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Yona, Princesa del Amanecer #26
ANIME / MANGA REDACTORES RESEÑAS

BIBLIOTECA: YONA, PRINCESA DEL AMANECER #26

Mizuho Kusanagi ha evolucionado mucho a lo largo de su obra. Norma Editorial ha editado ya más de once tomos de la misma. Los cuales hemos leído y analizado hasta ahora, embarcandonos en la aventura de Yona y compañía. Descubriendo sus miedos y temores. Pero también sus sueños.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Mucho ha cambiado ya aquella pequeña princesa que vivía el exilio y el asesinato de su padre como el fin del mundo que la cubría. Pero también ha cambiado mucho para la mano que se encarga de mover los hilos. No solo es que Kusanagi haya logrado una notable mejora en la dirección de su arte —logrando ofrecer una nueva profundidad a ese estilo shojo que ya perfilaba en otras obras como Yoiko no Kokoroe o NG Life — sino que además consigue diseñar nuevos movimientos narrativos que hacen de Yona, Princesa del Amanecer una obra completamente única.

Reseña de Yona, Princesa del Amanecer #26


La espera para resumir las aventuras de Yona se ha hecho dura. Ha sido escasa, no vamos a negarlo, pero la crisis sanitaria que nos ha azotado durante estos últimos meses ha creado un espacio entre uno y otro volumen que, en cierta forma, rompe con el dinamismo que presentaba Kusanagi en las últimas líneas de su obra. Con todo, el regreso de la princesa es otra forma de celebrar la llegada de la nueva normalidad junto a los movimientos editoriales.

La tensión que marcaba y cortaba el anterior volumen abre con la fuerza de un huracán en esta nueva entrega. Si la imagen imponente de la princesa frente a Soo-Won servía para ilustrar el comienzo del vigésimo quinto volumen es ahora la importancia de los dragones y su absoluta confianza y fidelidad frente a la protagonista la que se supone como apertura de una bomba de relojería que destila, de nuevo, pura tensión.

Porque Kusanagi sigue esgrimiendo una narrativa que se aleja ya de los primeros compases de la serie y presenta toda una guerra civil que azota al país de Xin mientras el acuerdo con Kôka toma forma, suponiendo la liberación del ambiente bélico que se cierne sobre las tierras de ambos vecinos. Es así como, de nuevo, la autora crea un contexto donde explorar el lado más oscuro de su obra. Uno que escapa a su concepto inicial de fantasía y romance para abrazar y abordar temáticas que definen sus claros y oscuros.

Lo hace así a través de Gobi, como lo que se puede entender como una dura crítica al estatus religiosa y la nobleza, siendo el sacerdote quien acaba por revelarse ante la idea de alcanzar un acuerdo de paz, buscando no tanto el conflicto, sino el apoderamiento del país, acabando con la vida de la princesa Koren y tomando a Tao como figura política a través de la cual ejercer su propio poder. Un sentimiento que la propia autora expresa a través de la simbología (volvemos a ver manos y brazos negros, intentando abrazar el poder de los dragones) y que lleva incluso a afectar a Hak, dispuesto a segar vidas sin ninguna contemplación.

Una jugada que sirve las veces para dar la vuelta a la situación y que empodera a una Koren más sensata tras entender la realidad que se extiende más allá de su país. Y es que nos encontramos ante una entrega que se antoja más breve —no en cuanto a extensión, por supuesto, sino en referencia al desarrollo de su trama— que anteriores tomos pero que consigue condensar en sus páginas una evolución personal centrada en la princesa de Xin y sus compañeros que cambia por completo la forma de entenderlos.

No solo lo hacen a través de la propia Koren o Yokata, al darse cuenta de que «no solo hay demonios en el Reino de Kôka», haciendo referencia al racismo nacido del desconocimiento, sino que además explora estas mismas temáticas utilizando constantemente la guerra civil como eje central, mostrando a Vold y Algira protegiendo a Koren de la falsa facción antiguerra o al Clan del Viento encargándose de lidiar en las disputas de su reino vecino y, en el momento, enemigo.

Por supuesto, la forma en la que se habla de estos conceptos no evita que se siga trabajando con las bases de la obra y, sobre ello, me reconozco sorprendido al ver como el papel femenino sigue evolucionando volumen tras volumen hasta el punto de adaptar un papel dominante a través de Koren —clara protagonista de la entrega de marras. Algo que se realiza, como ya se había entrevisto con Yona y su papel maternal, haciendo uso de los vínculos afectivos y jamás en un plano fuera del emocional. Neguro, el más veterano de las Cinco Estrellas, devota su vida a la princesa al verla demostrar su valentía ante el ataque de Kôka, años atrás. Mizari, sin ir más lejos, encuentra únicamente el bálsamo que le ayuda abrazar la cordura cuando se ve dominado afectivamente por la princesa e incluso en el momento de su muerte, su único deseo es contar con una mano que le guíe. Además, como detalle adicional, en la edición de Norma Editorial, Kusanagi dedica una página a ilustrar al chico en posición sumisa frente a un sonriente Zeno, como epitafio a su vida, en el capítulo 150.

«La próxima vez, quiero serle de utilidad. Sra. Koren… mi diosa».

Yotaka, el último miembro del trío que forma la guardia personal de la princesa, tampoco escapa a este concepto —además de sumar algunos elementos que rompen con los prejuicios de la masculinidad en, recordemos, una obra inspirada (aproximadamente) en el siglo VI d.cal verse frente a su protectora vestida con las ropas de Tetra. Otro de esos pequeños detalles con los que la autora consigue romper las tensiones al final del volumen.

El papel del monarca también tiene su espacio en este punto. Y es que si la disputa por recorrer el camino del rey o la reina siempre ha sido un punto central de la obra, el hecho de que sean tanto Yona como So-Woon (este último guiado por las convicciones de la princesa) quienes eviten el conflicto entre ambos reinos supone un nuevo paso en la dualidad que comenzaba con el primer volumen y que, ahora, además, propone una protección diplomática sobre Yona. Todo apunta a que su historia está preparada para el comienzo de un nuevo arco.

Y es este punto el que, siento, trabaja con más dificultad su autora, siempre en búsqueda de un capítulo puente que ayude a rebajar tensiones y servir de conexión entre uno y otro volumen pero que no consigue acabar de funcionar. En este caso, sin embargo, retomamos el beso del volumen 24 a través de una de las secciones de comedia romántica mejor planificadas y más naturales de toda la serie y que termina con una forzada confesión de Hak que podría considerarse como uno de los mejores cierres de estos veintiséis volúmenes publicados.

Cómo es la edición de Yona, Princesa del Amanecer #26


Si Koren es la principal protagonista de esta última entrega, la portada del volumen no podía ser otra que la que encontramos actualmente. El código visual de la obra sigue suponiendo una importante parte de su presentación y esta es otra de las tantas confirmaciones con las que contamos. No solo Koren aparece en ella, sino que es la propia Yona quien sujeta su brazo para ayudarla a caminar.

La idea es simple, pero también efectiva. Representa el fin del conflicto, la caída de los prejuicios y de un miedo ciego que solo entiende de barreras y separaciones regionales. Su portada es, en esencia, la destilación de todo lo que representa esta último fragmento de la historia de Yona. Incluso las expresiones de ambos personajes resultan un acierto en ese sentido, retornando la Yona decidida y capaz, mientras que la princesa de Xin se muestra con una sonrisa conciliadora.

No olvidamos el espacio trasero, que esta vez se encuentra decorado con un precioso tributo a la escolta de Koren. Una contraportada enmarcada en acuarela con los rostros de Neguro, Mizari y Yokata que sirven de recordatorio de esa relación que guardan con la nueva regente y de su sacrificio.

Por último, en los aspectos más técnicos, nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas, en ambos volúmenes, divididas en un total de seis capítulos; de igual forma que en sus anteriores publicaciones. Añadir que, como en cada entrega, el volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma, además de contar (de nuevo, pero no por ello menos destacable) con una excelente puesta en escena para con los términos que introduce Algira (al que posiblemente despidamos en este último volumen) en la obra con sus compañeros gatunos, cortesía de Sandra Nogués.

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.