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THE VIRTUES: ¿EXISTE EL PERDÓN?

Una de las muchas razones por las que conocemos a Shane Meadows es por su película de 2006 This is England, clásico instantáneo donde los haya con el que inició una serie de tres temporadas que llevaría a todos aquellos tiernos personajes que empezaron aquella dulce, pero, a la vez, brutal historia a través del paso de su propio tiempo mientras nosotros, espectadores, veíamos cómo crecían y maduraban en la pantalla. Y es que al paso del tiempo es algo que deberíamos considerar cuando vemos The Virtues, la nueva serie del realizador británico para tener en cuenta a qué nos vamos a enfrentar en su visionado.

Drama obrero. Sí, todavía en 2019

The Virtues nos cuenta la historia de un hombre, Joseph, que se ha cansado de sufrir, pero que lo único que sabe hacer es dar un primer paso que es recuperar el contacto con su hermana perdida desde que ambos eran pequeños. Así pues, desprovisto de toda esperanza, atrapado en una vida que no desea y con un hijo que marcha a Australia con su madre y su padrastro para no volver jamás, Joseph toma una mochila y emprende un viaje en busca de su hermana, quien, descubre y descubrimos, ha formado una familia en su Belfast natal. Su hermana es el único contacto que le queda con lo que antaño podría haber sido su hogar y, de hecho, es el único vínculo que lo une al mundo y también su última esperanza.

Es siempre agradable regresar a aquellos lugares que el cine nos regaló una vez. Esta serie se inserta totalmente en ese cine británico de protesta tan característico de la isla con sus tonos grises y apagados, su campiña verde y sus problemas obreros como bien reflejaron películas como Billy Elliot, Full Monty o la más reciente Pride. Podríamos, además, recordar a Ken Loach y su cine social comprometido y volver a recordar su última película, I, Daniel Blake. The Virtues es eso, es el drama de una clase obrera abandonada por un sistema brutal y triturador que ha olvidado su propia humanidad, si es que alguna vez la tuvo, y a las personas que lo sustentan.

No es sólo el tiempo lo que empuja a su personaje principal, interpretado por un Stephen Graham en un grandioso papel que llena de humanidad, a dejar su ciudad e iniciar un viaje para encontrar a su hermana y volver, de nuevo, a vivir; sino también la gestión que el protagonista ha hecho de ese tiempo, huyendo constantemente de sus demonios cada vez que cierra los ojos. Shane Meadows nos está contando la eterna historia de aquel que abandona su hogar (si eso es lo que alguna vez tuvo Joseph) e inicia un viaje del cual regresará totalmente cambiado, sólo que en un 2019 en el cual el mundo se encuentra mucho más irreconocible de lo que estaba en el momento en que se escribió la primera historia que contaba una ida sin regreso.

Que dios nos perdone

Es interesante el retrato que, a lo largo de los cuatro capítulos, consiguen hacer los guionistas Meadows y Thorne sobre lo que significa el impacto de todo un sistema en las vidas de las personas y en su día a día, un sistema que separa vínculos familiares o que retira a las personas su poca humanidad en aras de la supervivencia. La película, además, se erige como una grandiosa historia de búsqueda y redención, una historia de superación y de un gran amor por la vida y por la superación de los problemas.

La compasión no es algo que esté presente en estos cuatro capítulos, ya que todo aquel que sienta algo de debilidad es proclive a caer por culpa de dicho sistema, como bien le ocurre a Joseph. Cuando hablamos de compasión y de clemencia hacia el prójimo, podemos observar a lo largo de toda la serie una presencia constante de la religión. Desde un “God bless you” cotidiano que constantemente dedica Joseph a todo aquel con quien se cruza hasta la ayuda al necesitado, el buen samaritano siempre dispuesto a ayudar, aunque seamos todos desconocidos. No es esta una serie que hable concretamente sobre religión, sino sobre sus pulsiones cristianas más básicas como el amor al prójimo, la culpa y el perdón que impregnan todo el relato.

Es curioso dicho papel de la religión a través de los ojos de sus personajes, ya que esta puede llegar a convertirse para unos en una bendición, mientras que para otros supone un castigo que quiebra totalmente sus vidas. Sin desvelar nada de la trama, una vez los títulos de crédito del último capítulo empiecen a desfilar ante nosotros podremos entender cómo la serie retrata dos formas bien distintas de entender la religión.

The Virtues, sin embargo, no es sólo eso, sino que aborda un tema más frágil y más, si cabe, inquietante, que no desvelaremos aquí puesto que supondría revelar parte del contenido de la serie al lector. Dicho tema es algo que arrastra el protagonista como una culpa y una penitencia que alguien le impuso y a la que tiene que dar fin para, por fin, poder volver a levantarse.

Gran reparto

The Virtues es una serie excelente. No sólo su buena factura técnica consigue transportarnos incluso a la propia mente del atormentado Joseph, sino también un guion brillante escrito por el propio Shane Meadows y Jack Thorne que los actores llenan a cada aparición en pantalla. A un excelente Stephen Graham (Rocketman, Line of Duty) se le suman unas no tan conocidas Helen Beham (Taken Down, This is England ’90), otra habitual de Shane Meadows en el papel de su hermana Anna, un Frank Laverty (Noble) en el papel de su cuñado Michael, marido de su hermana, y una Niamh Algar (Motherfatherson, Pure) en el papel de la hermana de Michael, Dinah. La interpretación de todos ellos es uno de los puntos fuertes de la serie, ya que el guion hubiera estado totalmente desaprovechado de no haber sido por unos actores que se comen la pantalla cada vez que salen a escena, especialmente las dos mujeres y Stephen Graham, quien lleva sobre sus hombros el peso interpretativo de los cuatro capítulos.

¿Dónde y cuándo?

Fecha de estreno: 25 de junio

Plataforma de emisión: Filmin

Número de episodios: 4 capítulos

Duración aproximada: 45 minutos

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