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Alejandro Gonzalez Inarritu, Emma Stone

 

Y BIRDMAN finalmente voló alto. Como si de una continuación del ya famoso plano secuencia falseado de la cinta se tratara, la Academia decidía la pasada madrugada del Domingo otorgar a la cinta del mexicano ALEJANDRO G. IÑÁRRITU un final más feliz de lo esperado y, en un giro de trama más complejo que el de algunas de las películas nominadas, dotar a la satírica comedia (sur)realista con el Oscar a la Mejor Película. Con el eco de tambores y baquetas aún de fondo, y un telón del Dolby Theatre que no queremos (ni debemos) dejar caer, comenzamos a asimilar la verdadera magnitud de la victoria de BIRDMAN (primera producción tras ANNIE HALL en lograr la estatuilla dorada sin haber ganado el Globo de Oro a Mejor Comedia/Musical). ¿Significa este triunfo una nueva línea a seguir por la Academia? ¿Tal y como viéramos en el análisis de las 8 nominadas en conjunto, ha supuesto esta edición la progresiva supremacía de historias con alma, reales, frente a lo prefabricado y oscarizable? ¿Está reflejando al fin la Academia las tendencias del cine actual? ¿Es el futuro de los premios, y generalizando, el de la industria, el cine de autor frente al llamado cine comercial?

Resulta llamativo que a día de hoy haya ganado una película que, de haber sido creada hace diez años, previsiblemente no hubiera estado siquiera nominada. Resulta aún más llamativo que su principal competidora, BOYHOOD (y la llamada favorita desde el inicio de la carrera) haya sido también una cinta alejada de todo convencionalismo y sinónimo de ruptura con la fórmula preestablecida de cinta nominable/oscarizable. Ambas, vencedora y vencida, apoyadas por gremios y sindicatos (BIRDMAN) y crítica (BOYHOOD) son el verdadero triunfo de la ya pasada edición de los Oscars, más allá de la propiedad y consecución de premios y estatuillas. El eufórico descubrimiento de la vida a través de la niñez de Mason y el crudo redescubrimiento de esta a través de la madurez de Riggan conforman las dos caras de una misma moneda que, si bien pese a las diferencias entre ambas, nos han permitido trazar un recorrido vital por las (des)esperanzas y anhelos del ciudadano medio. Hay autodestrucción, hay miedo, hay intensidad e incluso corrupción de los valores morales, pero también hay vulnerabilidad, hay deseos y ante todo humanidad. Si la realidad supera a la ficción, la Academia reconoce al fin (y con la ayuda de periodistas y críticos) que la industria del séptimo arte ha plasmado en las últimas décadas, y de forma muy acertada, esa muchas veces cruda y desagradable realidad. Atrás quedan sueños americanos y cuentos de hadas (que se lo digan a Disney y a los protagonistas de INTO THE WOODS). La Academia ha dado un salto hacia delante y esta premiando el cine que realmente está caracterizando esta década, el que ante todo nos representa.

 

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Y quizás por ello hayamos vivido una carrera tan vertiginosa e intensa, de las más abiertas que en los últimos años se recuerdan. El soniquete de Leto-Lupita-McConaughey-Blanchett se ha transformado un año más tarde en una emocionante incertidumbre que nos ha tenido en vilo a lo largo de múltiples ceremonias y entregas de premios. Más allá de superhéroes fracasados y rodajes de 12 años, no debemos olvidar la gran calidad de muchas de las nominadas (y no nominadas), que en conjunto han enriquecido una categoría que hacía años no se recordaba tan variada, y que también han guiado las tendencias de la Academia a lo largo de los meses. WHIPLASH y el ascenso del Festival de Sundance. EL GRAN HOTEL BUDAPEST y el factor más indie. EL FRANCOTIRADOR, SELMA y el convencionalismo siempre presente. THE IMITATION GAME, LA TEORÍA DEL TODO y el british biopic.

Protagoniza esta última quien hoy ostenta el galardón a Mejor Intérprete Masculino. En la victoria de EDDIE REDMAYNE convergen lo clásico de premiar un papel histórico, protagonista de un biopic y con la dificultad añadida de un cambio de imagen, con la nueva inclinación por premiar a actores jóvenes (tal y como pasara recientemente también con JENNIFER LAWRENCE). Sea como fuere, los 4 premios anteriores de REDMAYNE frente a los 21 de MICHAEL KEATON bien valieron para que este último tuviera que guardarse su discurso en la chaqueta y contemplar, como el resto de los nominados y asistentes, la victoria del británico.

 

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La crítica social vino de la mano de JULIANNE MOORE. El alzheimer se convirtió en protagonista en SIEMPRE ALICE, y la americana en la galardonada con el premio a Mejor Actriz, en una categoría totalmente ausente de sorpresas. Los bailes de nombres por esa quinta nominada que finalmente fuera MARION COTILLARD hicieron que durante meses especuláramos con la posibilidad de ver a JENNIFER ANISTON como candidata a un Oscar o a AMY ADAMS repitiendo nominación por… Sinceramente, ya hemos perdido la cuenta. No hubo suerte. ANISTON tendrá que esperar a ver las pesadillas de ANGELINA JOLIE (más allá del fiasco de INVENCIBLE) hechas realidad, y ADAMS tendrá que seguir probando suerte en eso de igualar en nominaciones a MERYL STREEP.

Porque, por supuesto, MERYL STREEP no ha faltado en esta campaña. ¿Qué sería de los Oscar sin la veterana actriz, que ostenta el record de 19 nominaciones a sus espaldas? Desde Septiembre intuímos que su bruja de INTO THE WOODS poco tendría que hacer frente a la comedida, natural y casi imperceptible transformación a lo largo de más de una década de PATRICIA ARQUETTE en BOYHOOD, pero eso no ha hecho que STREEP se vaya con las manos vacías a casa (al igual que EASTWOOD, COOPER y el resto de no premiados, galardonados con un Oscar de Lego) o que jaleara apasionadamente el discurso de su compañera premiada, denunciante de las desigualdades en salario en la industria.

Más allá de premios y premiados, la crítica social se alzó como una de las grandes protagonistas de la pasada edición. Si bien comenzáramos a vislumbrarlo al principio de la gala en el monólogo inicial de (un tanto descafeinado) NEIL PATRICK HARRIS, dando la bienvenida a los “best and whitest – sorry, I mean brightest Oscars”, la sucesión de los discursos hizo latente la gran plataforma que supone el escenario de los Oscar para, más allá de dedicar premios a compañeros y familiares, denunciar las injusticias a las que el mundo se enfrenta hoy en día. Common, John Legend y la lucha por una igualdad independiente de todo color de piel. La ya mencionada PATRICIA ARQUETTE y el equilibrio igualitario entre hombres y mujeres. JULIANNE MOORE y la denuncia por dotar de más importancia a todos aquellos que sufren enfermedades como el alzheimer y a menudo son olvidados. GRAHAM MOORE, galardonado con el Oscar a Mejor Guión Adaptado por THE IMITATION GAME, y su emotiva confesión sobre su intento de suicidio.

 

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Es cierto que los premios de la Academia galardonan las llamadas mejores películas del año. Es cierto que nos alegramos por la merecida victoria de J.K. SIMMONS, intérprete de ese Fletcher que ya se ha convertido en uno de los personajes míticos del año. Es cierto que reímos con algunas de las bromas de HARRIS o la interpretación de “Everything is awesome”, pero que también nos emocionamos con la actuación de “Glory” o al ver a actores que ya se nos antojan familiares, recoger premios que celebramos como si fueran nuestros. Es cierto, pero no es todo. La victoria de BIRDMAN significa mucho. El colofón a meses de incertidumbre que ahora añoramos. Un triunfo que no sólo debería servir a la Academia para marcar una nueva senda, sino a nosotros para hacer lo propio. Para replantearnos la utilidad de estadísticas y records, y comenzar a asimilar que los votantes son, cada vez más, impredecibles, y que respecto a sus elecciones no se puede sentar cátedra. ¿Y qué? ¿No es acaso más fascinante el descubrimiento paulatino de las posibles nominadas, la incertidumbre creciente a cada ceremonia? ¿No es acaso esto lo que finalmente quedará guardado en nuestra memoria? ¿No es mejor dejar interrogantes abiertos en vez de caer en el sobreanálisis y saber que, en unos meses, volverán a abrirse otros nuevos?

JOY, THE REVENANT, THE LIGHT BETWEEN OCEANS, SUFFRAGETTE, EVEREST, IRRATIONAL MAN, ST. JAMES PLACE, THE HATEFUL EIGHT, BY THE SEA. BLANCHETT, TARANTINO, SPIELBERG, DICAPRIO, FASSBENDER, STREEP, ROBERTS, CLOONEY, HANKS, LAWRENCE, BULLOCK, COOPER, WOODLEY. En los próximos meses nos cansaremos de repetir sus nombres, sus posibilidades, sus victorias y sus derrotas. Pero para ello, debemos decir adiós a lo impredecible, al cambio y a la emoción de esta edición. El telón debe caer. La música debe parar para, dentro de poco, volver a empezar. Y nosotros seguiremos aquí. Tratando de predecir lo impredecible, celebrando las victorias de unos, y sufriendo las derrotas de otros. Y si nos acompañan, siempre contándoselo. Ese, queridos lectores, es nuestro mayor Oscar.

 

Lydia Martínez

 

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