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LOS ANTECEDENTES

Todo festival de cine que se precie tiene alguna que otra película programada que siembra el debate y divide a crítica y público en las dos categorías primarias: o la amas o la odias. High Life es una de esas propuestas que han sacudido el 66SSIFF con sus críticas polarizadas.

Solaris, de Andréi Tarkovski, es uno de los trabajos que Claire Denis (Chocolat, Un sol interior) ha tomado como referencia para construir High Life. Su personal y autoral aproximación a la ciencia ficción se ha fraguado después de llevar la friolera de quince años con esta idea rondándole la cabeza. Tras su première mundial en Toronto, su primera película de habla inglesa llega al Festival de San Sebastián para competir en la Sección Oficial.

LA PELÍCULA

Quien espere una película de ciencia-ficción en el espacio no la hallará aquí. Lo es y no lo es al mismo tiempo. Hay una nave espacial que lleva a bordo dos únicos supervivientes: un padre y una hija que, como descubriremos a medida avance la trama, ha sido concebida artificialmente y sin mediar la voluntad de sus progenitores. A pesar de ello, este hombre viaja con la criatura hacia un destino incierto, con una misión difusa por delante. El resto de tripulantes (todos ellos criminales enviados al exilio, al igual que el protagonista) han ido muriendo paulatinamente, como también veremos por medio de los profusos flashbacks que conforman el núcleo duro de la cinta. Y para atormentarlos a todos, viajaba con ellos una doctora que los utilizaba como conejillos de Indias para fines reproductivos. High Life está llena de sexo instrumentalizado y frío, cuando no violento, que genera una sensación opresiva y turbadora. Uno se pregunta por momentos qué es exactamente a lo que está asistiendo en pantalla, si lo explícito y escatológico era realmente necesario para llegar a aspirar aires de soledad y filosofía en torno a la condición humana.

Por otro lado, la puesta en escena es tan minimalista y limitada a interiores que podría transcurrir en tierra firme y no habríamos notado la diferencia. Con todo, el interés por averiguar más de la historia te mantiene en vilo, aunque finalmente no se obtengan las respuestas que íbamos buscando.

High Life ha de entenderse como una experiencia sensorial, y no pedirle más. Y pese a ello, lo nuevo de Claire Denis tiene imágenes tan poderosas y sugestivas que se queda contigo después de haber salido de la sala de cine. La prueba está en que 24 horas después de verla, aún no terminamos de saber cómo nos sentimos al respecto.

ELLOS Y ELLAS

En primer lugar, es gratificante ver como la carrera de Robert Pattinson evoluciona al margen del fenómeno Crepúsculo. Este tipo de cintas y de personajes que escapan a lo comercial demuestran que el intérprete británico tiene solvencia suficiente para que no se le encasille. En el apartado femenino, Juliette Binoche da vida a una mujer que todo lo da por la ciencia. Un personaje que casi evoca a una bruja o una hechicera, y que al servicio de su calidad como actriz, pone los pelos de punta. Y en menor medida de repercusión y sorpresa está Mia Goth, perfecta en sus toques de chica peculiar y rebelde.

LA SORPRESA

Juliette Binoche. Para bien o para mal, tiene un personaje y unas escenas que se quedan grabadas en la retina. Confesamos que nos sigue resultando un tanto impactante que se haya prestado a este papel.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Huyendo del sensacionalismo, nos quedamos con las escenas de la crianza de Willow. Por nombrar una, ver a Monte (Robert Pattinson) fuera de la nave, conectado a través de un comunicador con su hija bebé (Scarlett Lindsey, hija en la vida real del mejor amigo de Pattinson), que se encuentra en el interior, hace que se derrita el corazón de cualquiera.

TE GUSTARÁ SI…

Si lo tuyo es el cine pseudoexperimental, te gusta dejarte llevar por las sensaciones y tienes la mente bien abierta.

LO MEJOR

  • Robert Pattinson y Juliette Binoche.
  • Sus ideas e intenciones son interesantes…

LO PEOR

  • …pero la forma de ejecutarlas en pantalla no es nada fácil de digerir.
  • Es muy posible que el público se quede con poco más allá de lo grotesco de la propuesta.

 

Aitziber Polo

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