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El OLDBOY original (PARK CHAN WOOK, 2003) es considerado por muchos no un clásico, sino una obra maestra. Aunque servidor no haya tenido la suerte de disfrutarla sí he visto varias escenas sueltas y he adivinado la inserción de éstas en más de un montaje que recoge las supuestas mejores películas que sus autores reconocen, defienden y predican, especialmente en las redes. No en vano el filme fue reconocido con el Gran Premio del Jurado en Cannes y el Premio a Mejor Película en Sitges, ambos en 2004.

No quise recabar más datos sobre el original para enfrentarme a este remake todo lo virgen en su universo que pude, abierto a la propuesta y con una descontaminación más o menos notable con respecto al film coreano.

Lo primero que os vamos a encontrar son unos títulos de crédito bastante prometedores que consiguen empezar a condicionarnos que lo viene es un filme como mínimo curioso, algo que promete atrapar nuestra atención, sorprender, y satisfacer nuestro apetito de probar cine elaborado sin los ya aburridos por momentos parámetros que al cine norteamericano más comercial le cuesta tanto abandonar.

Poco os voy a acontar del argumento de OLDBOY porque en su trama reside su sorpresa, y todo el filme es un ejercicio que busca el golpe de efecto final. Los primeros compases de la cinta nos presentan al protagonista, un individuo con el que muy poquitos espectadores van a querer identificarse. Su secuestro y confinamiento durante veinte años serán los culpables de una transformación en la que éste purgará todos los aspectos de su personalidad que lo convierten en un ser despreciable para renacer en un hombre nuevo, un hombre cuya única fijación será encontrar al responsable de su secuestro para encontrar respuestas, pero también venganza. Si bien los que ya habéis descubierto el original os vais a pasar toda la película comparando, pues en este remake parece que no hay sitio para la originalidad o los nuevos puntos de vista, los que entréis a la sala sin haber visto la película de PARK CHAN WOOK, como yo, podréis disfrutar de unos más que notables 40 minutos para asistir a la cuesta abajo que supone la segunda mitad del metraje, donde sólo localizamos algún acierto aislado en el plano narrativo, en la planificación de las escenas de lucha (ojo a la coreografía de esa pelea en plano secuencia), y en ese giro final que hará las delicias de los amantes del “más difícil todavía”.

 

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SPIKE LEE, que prácticamente no ha vuelto a hacer nada para cine desde la correcta PLAN OCULTO (2006), y al que le queda ya muy atrás aquella etapa de éxitos que supusieron los primeros 90 (HAZ LO QUE DEBAS, CLOCKERS, MALCOLM X…), ha vivido relegado al mundo de la televisión estos últimos años, probablemente por ese afán que tiene de montar un numerito cada vez que entiende que alguien se pasa con la población negra en Estados Unidos y sorprendió a propios y extraños cuando decidió aceptar dirigir este remake, proyecto que ya habían acariciado WILL SMITH y SPIELBERG.

Como quien tuvo retuvo, LEE se marca una primera parte de la cinta en la que el realizador juega con la cámara brindando toda suerte de planos que acompañan el deambular de nuestro protagonista por el barrio chino y transmiten con mucha fidelidad la angustia propia que vive un secuestrado al que le falta toda la información. En su segundo tramo, y en el afán de explicar todo detalladamente para que nadie se cuestione el giro final, es cuando el ritmo y la originalidad de la trama caen en barrena para dejar paso al un cine mucho más lineal que no arriesga ni sorprende. Algunas escenas de violencia un poco subidas de tono, una joven voluntaria que parece metida con calzador, y una resolución atropellada, con prisa, pueblan esta última parte de un filme que se desinfla irremediablemente desde que se abre la maleta.

 

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Para compensar este bajón, al espectador le queda la interpretación de JOSH BROLIN, sensacional, que eclipsa por completo el divertido trabajo de SAMUEL L. JACKSON y la anodina interpretación de ELIZABETH OLSEN, y es anodina porque su personaje se limita, como una navaja suiza, a realizar todas las acciones propias de una mujer florero. Sana, cuida, vigila, otea, suspira, abraza, corre detrás…un personaje tan plano que llama la atención.

Un film desequilibrado que guarda en su primera parte y en el giro final sus mejores cartas. Podía haber sido mucho más.

 

 

LO MEJOR:

  • JOSH BROLIN y su construcción del personaje.
  • Disfrutar del trabajo de ROQUE BAÑOS en la composición de la B.S.O., y de lo bien que ha entendido el compositor español la personalidad del filme.
  • La dirección y el manejo de la cámara de SPIKE LEE en la primera parte del filme. A años luz de la segunda.

LO PEOR:

  • Lo desaprovechada que resulta la lugarteniente del malvado de la función. Una pena. Pedía a gritos una buena escena de lucha.
  • La fuerza con la que escapa el aire de ese globo que tan bien ha hinchado SPIKE LEE en el primer tramo de la cinta.

 

 

Alfonso Caro

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