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Yona, Princesa del Amanecer #24
ANIME / MANGA REDACTORES RESEÑAS

BIBLIOTECA: YONA, PRINCESA DEL AMANECER #24

Mizuho Kusanagi ha evolucionado mucho a lo largo de su obra. Norma Editorial ha editado ya más de once tomos de la misma. Los cuales hemos leído y analizado hasta ahora, embarcandonos en la aventura de Yona y compañía. Descubriendo sus miedos y temores. Pero también sus sueños.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Mucho ha cambiado ya aquella pequeña princesa que vivía el exilio y el asesinato de su padre como el fin del mundo que la cubría. Pero también ha cambiado mucho para la mano que se encarga de mover los hilos. No solo es que Kusanagi haya logrado una notable mejora en la dirección de su arte —logrando ofrecer una nueva profundidad a ese estilo shojo que ya perfilaba en otras obras como Yoiko no Kokoroe o NG Life — sino que además consigue diseñar nuevos movimientos narrativos que hacen de Yona, Princesa del Amanecer una obra completamente única.

Reseña de Yona, Princesa del Amanecer #24


Cuando entrevisté a Mizuho Kusanagi durante el XXV Manga Barcelona se me ocurrió preguntarle sobre el origen de su obra y cómo imaginaría una situación inversa, donde fuera Soo-Won, y no Yona, quien quedase exiliado — otra forma de explorar la evolución del personaje. Antes incluso de que respondiera su traductora pude entender la respuesta que quería dar la sensei. No había posibilidad, siquiera imaginaria, en la que sus personajes pudiesen cruzar sus destinos. Yona, Princesa del Amanecer no solo fue concebida como lo que es. Sino que nunca podría hacerse en otro contexto.

Si en aquél momento quedó clara la intención de su autora, el inicio del volumen 24 ha sido una sentencia total en ese mismo sentido. Un volumen que sobreescribe todo lo escrito. Que sirve como contraparte a la aventura que Kusanagi iniciaba hace ya más de 10 años. El regreso a Kûto es, en esencia, el punto del viaje en que tanto princesa como autora sientan el mayor precedente que hayamos visto hasta ahora en la historia para enmarcar el cambio que ha vivido Yona.

Todo lo que se intuye en su inicio es una contraste constante. Un volumen que no necesita introducciones, que se lanza a la acción sin dubitar un solo segundo. Uno que habla prácticamente durante toda su extensión entre líneas, pero que grita sin darnos un solo descanso. Que proclama los cambios vividos y la llegada de la verdadera monarca a la capital de Kûto. Incluso sin acercarse a la sala del trono, Yona muestra en todo momento el portento de una reina. Una feroz comparativa que pretende compararse con la frágil figura de la chica que abandonaba su refugio personal, y su vida con ello, tanto tiempo atrás. Porque la llegada de Yona a la principal es la historia de múltiples historias.

Pero incluso así, su autora no pretende enfocarse en ese punto —no es necesario, la propia figura de la princesa ya impone la imagen del cambio y la evolución por sí sola— sino en la urgencia narrativa que envuelve la situación más política de la obra. La tensión entre Koka y Xin se encuentra en su punto más álgido y azota los tempos narrativos del volumen para hacer que cada escena se sienta como algo apresurado, jugando en favor de los intereses de Soo-Won y presionando, una vez más, la posición de Yona. Un juego constante que estira de su lado más emocional y político a la vez, consiguiendo así un poder explosivo que se extiende a través de cada página y escena.

Un juego que se hace notar ante las palabras de Ogi: «con lo bien que os llevabais… no puedo creer que las cosas hayan terminado así», como gélido recordatorio de la traición, de esa ruptura de un vínculo que parecía irrompible. Pero que también se aprecia a través de la presencia de Min-Soo, que no solo aparece como marca ineludible de aquella horrible noche sino que, además, lo hace de forma previa solo para obligar al lectora a mirar hacia al pasado, hacia el momento en el que el joven caía abatido bajo las flechas aliadas — siendo su torpeza al caminar el claro recordatorio de su sacrificio. Más poderosa aún es su revelación: el hecho de haber jugado el papel de ser un peón a través de las ambiciones que llevaron al rey a la muerte y a su persona a un claro descenso personal a los infiernos por haberse dejado llevar por el engaño de Kye-Sook — que, a su vez, resulta la contraposición a Soo-Won, buscando el poder en la muerte del rey Il.

«Aquella noche… ya terminaste de expiar tus crímenes».

Toda una estructura narrativa que apunta constantemente a la evolución de la princesa. A como, de nuevo, ya no es solo la hija del rey, sino una reina de pleno derecho. A cada paso que da, Yona resplandece —como afirma el propio Min-Soon tras la cita anterior—, gana adeptos y transforma su palabra en el estandarte que hace que el pueblo la siga. La comparativa no pretende ser un simple choque entre princesa y reina, sino la muestra de que los estragos del viaje le han hecho ver, entender y luchar. La han convertido en lo que es, una reina. Una persona capaz de liderar, no solo por su carácter, sino por su capacidad para perdonar y sacrificarse. Una persona capaz de cambiar la vida de los demás y su forma de actuar, como realiza con la breve aparición de Tae-Joon, dando, de nuevo, lo mejor de la princesa en ese tono prácticamente maternal con el que la autora adorna muchas de las escenas más tiernas de su obra.

Y cuando la posición de Yona alcanza su punto álgido en los entramados del volumen Kusanagi cambia radicalmente la vista para situarnos en el papel de Soo-Won. Para erigir un choque de reyes en el que ha trabajado desde el primer momento. Porque si la autora vuelve a dejar claro que aquello que los conectaba ya se ha perdido para siempre —no solo Yona entrega el guardapelo a Ogi como pago y, metafóricamente, como ataque directo contra el soberano; utilizando su obsequio como eslabón para impedir su marcha, sino que además muestra abiertamente sus sentimientos a Hak, en una de las mejores escenas que nos ha regalado la autora hasta ahoratambién deja claro el dolor que arrastra consigo el usurpador al entender que su siguiente movimiento «acabará por hacerla sufrir de nuevo».

Un punto que Kusanagi vuelve a explorar levemente al humanizar a Soo-Won frente a su posición como rey. Frente a la posición que lo enfrenta a Yona. Porque si bien el monarca escoge la guerra no lo hace por un bien personal, sino por la necesidad de ganar la paz para su pueblo. La autora vuelve a jugar una carta que, si bien resulta recursiva, no por ello pierde su baza. Y es que la intención de su intervención no es otra que conseguir que el lector conecte con Soo-Won, que lo humanice y empatice con su causa. ¿Puede un rey seguir abrazando la amabilidad?

«Con las atrocidades que cometí… no tengo intención alguna de vivir en paz y morir feliz».

Una forma de cuestionar continuamente el papel del rey, que sentencia su futuro y asegura, en sus propias palabras, su sacrificio para con el pueblo. La más ferviente fidelidad y entrega que, sin embargo, conlleva una entrega equivalente de dolor y muerte. Un, de nuevo, constante choque de reyes que pretende doblegar la intencionalidad de sus personajes a la idea del bien común bajo dos ideales diferentes. El sueño pacifista de Yona y la aplastante realidad de Soo-Won, que parece luchar su propia guerra interna, a contracorriente, para lograr el mejor país posible para sus habitantes. Un choque del que Kusanagi no se siente partícipe, permitiendo cierta libertad entre sus contendientes, desatando la feroz tensión que devora este último volumen y abriendo el desconcierto sobre quién es el que toma el camino más acertado. ¿Rey o reina?

Por supuesto, la dualidad que enfrenta ambos caminos, el de Yona y el de Soo-Won, no es, ni mucho menos, todo lo que podemos extraer de la última entrega de la serie. La propia princesa Koren afronta el poder y el peso de encontrarse en el trono a través de un Mizari enloquecido por su amor, capaz de cualquier cosa con el bien de ganarse su favor, siendo una muestra más de cómo las acciones de un monarca resultan en la influencia de todo su pueblo. Uno que, a su vez, enfrenta a un Clan del Viento dispuesto a entablar amistad antes de que la guerra les obligue a arrancarse la vida los unos a los otros —sirviendo una vez más como una ligera pero afilada crítica a los conflictos armados.

Yona, Princesa del Amanecer, llega a su vigésimo cuarto volumen con una explosión. Si resulta difícil seguir el ritmo de su autora e intentar hacer justicia a su obra con solo palabras, el dinamismo y capacidad para abrir frentes de su última entrega resulta devastadora. La forma en la que Kusanagi hila su historia y le da forma a través de la simple, pero férrea estructura que ha creado a lo largo de estos 24 tomos se ha convertido en un constante crescendo que ahora denota todo su potencial en las puertas de un conflicto armado capaz de llevar a sus personajes a límites emocionales mientras mantiene una importante tensión política. La relación entre Yona y Hak, la posición de los cuatro dragones y Yoon y, especialmente, el choque entre rey y reina prometen ser la bandera de todo lo que está por llegar.

Cómo es la edición de Yona, Princesa del Amanecer #24


El volumen 24 de Yona, Princesa del Amanecer hace uso de un juego visual quizás incluso más expresivo que otros volúmenes que hayamos visto hasta la fecha. Es un volumen especial, el momento del retorno. Una catarsis emocional que no se representa como tal, sino que se diluye a lo largo de un tomo repleto de matices que destacar. Una entrega que, por supuesto, necesitaba contar con el mismo poder visual y que cumple con ello sin necesidad de caer en complejidades

Toda una referencia a la portada del segundo volumen de la obra, donde una frágil Yona se apoyaba en Hak, en busca de protección y cuidado. Sin embargo ahora la princesa, la reina, se sostiene por si misma, tensando el arco en postura defensiva, marcando la total evolución que ha vivido a lo largo de todo el camino. Hak no desaparece, sino que nos da la espalda. No en señal de separación, sino demostrando su conexión. Y es que la bestia del trueno aparece también en clara postura de ataque, suponiéndose como muestra de apoyo mútuo. Espalda con espalda. 

Clara referencia a cómo ambos han llegado a conectar con el otro hasta el punto de convertirse en algo más que simples amigos y compañeros. Más allá de eso, la postura combativa de la princesa y la figura de Hak a las espaldas también se entiende como símbolo de esta primera vez en la que ambos, desde que comenzó el viaje, se separan para enfrentar su destino. Un símbolo más del potencial y la independencia de Yona, que ha crecido hasta niveles insospechados por el resto del plantel

Por último, nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas, en ambos volúmenes, divididas en un total de seis capítulos; de igual forma que en sus anteriores publicaciones. Añadir que, como en cada entrega, el volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma, además de contar (de nuevo, pero no por ello menos destacable) con una excelente puesta en escena para con los términos que introduce Algira en la obra con sus compañeros gatunos, cortesía de Sandra Nogués.

Óscar Martínez

Banner Norma Editorial marzo 2020 - El Palomitrón

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.