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Reseña de Yona, Princesa del Amanecer #29
ANIME / MANGA REDACTORES RESEÑAS

BIBLIOTECA: YONA, PRINCESA DEL AMANECER #29

Mizuho Kusanagi ha evolucionado mucho a lo largo de su obra. Norma Editorial ha editado ya más de once tomos de la misma. Los cuales hemos leído y analizado hasta ahora, embarcándonos en la aventura de Yona y compañía. Descubriendo sus miedos y temores. Pero también sus sueños.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Mucho ha cambiado ya aquella pequeña princesa que vivía el exilio y el asesinato de su padre como el fin del mundo que la cubría. Pero también ha cambiado mucho para la mano que se encarga de mover los hilos. No solo es que Kusanagi haya logrado una notable mejora en la dirección de su arte —logrando ofrecer una nueva profundidad a ese estilo shojo que ya perfilaba en otras obras como Yoiko no Kokoroe o NG Life — sino que además consigue diseñar nuevos movimientos narrativos que hacen de Yona, Princesa del Amanecer una obra completamente única.

Reseña de Yona, Princesa del Amanecer #29


Tras el pequeño descanso de Yona, Princesa del Amanecer de su anterior volumen, los engranajes narrativos de la serie vuelven a ponerse en movimiento para abarcar como ese próximo arco que parecía avecinarse en los últimos capítulos. Con la figura de la princesa reconocida públicamente y la provincia de Sen apuntando a un nuevo conflicto bélico por el control territorial de Kôka, se abre todo un abanico de posibilidades entre las que Kusanagi ya ha demostrado en numerosas ocasiones su increíble capacidad para abarcar dichos conceptos.

Hablar de que “Yona ha vuelto a ser secuestrada” podría entenderse como un recurso simple con el que avanzar la historia recurriendo a puntos ya vistos antes en la serie —el ataque de Kai, de hecho, es también recursivo. Sin embargo, a manos de la autora se denota la intención de construir algo totalmente nuevo. Se sigue explorando el conflicto entre países vecinos a través de pequeñas escaramuzas y ataques como estos que sirven, a su vez, para seguir poniendo peso en el desarrollo de sus personajes.

La propia llegada de Yona a las celdas de Sen se ve protagonizada por una impresionante viñeta en la que consigue tumbar a Gobi (parece que los hilos se entrelazan) incluso desarmada. Una demostración no tan orientada a la fuerza de la princesa, que ya ha quedado más que plasmada a lo largo de la obra, sino a su propia fortaleza, siempre dispuesta a poner su vida por delante de la de sus compañeros. Una ruptura que ensancha ya la enorme grieta que ha fomentado frente a la narrativa clásica. Incluso sin poderes ni instrucción militar propiamente dicha, Yona arriesga tanto como Hak o los cuatro dragones para salvar a los suyos.

Y es que, en línea generales, este último volumen parece especialmente centrado en la simbología de los protagonistas. Lejos de lo que suponían los anteriores enfrentamientos en los que la princesa también acababa en manos del enemigo, este nuevo arco dibuja una nueva importancia para Yona y Hak. Ella consigue recibir los elogios de Kwel-Bo, el ex-nómada que dirige ahora las fuerzas de Kai, mientras que él se ve obligado a actuar como uno de los generales dispuestos a evitar la caída del Clan del Fuego en manos enemigas.

Es un punto importante porque si bien Yona ya había destacado antes por lograr la paz con el país de Xin, ahora es cuando se muestra su reconocimiento como guerrera en vista de un enemigo. El propio Kwel-Bo decide ponerla a su lado en las preparaciones para la batalla e incluso se abre a ella para explicarle cómo le recuerda a su hermana, la que antes de morir en extrañas circunstancias a manos de Kai, representaba el símbolo de la fortaleza en la batalla para su clan. Es, al fin y al cabo, un reconocimiento de liderazgo. Un símbolo.

En el otro lado, al mando de la desesperada misión de rescate, Hak también se convierte en una luz que seguir para un ejército que ya había sido masacrado en la rebelión del Clan del Fuego y anteriores ataques. Un puesto que, de nuevo, abre las puertas del chico para mostrar cómo su entereza no representa falta de sensibilidad. Su forma de proteger a los soldados y establecer nuevas pautas y entrenamientos suponen que incluso se vuelvan a dirigir a él por el título de “capitán”, remarcando una vez más la confianza que Soo-Won intentó sesgar con su golpe de estado. Un hecho del que se alimenta el nacionalismo clásico del Fuego, siempre marcado por su maltrechas condiciones.

Con todo, el efecto de Hak como símbolo no es sino un recordatorio más de su vínculo con el actual monarca. Son sus enseñanzas, sus consejos sobre estrategia militar las que permiten a Hak dar la vuelta a la situación y tomar el control de una batalla que ya parecía perdida. Un recordatorio más del triángulo que forman los tres personajes, no en el sentido romántico sino a través de vínculos tan fuertes que ni la traición de Soo-Won han conseguido romper del todo.

Pero más allá del contenido narrativo del volumen, es obligatorio mencionar como Kusanagi vuelve a demostrar una capacidad extraordinaria como autora. Algo que se hace notar a través evolución de la composición y los pequeños detalles —un hecho que nunca ha faltado en la obra pero que la autora ha conseguido extrapolar a muchos conceptos que van más allá de su estilo original—, que se acumulan a lo ancho y largo de un volumen de nuevo marcado por el apartado bélico (recordemos que la propia Kusanagi habló en diversas ocasiones de las dificultades que le suponía) pero que consigue representar con enorme talento. Para más inri, la introducción de tácticas militares y transformación de la situación en mitad del enfrentamiento sigue siendo uno de los recursos más sorprendentes de la obra, mostrando la importancia del trabajo de la autora en la documentación.

Cómo es la edición de Yona, Princesa del Amanecer #29


No sorprende la decisión de la autora de apostar por un primer plano de Hak en la portada del volumen 29, uno que además se encuentra liderado, prácticamente en su totalidad, por el carisma y la dicotomía del chico en verse al frente del ejército que le dio la espalda en el golpe de estado de su mejor amigo.

Una decisión acertada y que da cuerpo e imagen a un volumen con un potencial tan atronador como este y que en un principio, en palabras de su autora, iba a estar representado por una imagen más sosegada en la que Tae-Joon acompañaría a la bestia del trueno. Una imagen que, si bien acertada, encaja menos que esta versión de Hak y su determinación ante la idea de llegar hasta Yona.

Por último, en los aspectos más técnicos, nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5cm x 17,5cm y un total de 192 páginas, divididas en un total de seis capítulos; de igual forma que en sus anteriores publicaciones. Añadir que, como en cada entrega, el volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma, cortesía de Sandra Nogués.

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.