El Palomitrón

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Tenet El Palomitrón
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TENET

LOS ANTECEDENTES

Cuando todo parecía estar perdido y el cielo se escondía bajo una capa gris, un haz de luz se cuela entre las tupidas nubes para alegrarnos el día… o más bien confundírnoslo. Tras una larga demora repleta de incertidumbres e inquietudes fruto de (sí, aún nos cuesta asimilar este concepto distópico postapocalíptico) una pandemia mundial, Tenet, la nueva película de Christopher Nolan, llega por fin a nuestros cines. Tres años después del estreno de su película más humana, Dunkerque, el cineasta vuelve a su terreno más conocido, el del tiempo y la física, para hacernos partícipes de uno de sus filmes más argumentalmente complejos hasta la fecha. Desde El Palomitrón ya hemos tenido la oportunidad de visionar lo nuevo de Dolan, por lo que aquí os traemos nuestras impresiones sobre la esperadísima Tenet. Y recordad: aìfosolif arup se opmeit le.

LA PELÍCULA

Casi como si resultara inherente a nuestra genética, la raza humana siempre ha tendido a analizar la realidad desde una perspectiva lógica. El caos, en tanto que toxina para la visión lineal de unos seres condenados a desconocer lo que nos rodea, causa verdadero pavor a quienes habitamos el planeta azul. No es el caso, sin embargo, de Cristopher Nolan, quien a lo largo de su filmografía ha demostrado en incontables ocasiones que ni la realidad ni el cine contemporáneo miran hacia adelante y que el tiempo no es más que una rama de la filosofía humana. Huyendo de esa contemplación rectilínea y utilizando una fórmula que condensa en su concepto el gusto del cineasta por narrativas temporales complejas, Tenet se moldea a partir de un elemento claramente autoconsciente: el efecto marcha atrás. Porque, repetimos, ni nuestra realidad ni el cine contemporáneo tienen puestos la vista al frente.

Las narrativas laberínticas y sus múltiples capas de significado propias de Nolan cogen esta vez el concepto de la inversión como la piedra angular de toda la trama. Presentada como la futura (o pasada, si tenemos en cuenta las leyes de la física que rodean a esta película) arma que desencadenará la Tercera Guerra Mundial, la marcha atrás ya no solamente se encarga de poner contra las cuerdas los principios sobre los que se rige el mundo que rodea a los protagonistas de Tenet, sino que también opta por desestructurar (sí, una vez más) la racionalidad de los espectadores. La película, que en todo momento ve con absoluta lucidez cómo su propia narrativa desafía la lógica de un mundo completamente ilógico, utiliza sus mecanismos para volvernos a hacer partícipes de los delirios metafísicos de un director que considera el tiempo como mero polvo.

Y es que todo esto previamente mencionado se materializa no solo en el concepto sobre el que se cimenta todo el filme, sino que encuentra su punto álgido en las escenas de acción y tensión. Construidas con la precisión de un reloj suizo, las persecuciones y los asaltos a través de las diferentes líneas temporales que construyen Tenet no dejan indiferente a nadie. Sin embargo, y aquí traemos las malas noticias, no resultan suficientes para ignorar un guion poco sólido y, como era de esperar, excesivo. Los pleonasmos propios de Nolan encuentran en esta cinta un lugar idóneo para reproducirse, pues lo que podría haber sido una demostración impecable de cómo exponer la información de forma orgánica acaba por transformarse en un ejercicio de contexto excedente y, consecuentemente, nula conexión emocional con los personajes. Al fin y al cabo, dentro de ese caos propio del director hubiésemos agradecido una pequeña dosis de concentración y, por encima de todo, reducción.

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ELLOS Y ELLAS

Mencionábamos antes la poca empatía que el espectador puede generar hacia los personajes de Tenet, pues el exceso de exposición y contextualización desequilibra completamente la balanza emocional de su trama. Es el caso de los dos personajes interpretados por John David Washington Robert Pattinson, quienes nos ofrecen unas actuaciones sobrias y técnicamente moderadas pero que, sin embargo, no acaban de funcionar por culpa de un desarrollo anímico poco trabajado tanto de cara a su narrativa como al espectador. Aún así, desde El Palomitrón destacamos dos interpretaciones del filme que sí cumplen con las expectativas y desempeñan su papel de forma impecable: aquellas llevadas a cabo por Elizabeth Debicki y Kenneth Branagh. Mientras que una se encarga de llevar el peso “sentimental” de la trama (repetimos, una de las grandes carencias de Tenet), la otra interpretación se hace con las riendas del antagonismo para ofrecernos, en conjunto, un dúo de antónimos en el que la toxicidad es el valor preeminente.

LA SORPRESA

Las conexiones. Sin adelantar mucho, podríamos decir que Tenet se trata de una tela de araña en la que todos los puntos están conectados entre sí.

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LA SECUENCIA / EL MOMENTO

La persecución en coche que ya nos adelantaba el tráiler… Y su siamesa. La materialización perfecta de todos los nexos que conforman la trama de Tenet y una demostración del cuidado visual que el director siente por su filmografía. No avanzaremos mucho más para no entrar en el peligroso terreno de los spoilers, pero lo que sí sacamos en claro es que Nolan controla los tiempos como si de un mago exhibiendo un truco se tratara.

TE GUSTARÁ SI…

Eres conocedor del imaginario de Christopher Nolan o si buscas adentrarte en el confuso mundo de las narrativas metatemporales.

LO MEJOR

  • Unas escenas de acción que arrancan el corazón de cualquier espectador.
  • Una banda sonora en perfecta consonancia con lo que se nos narra.
  • El efecto inverso y su implicación en la trama.

LO PEOR

  • Un guion con exceso de información que no consigue en prácticamente ningún momento hacernos partícipes emocionalmente.
  • Unos personajes planos que, a excepción de aquellos interpretados por Elizabeth Debicki y Kenneth Branagh, parecen sacados de cualquier producción en cadena.
  • Un primer acto que para nada está a la altura del resto de la película.

Martí Farrés


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Estudiante de Comunicación Audiovisual. Tengo una ligera obsesión con los musicales y a veces fantaseo con vivir en algunos de mis favoritos. De pequeño me daba pánico Chucky y, sorpresas de la vida, ahora es uno de mis mayores referentes cinematográficos.