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Willem Dafoe - Van Gogh, a las puertas de la eternidad - El Palomitrón
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VAN GOGH, A LAS PUERTAS DE LA ETERNIDAD

LOS ANTECEDENTES

Willem Dafoe - Van Gogh, a las puertas de la eternidad - El Palomitrón

Desde su debut en 1980 como figurante en La puerta del cielo hasta hoy, hay pocas cosas que no haya hecho Willem Dafoe. Desde el Duende Verde hasta Jesucristo, el actor de Wisconsin ha trabajado a las órdenes de tipos como Oliver Stone, Martin Scorsese, David Lynch, Wim Wenders, John Huston, Lars Von Trier o Wes Anderson por citar algunos nombres, todos ellos protagonistas del cine de las últimas décadas. La última vez que le vimos en pantalla fue bajo el agua en una película que no recordaremos aquí, y antes, en Asesinato en el Orient Express y en la siempre recomendable The Florida Project.

En noviembre de este año, le veremos junto a Bruce Willis en Motherless Brooklyn, la segunda película dirigida por Edward Norton. También a finales de este año, en The french dispatch, la nueva de Wes Anderson, en la que estará particularmente bien rodeado: Timothée Chalamet, Saoirse Ronan, Benicio Del Toro, Kate Winslet, Tilda Swinton, Bill Murray, Adrien Brody, Frances McDormand

Si hablamos del homenajeado, lo último que sabemos sobre Vincent van Gogh en materia cinematográfica es la aclamada Loving Vincent, la película de animación nominada al Oscar, Globo de Oro y BAFTA el año pasado.

LA PELÍCULA

Si de algo adolece la cartelera mundial, es quizá del sentido de la trascendencia. ¿Cuántas de las películas que vemos hoy serán relevantes dentro de una década? ¿Cuántas se habrán olvidado? Van Gogh, a las puertas de la eternidad habla, sobre todo, de esto. Si yo construyo algo hoy, ¿quién lo recordará mañana? La película de Julian Schnabel habla también de la importancia de creer (más por necesidad que por deseo): si consideras que lo que haces es bueno, si realmente estás convencido de ello, debes confiar también en que el mundo que vendrá después sabrá apreciar lo que no se aprecia en tu tiempo. Ah, pero no vale confiar de cualquier manera. Esto no es un “persigue tus sueños” barato sacado de una taza del desayuno. 

Lo que vemos es un Van Gogh completamente enfermo de lo que hacía (obsesionado, como él dijo, por dejar un recuerdo como contraprestación a cambio de la estancia en esta tierra). Un viajante solitario que cargaba con sus útiles de pintura por donde no había nadie, tratando de encontrar en el silencio algo de calma y en la pintura algo de paz para calmar su dolor. Eso, y que confiaba en el porvenir como último recurso: era consciente de que no valía para otra cosa, y de que sólo la aportación mensual de su hermano Theo le separaba de la pobreza. Quizá fue esa predilección por lo improbable lo que le volvió loco, o la reprobación de los demás, o la incomprensión del resto, o la soledad, o quizá un poco de todo. 

Aquí, Willem Dafoe no es un actor nacido en Wisconsin, es realmente un pintor holandés sin éxito que transmite soledad en cada gesto, en cada palabra y que puede caer muerto en cualquier momento. Y lo sabe. Y confía en que lo que venga después será diferente, aunque él no pueda verlo. Van Gogh vendió tal sólo un cuadro en vida: El viñedo rojo

No se pronuncia una palabra más alta que otra. La película es tranquila, una contraposición a lo que debía de haber en la cabeza de este hombre que, como ejemplo ilustrativo, en alguna ocasión dijo tener un fuego dentro y que, al pasar, los demás sólo veían un hilo de humo. 

Es también un tableau vivant. Vemos constantemente referencias a paisajes o personas que ahora conocemos gracias a Van Gogh. Vemos girasoles muertos, como haciendo ver que despertarán décadas más tarde, ya para no volver a apagarse nunca. Todos los colores tienen su importancia: el del cielo, el de los edificios a medio derruir, el de la habitación, el de la ropa, y sobre todo el de los campos por los que deambula la figurita amarilla del pintor holandés.

Oscar Isaak, Willem Dafoe - Van Gogh, a las puertas de la eternidad - El Palomitrón

ELLOS Y ELLAS

Willem Dafoe es un loco que baila bajo lo que propone Schnabel. Y lo hace de maravilla. Uno puede sentir lo que él siente bajo la piel de Van Gogh, aunque no termine de comprenderle del todo. En esto no está precisamente solo, pues también destacan dos secundarios de lujo que, pese a sus breves apariciones, dotan de una profundidad revitalizante a la película y que amplía lo avanzado por Dafoe: Oscar Isaak y Mads Mikkelsen.

LA SORPRESA

Los premios (o la ausencia de ellos) nunca son garantía de nada, lo sabemos. Pero siempre extraña que por ejemplo la Academia no parezca demostrar demasiada estima por películas como esta. Nominada a mejor actor principal por el papel de Dafoe. Y hasta ahí. Tampoco consideraron oportuno valorar otros méritos en los Globos de Oro o en Venecia (donde sí se hizo con este galardón). Seguramente también se podría haber entrado a valorar otros aspectos como la música, la fotografía o los actores secundarios.

Willem Dafoe - Van Gogh, a las puertas de la eternidad - El Palomitrón

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

Dos conversaciones. Una, con Gauguin (Oscar Isaak). Por un lado, se habla de la necesidad de irse a un sitio donde no haya normas para poder inventarlas de cero, y por otro, de la transcendencia de lo que aparece en un dibujo más allá de sí mismo, y que pasa a ser eterno sin importar si unas flores han marchitado o si un rostro ha envejecido. La otra, con un sacerdote (Mads Mikkelsen), donde se habla de la trascendencia de la obra de uno más allá de su propia vida y donde se da sentido al título y a lo que ahora sabemos de Van Gogh. “Nadie habló de Jesús hasta que pasaron treinta o cuarenta años después de su muerte”.

TE GUSTARÁ SI…

Disfrutas con películas donde un sólo actor carga con todo el peso. El caso más reciente quizá sea el papel de Gary Oldman en El instante más oscuro. También si no pones pegas a un ritmo contemplativo que te va introduciendo poco a poco en la psicología del personaje.

LO MEJOR

  • Lo que hace Dafoe. A menudo sucede que las nominaciones a los grandes premios guardan relación con grandes aportaciones (como hemos visto, no siempre ocurre así).
  • La locura permanente que es estar orbitando en torno a la cabeza de uno de los mayores genios de la pintura de todos los tiempos.

LO PEOR

  • Parte de esa atmósfera extraña viene inevitablemente producida por los movimientos de cámara, que puede introducirte en la locura del pintor más de la cuenta.
  • Si no te interesa ni la pintura ni el arte, ni estás dispuesto a que te interese durante hora y media, quizá esta no sea tu película.

Pablo Núñez Noriega

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Walter Murch tiene la teoría de que la felicidad es dedicarse a lo que te gustaba con diez años, y yo tengo un problema porque en mi caso no recuerdo con exactitud de qué se trataba. Mientras tanto, hablo por la radio y escribo en sitios. No confirmo que fuera lo que me gustaba con diez años pero tampoco lo descarto.