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Yona, Princesa del Amanecer #27
ANIME / MANGA REDACTORES RESEÑAS

BIBLIOTECA: YONA, PRINCESA DEL AMANECER #27

Mizuho Kusanagi ha evolucionado mucho a lo largo de su obra. Norma Editorial ha editado ya más de once tomos de la misma. Los cuales hemos leído y analizado hasta ahora, embarcándonos en la aventura de Yona y compañía. Descubriendo sus miedos y temores. Pero también sus sueños.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Mucho ha cambiado ya aquella pequeña princesa que vivía el exilio y el asesinato de su padre como el fin del mundo que la cubría. Pero también ha cambiado mucho para la mano que se encarga de mover los hilos. No solo es que Kusanagi haya logrado una notable mejora en la dirección de su arte —logrando ofrecer una nueva profundidad a ese estilo shojo que ya perfilaba en otras obras como Yoiko no Kokoroe o NG Life — sino que además consigue diseñar nuevos movimientos narrativos que hacen de Yona, Princesa del Amanecer una obra completamente única.

Reseña de Yona, Princesa del Amanecer #27


Suele decirse que tras la tormenta llega la calma y, si hubiese alguna manera de definir la gestión narrativa de Yona, Princesa del Amanecer, esa sería, quizás, la más acertada. Un ritmo al que Mizuho Kusanagi nos acostumbraba a través de las primeras incursiones de su historia pero al que luego había dejado olvidado para centrarse en la pura tensión a través de sus líneas. Y es que, tras el punto de inflexión marcado por los últimos volúmenes no podría encontrar un mejor momento para ofrecer cierta paz a sus personajes. Es hora de recomponerse.

Kusanagi nos ha llevado a través de un camino más enzarzado de lo habitual. Un crescendo que ya apuntaba a maneras en su volumen 23 con la llegada de Yona y compañía al país de Xin y que se ha extendido a lo largo de los consecuentes volúmenes con toda una serie de puntos de inflexión que pasan a través de su regreso a la capital —una clara referencia a la evolución de la princesa y todo por lo que ha tenido que pasar—, su participación diplomática en los conflictos bélicos entre ambos países y, especialmente, en todo lo que rodea a su encuentro con Soo-Won y como sirve de guía para ambas princesas de Xin.

El resumen es, en esencia, que Yona sigue caminando a pasos agigantados hacia la idea del monarca. Es Soo-Won quien firma el tratado, sí, pero es ella quien evita el derramamiento de sangre gracias a su camino; a la confianza del clan del fuego y, en general, a todos aquellos que se cruzan en su camino. Mientras él, rey, es la bandera del progreso y la reconstrucción, es ella, proscrita, quien comienza a alzar las voces como la verdadera salvadora. Es ella quien ve más allá del conflicto bélico y pone las medidas para que la guerra no consiga estallar.

Si bien, esta nueva entrega es una más meditativa, más pausada y pensada para recuperar fuerzas, no quiere olvidar ese conflicto con el que lidian sus personajes. Las menciones son breves, pero Soo-Won deja claro su posición, obviando una vez más a los dragones y su poder. Su historia no es tanto la de un usurpador sino la de un idealista capaz de dar todo por el pueblo. Incluso si en ese todo se encuentra su fe, su vida y la de aquellos a los que ama. ¿Será capaz de ceder el trono cuando llegue el momento?

«Alteza Soo-Won… es como si estuvieran malinterpretando que alguien aparte de su monarca es el dios de esta nación».

Con la política a otro lado, queda claro como su autora no olvida el lado más tierno y cómico de su obra al abrir la puerta a un conflicto armado de tales dimensiones. Con el beso entre Hak y Yona aún en el aire y la rompedora declaración del mismo, el volumen abre con una Yona inestable emocionalmente, que corresponde al chico pero no consigue encontrar la forma correcta de reaccionar ante el mismo.

Es un juego tan natural y sentido que supone una perfecta contraparte al estallido emocional que presentaba la obra en los volúmenes anteriores, como si cambiar de registro fuese tan fácil como chasquear los dedos. Son estos momentos distendidos, el ver a Hak y Yona actuar como simples adolescentes, sin necesidad de que la vida de ambos se encuentre al filo. Y es clásico. Y previsible; incluso contamos con una escena en los baños que se basa del humor más simple para amenizar la situación. Pero lo importante es que funciona y con toda su naturalidad gana puntos por cada sonrisa que consigue hacer esbozar al lector.

¿Eso es todo? No, por supuesto. Las escenas de Hak y Yona dan paso a una meditativa charla con Jae-Ha en la que no solo queda claro la evolución de la pareja, sino que también se habla de uno de los tabúes de la obra —si bien, se ha dado en infinidad de veces, los resultados no siempre han sido favorables. El cómo Hak, y no solo Yona, también se ve afectado por la traición y pérdida de su amigo y señor. Pero también es un recurso que la autora aprovecha para humanizar a su villano, si podemos considerarlo como tal, y reconocer sus acciones.

«Yona, puede que tú seas la única que consiga salvarlo».

Al final, Yona, Princesa del Amanecer #27 demuestra ser el resultado de destilar la fórmula de la serie. Un punto donde pararse a descansar, a coger aire y prepararnos para lo que está por venir que, a su vez, mientras nos hace reír, también nos habla del futuro. Parece que habrán nuevos conflictos armados y la relación entre los regentes de Koka alcanza un punto crítico en el que resulta casi imposible que puedan coexistir. Es casi como un reflejo de todo lo que pasa mientras el tiempo se para por segundos y nos recuerda que, pese a todo, ellos siguen ahí. Y sea lo que sea lo que esté por llegar, eso es lo más importante.

Cómo es la edición de Yona, Princesa del Amanecer #27


Tal y como hace el propio volumen, Yona, Princesa del Amanecer #27 se presenta con cierta idea de serenidad. Lo suyo ya no son estandartes, poses de batalla o símbolos de un conflicto que toca su fin. Es la simple calma. Un cielo estrellado y la nostálgica figura de Jae-Ha acompañando a Hak, a su compañero, en uno de los momentos más críticos de su vida. Es una fotografía de esa revelación, del como él también es víctima de la situación y no solo Yona. De cómo él sigue teniendo esperanzas en que la princesa sea capaz de salvar al que fuese prácticamente su hermano.

Pero, de nuevo, también forma parte de ese juego. De esa dicotomía entre la distensión y la agresión del futuro. Porque mientras la mirada de Hak se enfoca en ello, en lo que está por llegar, tenemos el lado tierno y divertido de Ao, que se suma a la portada para aportar ese grado de dinamismo que representa a toda su última entrega. Una muestra más del poder de su autora en un solo plano.

Por último, en los aspectos más técnicos, nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5cm x 17,5cm y un total de 192 páginas, divididas en un total de seis capítulos; de igual forma que en sus anteriores publicaciones. Añadir que, como en cada entrega, el volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma, cortesía de Sandra Nogués.

Óscar Martínez 

Banner inferior Norma Editorial julio 2020 - El Palomitrón

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.