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70 SSIFF: CRÍTICA: SECADEROS

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ANTECEDENTES

En los últimos años en nuestro país han sido producidas una serie de películas que reivindican con especial interés las raíces de zonas geográficas concretas, exaltando la cultura y alejándose del concepto de cine español para empezar a hablar de cine vasco (Akelarre), cine gallego (O que arde) o cine andaluz (Entre dos aguas).

Rocío Mesa en su ópera prima (estrenada en el Festival de San Sebastián) plantea un nuevo concepto más autóctono, más local, que deja de hablar de cine andaluz para adquirir la identidad de cine granadino. Granada tiene ya una amplia tradición cinematográfica, pero no se trata de que una película transcurra en un lugar concreto para que sirva de ambientación, sino de concebir un film que no podría darse en otro lugar que no fuera ese. Es lo que la directora propone en Secaderos, aprovechar y poner en valor la sociedad y la identidad de la Vega de Granada y su gente.

La Vega de Granada es un amplio territorio que acoge a más de una treintena de municipios en el interior de la provincia. Su situación geográfica a lo largo de los siglos ha sido propicia para el cultivo, al encontrarse rodeada por Sierra Nevada y otros sistemas montañosos que vierten sus aguas a la vega. Era común el cultivo de remolacha, patatas, maíz y otros cultivos de regadío, pero lo más representativo es el cultivo de hojas de tabaco que en la actualidad está prácticamente desaparecido.

Desde hace unos años diferentes asociaciones políticas y de ciudadanos han luchado por conseguir que la Vega de Granada sea declarado Bien de Interés Cultural, esto dotaría al paraje de una protección especial de cara a la legislación, al considerarse como parte del patrimonio histórico.

Rocío Mesa parte de un elemento tan típico de la Vega como son los Secaderos de tabaco para introducirnos en una historia sobre la niñez y madurez en un pueblo de Granada, que tiene como trasfondo un alegato en contra de la industrialización desbocada y la pérdida del patrimonio natural.

LA PELÍCULA

Es interesante como en un mismo año Carla Simón (Alcarrás) y Rocío Mesa ejecutan su personal atributo a sus orígenes. Películas que son tremendamente sensibles y elegantes y que mantienen cierta correlación en cuanto a estilo, intención y técnica. Sin ninguna duda ambas consiguen que todo espectador que haya vivido su niñez en el pueblo sienta cercanas muchas de la escenas que estos films muestran.

Sin embargo, lo que diferencia a Secaderos de otras cintas es la presencia constante de la naturaleza a lo largo de todo el film. En especial gracias a la mirada de Alana Mejía González, directora de fotografía. La naturaleza está viva, y no solo de manera explícita en forma de monstruo, sino en cada uno de los planos del film. Cómo la cámara observa delicadamente, como flotando, la delicadeza de las hojas de tabaco, la madera de los secaderos, los infinitos paisajes de las choperas…

Para continuar con el aspecto técnico, el diseño de sonido de la película a cargo de Joaquín Pachón es totalmente atmosférico y hace que merezca mucho la pena disfrutar de la película en salas.

Pero lo realmente sorprendente de Secaderos reside en su autenticidad. La película respira costumbrismo granadino minuto a minuto como nunca antes se ha visto. La directora da un golpe sobre la mesa para mostrar al mundo de manera contundente las virtudes de esta pequeña zona de España. No hay absolutamente nada que se encuentre ajeno, todo es tremendamente autóctono hasta en el más mínimo detalle (la estampa de Fray Leopoldo que lleva el abuelo, la cerámica de fajalauza en los patios, las fiestas del patrón…)

Rocío Mesa va un paso más allá en esta película e incorpora elementos más propios del realismo mágico que del relato costumbrista e incluye algunos experimentos que añaden otra dimensión al film. Detalles que pueden recordar al célebre Valdel Omar y su Aguaespejo granadino, otro punto que busca atar Secaderos a sus orígenes. Sin embargo, la película es más interesante cuando se despega de esta ficción y es más cercana al documental.

Sin ninguna duda es una estupenda ópera prima que esperamos que tenga el recorrido que se merece. La Vega de Granada y sus pueblos necesitaban de esta mirada sincera, auténtica y real.

ELLAS/ELLOS

Las dos niñas protagonistas brillan con luz propia, tanto Vera (Vera Centenera) como Nieves (Ada Mar Lupiáñez). A destacar ésta última que siendo su primera película consigue hacerse con la pantalla a través de miradas y diálogos que hacen difícil separar a la actriz del personaje. El resto de actores completan el elenco retratando una clásica familia granadina de pueblo, con sus más y sus menos.

LA SORPRESA

La presencia del gran monstruo de la Vega, que gobierna todo el metraje para descubrir que solo ciertas personas son capaces de verlo

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

El abuelo de Vera y los perritos nos deja una de las secuencias más emocionantes del film, una cruda metáfora sobre las ilusiones de la niñez

TE GUSTARÁ SI…

Te interesa el relato costumbrista de la España rural

LO MEJOR

  • La autenticidad del relato
  • Unos actores no profesionales en estado de gracia

LO PEOR

  • Experimentos visuales que dificultan el discurso
  • Incursión de un realismo mágico que no llega a culminar

Pablo Sánchez

1 COMENTARIO

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